Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
10 12 06 VIAJES Bernard Ocio, chef del restaurante La cave à Champagne en Epernay El champán en la mesa CARLOS MARIBONA El champán no sólo es el vino más conocido en el mundo, es también el que mejor se adapta a cualquier momento y circunstancia. Poco a poco, la mentalidad de los consumidores va cambiando y este vino espumoso deja de asociarse sólo a los festejos de cualquier tipo, a los que no vamos a negar que va como anillo al dedo, para convertirse también en la mejor opción para un aperitivo e incluso para acompañar una comida completa. Pero nunca, en contra de lo que se cree, con el postre o en la sobremesa. Teniendo en cuenta, eso sí, que hay muchos tipos de champán y conviene buscar siempre el más adecuado para cada ocasión. Desde los blanc de blancs elaborados con la magnífica chardonnay, hasta los increíbles y delicados rosés a partir de pinot noir y de pinot meunier. Los primeros, de gran elegancia, resultan perfectos para un aperitivo o para acompañar cualquier marisco, desde unas ostras hasta un centollo. Los segundos, mucho más complejos, aguantan muy bien los platos de caza, los arroces, la pasta italiana y cualquier pescado. Y en estos tiempos en que la cocina oriental está tan de moda, nada mejor que el champán para combinar con esos platos tan especiados y difíciles al paladar. Eso sí, bébanlo siempre frío, como máximo a siete u ocho grados, sirviendo poca cantidad en la copa para evitar que se caliente. Y a la hora de elegir las copas, destierren para siempre esas planas y anchas en las que se pierden todas las virtudes de un buen champán. Ni siquiera son buenas, aunque resulten más aceptables, las copas altas y estrechas del tipo flauta. El champán es un vino, así que una copa de vino grande es el recipiente más adecuado para disfrutarlo al máximo. La abadía en la que vivió Dom Pérignon fue destruida en la Revolución Francesa. Permanece, eso sí, la iglesia (Viene de la página anterior) Champagne Paseo con burbujas tamiento (1627- 1825) pero el paseo junto a las vidrieras creadas por Chagall o el espectáculo de las 2.303 estatuas que adornan sus muros resultarán inolvidables. El Café du Palais, uno de los históricos de Europa, es un buen sitio para reponer fuerzas antes de continuar. Por estas salas de decoración abigarrada han pasado incontables estrellas del bel canto. No en vano la Ópera de la ciudad está justo enfrente. La casa la dirige Jean Louis Vogt, que nos hace probar dos vinos poco conocidos en España. Primero, champán, un Beaumont des Cerayères, empresa que dedica el 90 por ciento de su producción a la exportación. Luego, un tinto de la región, rara avis elaborada en Bouzy, uno de esos pueblos de las montañas que rodean Reims. En Sedan, la siguiente parada, espera un castillo amurallado de 35.000 metros cuadrados en el que se ha abierto un hotel. Descanso entre las piedras que ordenó levantar Evrard de la Marck en el siglo XV Dicen que intramuros podían vivir y luchar cuatro mil soldados, y que ni siquiera Carlos I pudo doblegar su defensa. Ha pasado mucho tiempo. El castillo es hoy un reino de paz, que puede explorarse de principio a fin. Las torres de los vigías, los eficaces sistemas de defensa que se inventaron en este lugar, los siete niveles de construcción... y, al cabo, el sueño en un lateral completamente restaurado, cómodo, la felicidad del silencio. De nuevo el coche, de regreso a París. Antes, un alto en Charleville- Mézières, una ciudad joven inventada por Carlos de Gonzaga (1580- 1637) para reforzar el poder católico en esta franja fronteriza, a dos pasos de Bélgica. El noble En la Avenida del Champagne, en Epernay, se han instalado empresas como Moët et Chandon y Esterlin Gonzaga ordenó construir una plaza bellísima, perfectamente ordenada (el resto de Charleville se hizo a partir de este cuadrilátero) con el sello reconocible de los arquitectos de la familia de los Medici. Unas casas más allá nació Rimbaud, poeta heterodoxo en esta plaza fuerte del catolicismo. Escribió Una temporada en el infierno título que en ningún caso nos serviría para esta crónica. Toda la región, o casi, vive de este vino espumoso: miles de productores y decenas de hoteles, restaurantes y rutas organizadas en torno a las viñas y las bodegas