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D 7 10 12 06 Sus más de 20 años de residencia en España, muchos de ellos como corresponsal del diario británico The Guardian, le han permitido hacer una radiografía literaria y sentimental de una tierra que le resulta tan compleja como fascinante. España ante sus fantasmas (un recorrido por un país en transición) es una obra que se mueve con asombrosa agilidad entre la historia, el reportaje, la crónica de viajes y el retrato social. Una mirada incisiva, aunque exenta de sarcasmo y que rezuma buen humor, que, un buen día, decidió escribir para sus compatriotas británicos. Sin embargo, ha resultado ser un espejo en el que contemplarnos con otros ojos PERIODISTA Y ESCRITOR ISABEL GUTIÉRREZ- ¿Para quién ha escrito España ante sus fantasmas -Para un público anglosajón, aquel que viene a este país y quiere saber algo más. Quería contestar ciertas preguntas que me hacen mis compatriotas cuando viajan por España. Así que lo planteé como un libro de viajes geográfico y también temporal. Tomé la historia como hilo conductor. -En el prefacio de la edición española hace hincapié en que es una obra personal y subjetiva. Suena como una disculpa por si molesta a alguien... -Algo de ello hay. Sentía la obligación de explicar el porqué del libro, ya que uno que viene de fuera tiene otra mirada. Y esa mirada puede resultar incómoda. -El capítulo que habla de la Transición lleva el título El pacto del olvido ¿Es éste el mejor momento de replantearnos aquel proceso? -Creo que es bueno ir más allá, que se puede discutir sobre la Transición, sobre el franquismo, sobre la república... La historia de España no empieza en el 31, ni el 36, ni el 39, ni el 75... Es importante contemplarla de una manera más amplia. En cuanto al debate sobre la memoria histórica, me parece positivo, así como la publicación de todos estos libros sobre la guerra civil, de un signo y de otro. Cuanta más historia se conozca, mejor; y no me refiero a la gran historia, sino a la pequeña, a la de las familias, de los pueblos... Poner nombres, sin importar de qué bando fueron. El que eso se pueda discutir es bueno. ¿Y cuando se habla de hacer justicia? -En la Transición hubo un acuerdo para el olvido, así que unos tuvieron que sacrificar más que otros. Y esos unos ahora reclaman lo suyo. Han hecho un sacrificio importante. Es muy meritorio, y hay que reconocérselo. ¿Cree que tras el 11- M los españoles hablamos de política de manera diferente? -Desde la perspectiva del forastero, el 11- M ha funcionado como GUTIERREZ Y DE LA FUENTE 32 D 7 LOS DOMINGOS DE Giles Tremlett Lo que mantiene verdaderamente unidos a los españoles es la familia irrumpe en el presente. No creo que la gente se plantee constantemente si, por ejemplo, los musulmanes fueron españoles o no. Pero, en el fondo, tanto si creen una cosa como otra, afecta a su imagen del país. No hay una narrativa comúnmente aceptada para la historia de España, y eso tiene un precio. -Pese a nuestra diversidad, ¿qué es lo que nos mantiene verdaderamente unidos? -La cultura con letra minúscula, la manera de vivir. Y, sobre todo, la familia. A los británicos, que somos tan individualistas, nos llama muchísimo la atención estas familias tan extensas, el poder hacer cosas en grandes grupos; socialmente, somos pobres, tontos e ineptos. Carecemos de esa habilidad innata en los españoles. Vuestra cohesión social es fantástica. -Más allá de lo intelectual o lo político, ¿tiene nuestro nivel de libertad algo que ver con nuestro nivel de hedonismo? -Es cierto que aquí hay una libertad de movimientos que no existe en otras partes. Por eso me gusta mucho la ciudad española y sus barrios. Detesto eso de los chalés con parcela, algo muy anglosajón y que empobrece la vida social. En Inglaterra, nuestra casa es nuestro castillo y cuanto más lejos esté el vecino, mejor. -El enchufe, el hábito de saltarnos las reglas, cierto anarquismo en nuestro carácter... Habla de rasgos tan interiorizados, que ni reparamos en ellos. -A pequeña escala, mantener el círculo de privilegios no hace tanto daño; pero en el sentido más puro y moralista, eso es corrupto. Todos, de algún modo, lo somos. La cuestión es saber por dónde cortas y en qué momento cierto comportamiento es aceptable o no. Ojo, que en Gran Bretaña tenemos nuestras cosas: por ejemplo, pasar por Oxford y Cambridge te da una especie de enchufe de por vida. La gente se conoce y se reconoce, pero hay que tener cuidado con el enchufe: si se te va de las manos, es corrupción pura y dura. Los otros inmigrantes Muchos ingleses que se instalan en la Costa del Sol escapan de una Inglaterra que no les gusta; y en muchos casos, lo que no les gusta es la Inglaterra multicultural. Y resulta que vienen al seno de otra cultura. Pero, ¿qué hacen para integrarse? Nada. Es lo más hipócrita que he visto en mi vida. No se piensa en ellos como inmigrantes, porque son del norte de Europa y en el imaginario español el inmigrante no es un rubio alto con ojos azules, pero sí lo son. Es impresionante ver cómo los españoles aceptan a esa gente ANGEL DE ANTONIO una especie de emisior de opinión. Está marcando una época y la gente va a estar años y años discutiendo sobre lo que sucedió. Ha roto algo en España. ¿No nos cuestionamos continuamente qué somos? -En ese sentido, no estáis solos. En mi país pasa lo mismo: ¿qué es ser británico? Pero España tiene su propio frasco. Es fascinante hasta qué punto la historia