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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE De la lucha social a la violencia callejera El movimiento okupa surgió con fuerza en los 90 en las principales ciudades de España. Si para algunos eran los nuevos hippies del siglo XXI, para otros se trataba simplemente de marginados. Mucho ha llovido desde entonces, y, aunque no han abandonado la bandera de la lucha contra el sistema y la filosofía de ignorar la existencia de lo privado, el fenómeno se ha radicalizado, aunque no tanto como en Barcelona. Madrid En la capital de España, de las okupaciones de edificios emblemáticos, como la fábrica de Boetticher, la Bolsa o los Cuarteles de Daoiz y Velarde, se pasó a okupar edificios enteros abandonados en Lavapiés: Laboratorio 1, 2 y 3, en los que promovían un sinfín de actividades sociales. Esas acciones derivaron en episodios de vandalismo y guerrilla urbana amparados en protestas de distinto signo. Utilizan los principios solidarios como coartada para sus ataques y se organizan en torno a radicales como los sharp y los red skin Sevilla Su mayor núcleo en esta ciudad se encuentra en el centro social okupado y autogestionado Casas Viejas En la puerta varios carteles anuncian sus actividades: documentales, talleres, cine. También el bar cooperativo HTM, que se traduce en hazlo tú mismo Sirven almuerzos a tres euros, y organizan conciertos que han provocado permanentes protestas de los vecinos. Valencia Desde el accidente que costó la vida a un okupa en el antiguo teatro Princesa durante la batalla campal en la que se convirtió su desalojo el 16 de noviembre de 1999, las actuaciones policiales contra los núcleos fuertes de este movimiento en Valencia han sido continuas. Muchos han sido los inmuebles desalojados desde entonces Malas Pulgas La venganza o la Diskordia El pasado agosto el centro social Pepica La Pilona era incendiado al parecer por jóvenes de ultraderecha. No puede decirse que se haya erradicado el movimiento, pero sus miembros se encuentran desperdigados. Los del colectivo La Macabra son okupas de radicales pretensiones artísticas EFE