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17 12 06 EN PORTADA Pieles rojas Sus negocios (Viene de la página anterior) económica es una especie de almacén desvencijado en el que se venden cigarrillos libres de impuestos, aprovechando la autonomía fiscal concedida a las naciones indias. Y de pronto, a pocos metros de carretera, se alza el monumental Seminole Hard Rock Cafe Hotel Casino de 250 millones de dólares que la tribu construyó hace dos años, previo pago anual de astronómicas cuotas de franquicia a la misma cadena que acaban de adquirir. El complejo tiene más de 2.000 máquinas tragaperras que sortean las prohibiciones estatales con vales de ventanilla en lugar de monedas y un sistema por el que, en apariencia, la casa no juega. Sólo de los autobuses que traen excursiones organizadas descienden a diario 3.300 personas, la mayoría jubilados, que de diez en diez centavos iluminan su vida con un poco de emoción cada vez que guiña la máquina. Linda Edgard, una anciana vestida de domingo que camina agarrada del brazo de otra, nos cuenta cómo acaba de comprar entradas para el espectáculo de la humorista Joan Rivers. El Hard Rock Cafe Hotel Casino es el centro de su vida social. Queda con las amigas para pasear por las tiendas, cenar, jugar unos dólares, asistir al espectáculo... y de nuevo al autobús de vuelta a casa. Florida, el paraíso de los jubilados, ha resultado tener la perfecta composición demográfica para hacer de oro a los indios que inventaron este pequeño Las Vegas en forma de gran centro comercial, donde los seminolas no pagan impuestos al gobierno del estado- -sólo al federal- -por estar instalado en su reserva. Y es que una reserva es una nación más dentro de la Unión, ya lo dice la ley. En 2003, un año antes de que abrieran los dos megacentros que lucen el logo del Hard Rock Café, cada indio seminola recibía 36.000 dólares al año. En 2004 esa cifra pasó a 50.000 y en 2005 a 84.000. Un ejemplo del que han tomado nota el resto de las tribus del país, que siguen muy de cerca las incursiones de los seminolas en el mundo de los negocios. Prueba de ello es que hoy 224 tribus localizadas en 28 estados del país han montado ya sus propios casinos en sus reservas. O sea, el 65 de las 567 tribus registradas ante el gobierno de EEUU, que casi de la noche a la mañana controla el 43 de la industria, genera más de 22.000 millones de dólares, crea 600.000 empleos directos e indirectos, y recibe la visita de 22.5 millones de estadounidenses, que acuden una media de seis veces al año, según la National Indian Gaming Association. A partir de ahí, los asesores financieros recomiendan diversificar y multiplicar las inversiones, como si de cualquier otra gran corporación se tratara. Los Chickasaw de Oklahoma han invertido en una fábrica de chocolates, los Kumeyaay de California se han aliado con otras tres tribus para instalar franquicias de los Hoteles Marriott, los Choctaw del Mississippi han apostado por una compañía de tarjetas de felicitaciones y otra de electrónica que instala altavoces en los coches de Ford y Chrysler. Y así la lista se multiplica de tribu en tribu. Tan rápido que sus miembros apenas tienen tiempo de subirse al tren. Indios universitarios En la de los seminolas, la de más éxito, sólo 58 de sus 3.300 miembros tienen título universitario. Para nosotros ese número ya es muy alto insiste Osceola. Ten en cuenta de dónde venimos. Ahora pagamos la carrera a cualquier joven que quiera hacerla y. con la adquisición del Hard Rock Cafe Internacional, con presencia en 45 países, si uno de nuestros muchachos quiere estudiar, digamos, gastronomía en Barcelona, le podemos facilitar inmediatamente unas prácticas en nuestro Hard Rock Cafe de allí. Así, él conoce otras culturas, y otras culturas nos conocen a nosotros La situación de partida de los indios norteamericanos, no obstante, era muy penosa. Éstos aún sufren un 25 más de mortalidad infantil que el resto del país, una tasa del 510 más de riesgo de alcoholismo o de un 62 más de suicidios. Pero con el catalizador de la ruleta y los negocios, su renacer puede ser tan fulgurante como el de los seminolas. No se necesita un título universitario para ser inteligente; lo que hace falta es sentido común que, por desgracia, es el menos común de los sentidos filosofea Osceola. Nosotros contratamos a los expertos, escuchamos sus conclusiones y tomamos las decisiones que nos dicta el sentido común. Lo que estamos demostrando es que podemos hacer negocios, y lo que queremos es mandar al mundo una señal de que pueden tratar con los pueblo indígenas como a iguales Los asesores recomiendan diversificar. Así que los Chickasaw han invertido en una fábrica de chocolates y los Kumeyaay han instalado franquicias de los Marriott Ceremonia comanche previa a la construcción de un centro de salud. El progreso no ha roto los lazos con la tradición AP Más información www. nativeamericans. com