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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE Una turista lee La almendra las memorias eróticas de una mujer marroquí que se oculta tras el seudónimo de Nedjima Marruecos Sexo e Islam Los jóvenes marroquíes intentan liberarse de un tabú que pesa como una losa en las sociedades musulmanas. Cada vez menos creen que el placer es pecado TEXTO Y FOTOS: LUIS DE VEGA e agacha el sol en la explanada de la torre Hasán de Rabat, con la impresionante figura del mausoleo de Mohamed V al fondo. Observan la escena como testigos ciegos y mudos los restos de decenas de columnas de una mezquita que nunca llegó a acabarse. Es entonces, la hora previa al crepúsculo, cuando más jóvenes aprovechan ese espacio y sus jardines aledaños para encontrarse, charlar, pasear y para lo S que tradicionalmente se ha llamado pelar la pava Algunas parejas se dan la mano, otras conversan en los bancos protegidos por la vegetación, comparten auriculares del MP 3 o se asoman entre tímidos arrumacos a la desembocadura del río Bou Regreg. Pero no son ellos los que obligan a mantenerse en alerta permanente a los guardianes de la moral que revolotean atentos escudriñando cuanto ocurre. Silbato en boca, estos cuidado- res del lugar se dirigen raudos hacia quienes se apretujan más de lo permitido por las buenas maneras imperantes o adoptan posturas cercanas a placeres excesivamente terrenales. Cumpliendo su trabajo con celo impar, a los vigilantes se les puede ver incluso escalar las tapias para descubrir al otro lado a los más osados aventureros del amor en pleno escarceo. Como ocurría con asiduidad en la España de Franco, los marroquíes necesitan certificar su matrimonio si quieren acceder a una habitación de hotel. Y tener un coche con el que perderse fuera de la ciudad es un lujo sólo accesible a los jóvenes de las clases más altas, aunque en Casablanca llegó a hacerse famoso el llamado hotel Moulana, un aparcamiento al aire libre frente al mar donde bastaba con abonar 3 dirhams (algo menos de 30 céntimos) para poder dar rienda suelta al deseo. En cuanto al sexo en casa, el estudio realizado a mediados los años 90 por el profesor Abdessamad Dialmy es elocuente para conocer algunas de las dificultades que deben afrontar los marroquíes. El 73,1 por ciento comparte habitación con el resto de integrantes de la familia; y el 58,4 por ciento está en contra de las relaciones preconyugales frente al 33,2. Este profesor de Fez, que publicó en 1996 Sexualidad e Islam tras interrogar a 667 personas, arroja datos como que el 57,5 por ciento no quieren más que la postura del misionero para hacer el amor frente al 27,6 por ciento (Pasa a la página siguiente)