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10 12 06 PRÓXIMA PARADA NUESTROS CORRESPONSALES Roma Buenos Aires Bruselas París Rabat Nueva York (Viene de la página anterior) Jerusalén Para comer bien en México basta con acercarse a un mercadillo y apretarse unos antojitos Lisboa MÉXICO MANUEL M. CASCANTE A la cazuela El bicho que vuela La cocina mexicana es exquisita. Sabrosas son las enchiladas. Pero no menos ricos están los chapulines (saltamontes) los gusanitos, los huevos de hormiga, la iguana o el pejelagarto TEXTO Y FOTO: MANUEL M. CASCANTE Washington Berlín convenga tentar a la maldición de Moctezuma, sino porque su alto contenido en grasa puede hacer necesario después el tiro de mulillas. Al que no evito es al vendedor que se planta los sábados en la esquina de mi casa y me surte de excelente cecina, que no es como la de León, sino un fino tasajo de res enchilado. Lo que no mata engorda Para colmo, aquí todo se zampa. Nunca más cierto que lo que no mata engorda. O que ave que vuela, a la cazuela. Jamás me hubiera imaginado engullendo chapulines (saltamontes: los de Oaxaca llevan fama) gusanitos (los del maguey: los sirven frititos y parecen frutos secos) o escamoles (huevos de hormiga: una delicia que se prepara como las angulas) Y aún me quedan por probar la iguana, el pejelagarto, el jumil (un insecto que se come ¡vivo! Y nunca podría acabar estas líneas si me pusiera a enumer las hierbas, especias, plantas, chiles (que no pican tanto) tubérculos y frutos desconocidos en España que acaban en los molcajetes (morteros de roca volcánica) y comales (planchas de hierro alto en carbono) por estos lares. O si detallara sus bebidas singulares: tepache, rompope, pulque... Pero me está entrando hambre y tendrán que perdonarme si dejo la escritura en este punto. Atenas Londres Berlín Pekín Viena Estocolmo ara mí que es imposible comer mal en México. Después de cuatro años aquí lo tengo comprobado. No hace falta acudir a los grandes templos culinarios, ni siquiera a esos fogones donde la tradición se hace arte. No. Basta con darse un garbeo por un tianguis (mercadillo) y apretarse unos antojitos: enchiladas (tortillas de maíz rellenas con algo; si llevan queso son, premio para el caballero, quesadillas) chilaquiles (hechos con totopos: trozos de tortilla) o tamales (harina cocida y envuelta en hoja de maíz o plátano) siempre bañados en alguna salsa. O acercarse P a la cantina y pedir, con la chela (cerveza) o el tequilita, una botana. Puede ser cualquier cosa; por ejemplo, unos chicharrones (cortezas de cerdo fritas) En esta urbe del demonio, por lo general, la gente come de pie y en la calle. En los cientos de changarros (puestos callejeros) hacen cola ejecutivos, albañiles, mujeres, niños y militares a la espera de su ración de tacos, la comida rápida local, tortillas enrolladas con decenas de apellidos: tacos mañaneros, de sudadero, de canasta, al pastor, al carbón, de cabeza, de ojo, de birria... Yo procuro contenerme, no sólo porque en una ciudad tan contaminada no