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2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE misterio que sólo se entiende rastreando su historia y su carácter entre los pantanos de Florida. Es como si hubieran sido genéticamente creados explica Bill Steel, a cargo del fondo histórico de la tribu en la reserva del Gran Ciprés, cuando piensa en la mezcla de renegados y cimarrones que nutrió a este pueblo. Si tomas a todos los que estaban completamente decididos a no dejarse conquistar nunca ni por los españoles, ni por los franceses, ingleses o cualquier otro, bajo ningún concepto, tendrás a los seminolas La única tribu que nunca firmó la paz con Estados Unidos acogió en el infierno de los pantanos a muchos esclavos negros que huyeron de los amos confederados de Georgia, Alabama y las Carolinas, de donde ellos mismos proce- dían. De hecho, la incapacidad de los españoles para capturarlos propició la intervención del gobierno norteamericano que, finalmente, obligó a la Corona española a entregarle esas tierras de indios indómitos que se interponían en el camino de la civilización La campaña del general Andrew Jackson contra los seminolas está considerada como las más brutal y desproporcionada en la historia de la aniquilación de los indios americanos. El gobierno envió a 52.000 hombres para doblegar a unos cuantos cientos de indios. Y no lo consiguió. Los seminolas entraron en el siglo XIX agazapados en la jungla, disparando contra quien se atreviese a cruzar su territorio. No es difícil adivinar ese fuego guerrero y tozudo en los ojos oscuros de Zepeda, un auténtico indio de piel morena y cabello tizón, enroscado en una cola de caballo, a veces bonachón y a menudo receloso, que vincula sus costumbres con las de varias generaciones que vivieron en guerra permanente. El orden en el que la familia se sienta a comer, por ejemplo, -primero los hombres, luego los ancianos, los niños y las mujeres- -responde a la necesidad de que los guerreros estuvieran siempre dispuestos para la lucha, y no a una cuestión de machismo como pudiera parecer. De hecho, las fábulas que enseñan a los niños muestran la necesidad de que hombres y mujeres trabajen codo con codo. Y si bien este sentido de la unidad puede tener también raíces en la cultura de supervivencia guerrera, Zepeda lo considera una característica intrínseca de su pueblo. Cuando crecí, todas las mujeres de la aldea eran tu madre recuerda el joven. Los adultos compartían el cuidado de todos los niños, sin importar de quién fueran hijos. Como los chickees son abiertos, la gente hacía vida en común y recibía visitas todas la noches. Había un chikee para las cocinas, otro para las ceremonias, otro para tejer... No hace falta imaginárselo: aún quedan aldeas en la reserva, una de ellas convertida en museo para dejar constancia de lo que empieza a extinguirse. El dinero arrasa con las tradiciones. En la reserva del Gran Ciprés, a De la libertad de las praderas a la penosa reserva La expansión hacia el Oeste de los colonos norteamericanos vino acompañada del devastador traslado de numerosas tribus al este del Mississippi. Los jefes tribales fueron practicametne obligados a firmar un tratado para su erradicación, y decenas de miles de indios murieron en aquellas penosas marchas. La llegada del ferrocarril, la colonización de tierras y la casi extinción de las manadas de búfalos acabaron con la cultura de las praderas en la que los indios habían vivido habitualmente. Intentaron resistir en las guerras indias Fue el período tantas veces narrado en el cine. Desde su efímera victoria en Little Big Horn a la matanza de indios de Woundeed Knee. Fueron entonces recluidos en reservas, donde se les sometió a una creciente política de asimilación Han vivido en la más precaria pobreza hasta hace muy pocos años. Pero parece que al fin han aprendido que EE. UU. también puede ser la tierra de las oportunidades para las víctimas sobre las que se construyó este país de frontera. un poco más fácil, admite. Se puede vivir con las puertas abiertas, y si se te estropea una ventana basta con llamar al departamento de vivienda para que vengan a arreglarlo. A medida que aumentan los beneficios de la tribu, repartidos ecuánimemente entre todos los miembros de culaquier edad que puedan demostrar un cuarto de sangre seminola, crecen también los servicios gratuitos. El último se anuncia en el periódico local, Seminole Tribune antes llamado Smoke Signals (Señales de Humo) Se trata de la televisión por satélite que, además, incluirá el canal recientemente creado por los seminolas para su propio consumo. Basta con aproximarse a la mesa de inscripción que se instalará todos los días de pago de dividendos dice el anuncio. Reserva perdida La velocidad máxima por sus carreteras es de 25 kilómetros por hora, pero sus negocios han progresado a la velocidad de la luz. En 1957, un puñado de seminolas que no sabían leer ni escribir viajó a Washington para pedir al gobierno que no los acabase como proponía la Termination Act con la que el Congreso pretendía acabar con los servicios sociales que proporcionaba a las tribus indias. Los seminolas se encontraron con que ni siquiera estaban reconocidos por el gobierno, así que volvieron a casa, se sentaron bajo el Gran Roble, juntaron a cuantos pudieron una vez al mes, y poco a poco elaboraron una Constitución, un reglamento y todas las actas necesarias para registrarse legalmente. Llegábamos por caminos de terracería enbarrados y solíamos bromear con que un día saldríamos de allí en Cadillac, pero nunca pensamos que pudieras hacerse realidad contó Betty Mae Jumper antes de morir. Cuando tomó la presidencia de la tribu le dijeron que tenía un capital de 37 dólares, pero cuando fue al Banco se encontró la cuenta vacía. De ella fue la iniciativa de acondicionar las tierras para cultivos de naranjas, y la de registrar a la tribu como una corporación que hoy posee cinco casinos, de los que procede el 90 por ciento de sus ganancias. El primer casino de los seminolas- -y de todos los indios norteamericanos- -se abrió en 1979 sólo para jugar al bingo, en la reserva de Hollywood (Florida) a media hora de Miami. Es apenas un local maltrecho en la carretera que nadie se decide a demoler porque sigue siendo rentable. Junto a él, otra reliquia de la transición (Pasa a la página siguiente) ABC P. Velasco- Fernando Rubio dos horas de Miami, el revuelo que ha causado la multimillonaria adquisición del Hard Rock Café queda muy lejos. Para llegar a ella hay que atravesar carreteras desoladas de un solo carril que no discurren por la costa, sino por el corazón de Florida, a una hora de cualquier ciudad. Pantanos a ambos lados, con cocodrílos atravesados sobre el asfalto, y una sola gasolinera, la de los seminolas. Pensarás que estás perdida, pero no es así nos habían advertido. Sigue todo recto durante 30 kilómetros y llegarás hasta la aldea Zepeda hace ese camino todos los días porque, pese a su apego a las tradiciones, rechaza la idea de vivir en la reserva. La vida ahí es 224 tribus controlan el 43 por ciento de los casinos de EE. UU. una industria que genera más de 22.000 millones de dólares y crea 600.000 empleos directos e indirectos