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10 12 06 VIAJES Champagne Paseo con burbujas Cientos de kilómetros de cavas, un mar de viñas y monumentos de altura, como la catedral de Reims. La región de Champagne- Ardenne hace chinchín en Navidad TEXTO Y FOTOS: JUAN FRANCISCO ALONSO Dom Pérignon El monje enólogo Este monje benedictino vivió durante cuarenta y siete años en la abadía de Hautvillers. Sus innovaciones en la vendimia y en el embotellamiento del champán han pasado a la historia n Hautvillers, un pequeño pueblo de ochocientos habitantes, hay sesenta casas de champán y ciento sesenta carteles colgados de portales o esquinas dedicados al monje benedictino Dom Pérignon (1639- 1715) Jacques Postel, un jubilado de verbo fácil que a menudo ejerce de guía, para completar el mes se cala una gorra de felpa sobre su frente despejada, y comienza el paseo bajo una leve llovizna otoñal. Mire el campo- -dice, al final de la última esquina, junto a las cepas de Moët et Chandon- Este es el paisaje de la región: el pueblo, las viñas que cubren las laderas y, sobre las colinas, el bosque En Champagne- Ardenne, todo son burbujas, desde el nombre de las ciudades hasta el menú de los restaurantes. Desde el aperitivo en el bar de la plaza, a eso de las doce, hasta las conversaciones. En el caso del guía Postel, la charla vuelve hacia Pierre Pérignon, que vivió en la abadía de Hautvillers cuarenta y siete años. Estaba lleno de virtudes. Dignificó esta comunidad se puede leer en la lápida que le recuerda, junto al altar de la iglesia (la abadía que completaba el conjunto original fue destruida durante la Revolución Francesa) Ya no quedan conventos en este pequeño pueblo, pero el pasado del enólogo Pérignon sigue estando presente. Los más entusiastas le atribuyen el descubrimiento del método champenoise aunque lo más probable es que mejorara técnicas ya aplicadas. Dejó escritas sus normas de vendimia, vigentes aún hoy, y se le atribuyen incontables innovaciones- -discernir entre la certeza y la leyenda es complejo en este personaje- como la utilización por primera vez de tapones de corcho para las botellas, tras una visita al monasterio benedictino de Sant Feliu de Guixols. Hautvillers está a tiro de viñas- -apenas ocho kilómetros- -de Epernay, la capital del champán También aquí la mayoría E de sus vecinos vive de la economía de las burbujas. Por ejemplo, Bernard Ocio, uno de los cocineros más conocidos de la región, que oficia en el restaurante La Cave à Champagne donde utiliza el espumoso como acompañante esencial de sus creaciones. O Jean- Louis Brizard, director de la oficina de turismo de la localidad, que presume de cifras se distribuyen 330 millones de botellas cada año, procedentes de cientos de pueblos, de miles de explotaciones y de las tres uvas características: Pinot noir, que da la estructura, el cuerpo; chardonnay, la frescura, la elegancia; y pinot meunier, la redondez En la Avenida del Champagne de Epernay se oyen todos los idiomas estos días previos a la Navidad. Que me pongan mil botellas bromea un turista de El Salvador en la tienda de Moët et Chandon, al final de la ruta guiada por sus instalaciones. Y algo parecido deben decir, o tal vez no, los decenas de ciudadanos japoneses que por aquí pasan a cada momento, en busca de las sedes de las míticas compañías del champán. Desenfundan las cámaras digitales, posan delante de las botellas, compran unas cuantas y regresan al autobús, entusiasmados por haber respirado tan de cerca este aroma francés La vida del vino Enzo Olguín aguarda en la entrada de otra de las empresas tradicionales instaladas en esta área espumosa Champagne de Castellane, creada por el vizconde Florens De Castellane en 1895. Entre estos muros, Olguín explica la vi-