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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE M. FRANCISCO REINA Cultura Gulliver y los enanos ue a partir del siglo XVI cuando surgió en Europa un tipo de literatura, llamada utópica como respuesta lógica a los problemas y desigualdades sociales de la época. Uno de sus máximos representantes, Tomás Moro, autor del magnífico Utopía a quien la Iglesia santificó a principios del siglo XX, sería germen del socialismo idealista del XVIII y el XIX. Precisamente en el dieciocho se publica uno de los frutos más hermosos de la literatura utópica, Los Viajes de Gulliver de Jonathan Swift, que con el paso del tiempo ha pasado a considerarse como obra infantil o juvenil. Precisamente en estos días concluía una exposición en el Centro Cultural del Círculo de Lectores de Madrid, del pintor gaditano Guillermo Pérez Villalta, que ha ilustrado la historia de Swift en unas acuarelas originales mostradas durante el mes de noviembre. El propio pintor confesó lo que se había divertido y aseguró: He disfrutado mucho haciendo las letras capitulares. Trabajar la imaginación, hacer alfabetos originales. Algunas de estas letras que he inventado las utilizaré en algunos de mis próximos cuadros Para los que no han leído aún al delicioso e idealista Swift, ni ver la exposición de Villalta, sería absolutamente recomendable la edición especial que ha hecho Galaxia Gutemberg del mismo, con las ilustraciones de Villalta. Un autor que ha marcado a generaciones más jóvenes, con su plástica figurativa pero desbordada de fantasía, como se podría rastrear en otra exposición, esta vez en Barcelona, en la galería Mito, del pintor argentino Ricardo Cinalli, bajo el título Invitación al viaje La figuración plástica de Cinalli, como la de Villalta, es una figuración contemporánea, transgresora, a medio cami- F no de la figuración clásica y la deconstrucción de los estereotipos academicistas, plagada de iconografías mitológicas, por un lado, judeocristianas, por otro, pero sin dejar de ser personalísimas y alucinadas. Y es que los clásicos, tanto en las letras como en las artes, aún no han agotado sus diálogos con nuestro tiempo, ni su vigencia. Otra invitación al viaje, muy gulliveriana, es el estado de la nación intelectual y sus banderías en nuestros tiempos. Ya al santo y sabio Tomás Moro le costó la cabeza, literalmente, mantener sus ideas filosóficas, religiosas e intelectuales en su tiempo, y en los nuestros, siendo menos sabios y menos santos, sucede tanto de lo mismo cuando uno discrepa de la opinión general. Digo esto porque, frente ciertas unanimidades, que a mí me parecen muy gregarias y propias de los que opinan por boca y argumentaciones ajenas, yo tengo la mala costumbre de conformar mis propios criterios, aunque a veces estén en distonía con el general, cosa que ocasiona no pocos problemas. Por una vez, y sin que sirva de precedente, que solemos ser ideológicamente muy distintos salvo en la firmeza de nuestras ideas, estoy de acuerdo con el escritor Antonio Burgos que en un reciente artículo ponía el dedo en la llaga con el espantoso espectáculo que ha dado la Junta de Andalucía en Guadalajara, México, con un terrible dispendio para amigos y pesebreros de la misma, cuando decía: Según unas fuentes, casi mil gorrones ha llevado la Junta a Guadalajara. Según otras, 360. Por importe de 3 millones de euros. Andalucía se ha gastado 3 millones de euros en acarrear gorrones a la Feria del Libro de Guadalajara. Aunque no sean mil, aunque sólo sean 360, ¿tantos autores y editores hay en Andalucía? Este dato, no sólo verdadero, sino escandaloso e insultante, lo es más si se deja en tierra a algunos de los históricos representantes de la cultura andaluza como Pilar Paz Pasamar, Rafael Guillén, Antonio Enrique, o María de Los Reyes Fuentes, por citar ausencias sangrantes, para, entre representantes lógicos y dignísimos de las letras andaluzas como Pablo García Baena, Antonio Gala, Antonio Hernández o Eduardo Mendicutti, meter a gente insignificante por su ínfima obra y repercusión en la cultura de Andalucía, por no hablar de un nutrido número de cónyuges, amantes y amigos y amigas de diverso pelaje y perfil. Desde luego, la imagen de modernidad que pretende la consejera