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2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE Pinochet, el más emblemático dictador de la vieja época de la violencia cuartelera y autoritaria EPA perativo categórico es una cosa que se baila apretado, o si lo que vio llover es la crítica de la razón bolivariana (Carlos Alberto Montaner) Sería demasiado simple e injustamente devaluatorio reducir la hegemonía subcontinental de Chávez a la fantástica capacidad de persuasión de su chequera dice el escritor Jorge Asis. El caudillo bolivariano se las ingenia para penetrar a los sudamericanos con las virtudes potenciales del palabrerío (y) la explotación artesanal del fenómeno inexplicable del carisma, que antes que nadie supo modelarle Ceresole (uno de sus primeros mentores) Un carisma atado a la estrategia que supieron fijarle después dos cuadros sin carisma, pero sólidamente formados en el marxismo, como (el vicepresidente) José Vicente Rangel y Alí Rodríguez Araque (ex ministro de Exteriores) Ceresole, Norberto Ceresole, es el principal nutriente de la supuesta ideología chavista. El desaparecido politólogo acuñó el triunvirato caudillo- ejército- pueblo en el que se sustenta el movimiento bolivariano, como ya hiciera antes con el general Alvarado, presidente de Perú entre 1968 y 1975. Hay dos chavismos: el de los partidarios de Ceresole y el de los que creen en la democracia, éste último representado por Rangel apuntaba el politólogo Fausto Masó hace más de un lustro. Rangel despojó a Chávez del nacionalismo que le había inculcado Ceresole y acabó expulsando de Venezuela al pensador argentino tras acusarlo- -con harta razón- -de antisemita. bananero y militarista de la vieja era. Es un movimiento que no se complace en la violencia. Que fracasó cuando quiso imponerse por las armas. Y que cuenta ahora con un considerable respaldo popular. Pero es el propio Chávez el que pregona su admiración por Castro- -el último dinosaurio uniformado- el que ahora busca eternizarse en el poder con promesas de un socialismo muy po- co socialdemócrata, y el que funda su carisma en fórmulas más cercanas al culto a la personalidad, a la mitología y a un espectáculo de masas que se despega de las imprescindibles formalidades políticas. Es muy difícil definir el chavismo más allá del populismo petrolero y del carisma de Chávez, de su cristianismo folclórico y su formación castrense, de la idolatría a Bolívar y al sueño de la unidad americana, de su odio visceral a ese imperialismo estadounidense que encarna el propio diablo Mister Danger George W. Bush. En la ensaladilla intelectual de su verborrea, producto de lecturas tan dispersas como desordenadas, Chávez lo mismo cita a Kant que al cantante de boleros Armando Manzanero, y hasta los confunde y no sabe si el im- Socialismo del siglo XXI Otro pilar del socialismo del siglo XXI esa estrategia que Chávez no termina de definir, es el guerrillero Douglas Bravo, que se afilió al Partido Comunista de Venezuela con 13 años y fue expulsado del mismo a los 32, cuando se declaró bolivariano. Antiimperialista y antiestadounidense, desde la dirigencia del Partido de la Revolución Venezolana (y su brazo armado, las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional) Bravo consiguió infiltrarse en el Ejército, donde sedujo al teniente coronel de paracaidistas Hugo Chávez. Pese a que éste se separa del partido en 1986 para organizar el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, Bravo participaría en los fallidos golpes de Estado del 4 de febrero y 27 de noviembre de 1992. Aunque- -más allá de ideologías- -el pilar fundamental sobre el que se asienta el régimen, su principal alimento político son los 62 dólares por barril del cru (Pasa a la página siguiente) Daniel Ortega, comunismo y sagrada comunión M. CASCANTE Sorprende la transformación de Daniel Ortega. El histórico comandante del que fuera prosoviético Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) dieciséis años después de abandonar el poder en Nicaragua, ha recuperado la Presidencia del país convertido en un defensor de la libre empresa y en un piadoso católico que oye misa, comulga, se casa por la Iglesia (tras casi treinta años de amancebamiento con la poetisa Rosario Murillo) y apoya la penalización del aborto terapéutico. Inolvidable aquella visita del Papa a Nicaragua en 1983. Apenas once horas que dieron de sí lo suficiente para que Juan Pablo II propinara una reprimenda pública al arrodillado Ernesto Cardenal (sacerdote y ministro de Cultura) nada más descender del avión. Para que Ortega le diera la bienvenida con un discurso antinorteamericano. Para que en la misa celebrada en la Plaza del 19 de Julio el Santo Padre tuviera a espaldas del altar unos cartelones con los rostros de Sandino y los fundadores del FSLN. Y para que su severa homilía fuera abucheada por la multitud, a la que Wojtyla ordenó callar en cinco ocasiones. Ahora, tras sus enfrentamientos con el arzobispo emérito de Managua, Miguel Obando y Bravo, Ortega y el purpurado transitan juntos los caminos del Señor y del neoliberalismo. Aleluya. Ortega, por tanto, figura en la lista de potenciales simpatizantes de Chávez. Pero habrá que ver qué le dicta en el futuro su conciencia imprevisible.