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10 12 06 CLAVES DE ACTUALIDAD Okupas Barcelona ya no los tolera Se estima que en la capital catalana hay unas 200 casas ocupadas (300 en el área metropolitana) de las que un centenar están reivindicadas como tales. La ciudad cambia la permisividad por rechazo POR ÀLEX GUBERN omo en todos lados, entre los okupas hay de todo: bueno, malo y regular Quien se explica es Marc, un joven barcelonés vinculado al movimiento squatter que intenta, a instancias de ABC, dibujar el perfil de un colectivo con numerosas familias y que tiene en la capital catalana una de sus plazas fuertes en Europa, junto a Berlín, Milán y Amsterdam. ¿Quiénes son, cuántos... y por qué Barcelona? Sin contar su área metropolitana- -con una presencia en progresión- se calcula que en la capital catalana habrá unas 200 casas ocupadas- -otros informes hablan de 350- si bien no llegan al centenar las que pueden considerarse okupadas con k es decir, que hayan sido reivindicadas como parte del movimiento squatter las de bandera negra y pintadas en la fachada, vaya. El resto serían usurpaciones de vivienda sin ninguna otra connotación. La Asamblea de Okupas de Barcelona- -órgano que intenta coordinar este colectivo- -habla de 118 squats entre los que habría centros sociales- -con actividades y cierta proyección hacia fuera- -y los que son únicamente vivienda. En todo caso, su número es mucho mayor que en cualquier otra ciudad española, algo que distintos estudios explican a partir de una efervescencia social que es ya casi un tipismo barcelonés- -apelando a cierta mitología de la Barcelona insurgente, la Rosa de fuego de finales del XIX y principios del XX- -y, sobre todo, a partir de la tolerancia de la Administración y la relativa inserción- -al menos hasta hace pocos años- -de los okupas entre el tejido vecinal. Si hasta hace no muchos años los okupas disfrutaban de cier- C ta simpatía, ¿qué pasó para que Barcelona empiece a percibir la okupación como problema? Primero, un rebrote de la violencia vinculado a procesos de desalojo, y luego, una progresiva rotura de la relación con su entorno a medida que sus centros sociales se transformaban en locales donde celebrar molestas fiestas hasta altas horas de la madrugada. Como explica Ricard Estruch- -de la Federación Fiesta Mayor de Gràcia, el distrito con más squats de Barcelona- la simpatía hacia estos grupo se ha acabado en el momento en que de luchar contra la especulación y el sistema han pasado a luchar contra los vecinos Episodios como el desalojo de la casa La Fera el del policía local que permanece en coma después de un ataque u otros, que aunque no directamente vinculados al colectivo okupa sí les relaciona, como el macrobotellón del Raval, han arruinado la imagen del grupo. En paralelo, y el propio colectivo lo reconoce, se ha producido una llegada a Barcelona en los últimos años de un número indeterminado de personajes procedentes de Europa que nada tienen que ver con la imagen, hasta cierto punto idealizada, que se tenía del okupa de corte clásico, es decir, con preocupaciones sociales y amables con el vecindario, una suerte de nuevos hippies pero sin su faceta candorosa. Ni tanto ni tan poco. Frente a estos okupas que afirman luchar contra la especulación inmobiliaria y atraídos por la imagen de una Barcelona tolerante- -el aquí vale todo que denuncian CiU y PP- ha aterrizado en la ciudad una nueva tipología de trotamundos- -en el límite de la indigencia- -que en el argot alternativo se les conoce como pies negros y en el policial como crostas Nada ideologizados, a veces con problemas de drogas, estos personajes son rechazados por el propio movimiento, pero han producido una inevitable degradación del ambiente a medida que su número crecía. Allí donde van, todo se pudre reconoce Albert, otro joven alternativo que responde a un perfil totalmente opuesto, el de los jóvenes con estudios, entorno familiar estructurado y conciencia social que integran otro subgrupo- -algo magnificado también- -que es el de los okupas hijos de papá en definición reciente del ex presidente de la Generalitat, Jordi Pujol. Junto a ellos se situaría otra familia, ésta con aspiraciones artísticas, y que correspondería, por ejemplo, al colectivo La Makabra ahora instalados en una fábrica en el Poblenou. Okupas bien y pies negros Junto a okupas- bien artistas y pies negros -y en lo que es un fenómeno puntual pero mucho más preocupante desde el punto de vista policial- -se ha detectado la presencia de un grupo de personas procedentes de grupos anarquistas europeos- -sobre todo llegados de Italia- -que estarían detrás de la oleada de acciones violentas- -contra cajeros e intereses italianos- -que se produjo en Barcelona el pasado año. Atomizados dentro del colectivo squatter -algo que ellos niegan- -este subgrupo también habría contribuido a degradar la imagen del conjunto, de la misma manera que la detección a finales de los noventa de una conexión entre el comando Barcelona de ETA y algunos okupas parecía que empujaba al colectivo a un callejón sin salida. Hay una parte que sí está politizada, vinculada sobre todo a casales independentistas- -donde predominan los red skins frente a los punks más asociados a la órbita okupa pero hablar de un movimiento de inspiración Jarrai es falso, una invención de la Policía. Aquí prima lo social insiste Marc. Sea como fuere, unos y otros han hecho de Barcelona la capital española, cuando no europea, de la okupación La violencia vinculada a los desalojos y la rotura de las relaciones con los vecinos han arruinado la corriente de simpatía que podían despertar los squatters Ha aterrizado en Barcelona una nueva tipología de trotamundos- -en el límite de la indigencia- -que en el argot alternativo se conoce como pies negros