Rosa Torres se parece bastante al caciquismo cultural de otros tiempos. Una pena que también la cultura se administre como un cortijo. Eso, o estamos en la corte de los milagros de Liliput. JESÚS GARCÍA Economía La falsa moneda scribía el martes pasado Manuel Conthe en la tercera de ABC la parábola de la buena moneda y abordaba un asunto sobre el que merece la pena profundizar. Aunque lo ignore- -escribía Conthe- el ciudadano medio no ve la realidad exterior, sino tan sólo las sombras que los medios de comunicación proyectan en su hogar Podríamos aplicarlo al mercado de valores y al uso y abuso de la información privilegiada. Los gestores y propietarios poseen una información valiosa. La de sus decisiones que les hace ricos de un plumazo, si son acertadas. Pero no van solos. Tienen la responsabilidad de su accionariado. Sin embargo, la avaricia desbocada como diría el catedrático de la Universidad de Princeton Burton G. Malkiel en Un paseo aleatorio por Wall Street es característica de las épocas de auge. La ambición de poder les tienta, y compran o venden acciones cuando tienen conciencia de una gran operación. Cuentan con múltiples sistemas para modelar la opinión pública. La más importante: la información. La manejan, la trabajan, la filtran y la usan antes que nadie, que para eso ha salido de su cacumen. Difícilmente se le puede pedir a un propietario o a un ejecutivo que piense antes en sus accionistas. Va en contra de la condición humana. Hacen declaraciones de intenciones, filtran medias verdades, porque si no descubrirían sus cartas, y salen a los medios a interpretar los hechos a su albedrío. Incluso dicen que van a entrar en un valor cuando allí anidan hace tiempo y aprovechan entonces para vender. Galbraith ya lo explicaba en El profesor de Hardward El uso de testaferros, so- E ciedades pantalla, trust, es tan viejo como el mercado. Hemos visto recientemente a un presidente de una empresa provocando el hundimiento del valor con sus declaraciones ¿Cuáles eran sus posiciones reales en el valor? Otros presentan previsiones que, como método, incumplen, emiten en Luxemburgo- -donde la norma es más laxa- -y se fuman un puro delante de sus sufridos accionistas. Conocemos hechos relevantes como simples apuntes de la realidad, en los que la verdad está ausente. No queremos más del 10 dicen con la boca pequeña porque ya tienen apalabrado hasta un 24,9 limite para las OPAs. El uso de la autocartera es en mil y una ocasiones fuente de manipulación porque ofrece posiciones personales e intransferibles y sirve para hundir o elevar un valor cuando otro actor que no conviene al accionista preeminente quiere comprar. Lo hemos visto en la guerra de opas. Luego están las recompras de títulos, un sistema para evitar desplomes cuando no conviene que sea muy visible la desconfianza de los gestores extranjeros. Y el uso y abuso de información privilegiada convertido en una constante imparable como se ha observado en muchas de las grandes operaciones, aunque para la CNMV comprobarlo sea largo, complicado y quién sabe si imposible con un sistema judicial garantista hasta servir de muro para el que delinque. Abogados, banqueros de inversión, asesores internos y externos, auditores, presidentes, consejeros, brokers y analistas tienen fresca la información en sus coletos y, cuando más de un centenar de personas posee en sus manos un número de lotería que toca, es difícil pedirles que no lo usen. Una mayoría son honrados, pero en otros casos la minoría despiadada destaca. No es que el sistema esté podrido, es que simplemente es así aunque en otros mercados como en Nueva York el fiscal Spitzer se ha pasado por el arco de la Justicia a grandes brokers, aseguradoras, fondos, analistas y todo quisque que se ha querido beneficiar con irregularidades. Como subraya Manuel Conthe citando las teorías de Greeshan y al mismísimo Julio Camba, la falsa moneda suele expulsar a la buena moneda. Forma parte de la idiosincrasia de las bolsas, con su asimetría cotidiana: unos tienen y usan la información y otros juegan como en el Casino con el azar como único argumento. El inversor medio no ve la realidad sino sólo las brumas que los medios de comunicación, los emisores, los analistas y los supervisores le proyectan en su hogar.