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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE Una película valiente y llena de coraje La nueva película de Manuel Gutiérrez Aragón, Todos estamos invitados ha dado que hablar desde antes de empezar su rodaje. Diversos técnicos y actores vascos abandonaron el proyecto después de haberse embarcado en él. Según parece, unos lo hicieron por miedo a posibles represalias y otros por no estar de acuerdo ideológicamente con el guión, escrito por el propio Gutiérrez Aragón y Ángeles González Sinde. Aunque la película tiene un punto de partida real y su nombre está inspirado en una sociedad gastronómica, luego se introduce de lleno en una ficción que intenta reflejar con valentía la vida de un hombre coraje Xavier Legazpi. Legazpi (José Coronado) es un profesor de Universidad que vive en San Sebastián y está amenazado por ETA. Mantiene una relación sentimental con una psicoterapeuta italiana (Vanessa Incontrada) pero esta relación poco a poco se está quebrando debido a la situación de miedo e impotencia en la que se encuentra. El tercer lado del triángulo argumental es un joven etarra, Josu Jon (Óscar Jaenada) que, tras resultar herido en un atentado, pierde la memoria. Al salir del hospital penitenciario donde se hallaba recluido, no sabe quién es exactamente: si un terrorista o una persona normal y corriente. El abogado Juan Mari Bandrés le narró hace años a Gutiérrez Aragón una historia similar que, al parecer, le sucedió a un conocido. A partir de ese mimbre, fue creciendo el resto de la historia, que se rueda estos días en San Sebastián y Torrelavega. Una historia que trata de reivindicar que el derecho a la vida está por encima de cualquier ideología, de cualquier argumentación y de cualquier bandera. José Coronado y la actriz Vanessa Incontrada en un momento del filme Todos estamos invitados ANTONIO SUÁREZ rusa y Sombras de una batalla de Mario Camus... Del cine equidistante hay también varios y buenos ejemplos, aunque la cima sin duda de este modo de mirar polifónico al problema vasco es la película de Julio Médem La pelota vasca Confiesa el director su intención de colocar la cámara en el centro del campo y, a cada lado, un equipo: a un lado los asesinos que disparan a la nuca y al otro las nucas que reciben el plomo; un lugar extraño desde el que mirar el terrorismo, pero hecho con grandes dosis de pretensiones poéticas, sentimentales, musicales y de ese buenismo que se respira cada vez más entrecortadamente. Cierta equidistancia hay también en Yoyes de Helena Taberna, aunque sólo sea por que ahí se confunden víctima y verdugo. A ciegas de Daniel Calparsoro, o Ander y Yul de Ana Díez... Como es lógico, la mirada del cine al mundo etarra siempre ha estado en cierta consonancia con la mirada en general de la sociedad. Y el hecho es que a partir de lo que se llamó el espíritu de Er- mua ese modo de enfrentar el crimen organizado de ETA cambió radicalmente... Ya Helena Taberna y Calparsoro amoldaron la intensidad de su mirada, como también la película del catalán Eduard Bosch El viaje de Arián en la que Ingrid Rubio encarna ese tobogán que conecta lo que se llama la lucha callejera con la mafia terrorista. La resistencia y la dignidad Pero el terreno firme, la postura clara y la mirada decente y desde el único lugar admirable ha venido con películas de corte documental, alentadas y producidas por Elías Querejeta, y dirigidas por Eterio Ortega, como es el caso de Asesinato en febrero donde no hay más comprensión que hacia las figuras del socialista Fernando Buesa y su escolta Jorge Díaz Elorza, y a las familias de ambos, o la más reciente Perseguidos donde se husmea entre el valor, la resistencia y la dignidad de unos cuantos personajes que están y viven con la diana de ETA sobre ellos... Y del mismo modo memorable mira hacia allí Trece entre mil de Iñaki Arte- ta, en la que mira a las víctimas con nombre y apellido, con el desprecio más absoluto hacia sus verdugos y sus soguillas, una película en la que se aprecia la equidistancia sólo como un lugar innoble, injusto e inmundo. Tal y como vuelen los vientos, se posará la mirada del cine y los cineastas en el mundo etarra y su sangrienta historia. Curiosamente, y a pesar de la claridad y calidad de los lugares que ocupa cada uno, el plomo y la nuca, no se acaba de cerrar esa puerta entreabierta a la comprensión o fascinación (siempre más o menos diluida con el agua de los tiempos) con el asesino terrorista. Extraña tendencia a la polifonía en este embarrado terreno, mientras que en otros de sordidez y suciedad parecida sí se han dejado bien atadas las cuestiones morales: ni se plantea la equidistancia entre violadores o maltratadores con sus víctimas, ni por supuesto se le da el mismo micrófono al pederasta que a su víctima... (Entrevista a Manuel Gutiérrez Aragón en la página siguiente)