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17 12 06 EN PORTADA Indio Cheyenne Pieles rojas Sus negocios POR MERCEDES GALLEGO. RESERVA DEL GRAN CIPRÉS. NACIÓN SEMINOLA INFOGRAFÍA: PEDRO VELASCO Y FERNANDO RUBIO uando su abuela dio a luz, las indias seminolas se escondían entre palmas y matorrales en cuanto rompían aguas y parían solas en la jungla. Poco había cambiado en la vida de esta tribu cuando nació Brian Zepeda hace 35 años. Si acaso, recuerda que cuando tenía 6 o 7 años dejaron los tradicionales sombrajos o chamizos de palma llamados chickee para vivir en las caravanas que les dio el gobierno. No hace tanto de eso y, sin embargo, la vida de estos indios americanos, como las de muchas otras tribus que abrazaron el negocio de los casinos a partir de 1979, ha cambiado drásticamente. Hoy, tanto él como sus tres hijos reciben cada mes 7.000 dólares por cabeza de los dividendos que reparte la tribu y, a juzgar por la última adquisición de los seminolas- -la cadena Hard Rock Café International- su futuro está garantizado. C Mientras crecía yo no sabía que era pobre reflexiona Zepeda. Sabía cazar, pescar, hacer cestas... No sabía que me faltara algo. Sólo ahora, mirando hacia atrás, me doy cuenta de que éramos lo que se dice pobres La pobreza es un concepto relativo para Max Osceola, vicepresidente del Consejo Tribal, que gobierna a esta nación india de 3.300 personas con importantes negocios en el mundo de la ganadería, los cítricos, la venta de tabaco, el juego y la hostelería. Osceola recuerda que el dinero no existía en América hasta que llegó Colón, al igual que también eran desconocidos conceptos como impuestos, soberanía o propiedad de la tierra. La tierra es como nuestra ma- En 2003, un año antes de abrir sus dos megacentros Hard Rock, cada indio seminola recibía 36.000 dólares anuales. En 2004 esa cifra pasó a 50.000, y en 2005 a 84.000. dre, y tú no vendes a tu madre sentencia. Esa mentalidad tan espiritual y diferente de la que traían los europeos les dejó al margen de lo que hoy se entiende por desarrollo. Pero el desarrollo se encargó de acabar con aquella forma de vida. Los canales drenaron los pantanos, la tierra se volvió asfalto y la vida salvaje entró en fase de extinción. Ya no pudimos seguir viviendo de la caza y de la pesca resume Osceola. En los ochenta y noventa se acercaban a las paradas de autobuses para vender artesanías a los turistas. Todavía en muchas partes del EE. UU, especialmente en Arizona y Nuevo México, los indios tienden en el suelo las mantas llenas de cachibaches y se van a casa con unas cuantas monedas en el bolsillo que, a veces, no les da ni para pagar la gasolina. Por contra, tanto Zepeda como Osceola llevan un móvil Blackberry de última generación en el bolsillo. Cómo una tribu de indios ha pasado en menos de una generación de vivir en la miseria a comprar una de las cadenas de hostelería más lucrativas del mundo es un