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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE Un país seguro pero incomunicado Birmania es un país de lo más seguro. Todo está controlado por el Gobierno y no hay robos ni sustos inesperados. Al ser un país pobre y sin grandes lujos sanitarios hay que tomar precauciones, las mismas que en otros países de América o Asia. Ninguna vacuna es obligatoria, pero conviene llevar los típicos medicamentos de urgencia pues allí las farmacias, sobre todo en el interior, brillan por su ausencia. En cuanto a las comunicaciones es mejor no hablar. Los teléfonos móviles no funcionan con ninguna parte del mundo. Sólo tienen un satélite repetidor para los teléfonos de los birmanos, en su mayoría de personal militar. Cualquier intento de comunicación con España tiene que contar con el placet del Gobierno y la espera es larga. Todo lo escuchan aunque no entiendan nada. También controlan los correos electrónicos y faxes. La moneda oficial es el kyat y la oficiosa el dólar, que ha de ser nuevecito, casi recién salidos de fábrica, porque a la menor arruga o pintada, lo rechazan. Los euros no sirven, y no los cambian ni en los grandes hoteles. Hay un consentido mercado negro para el cambio que organizan los guías. La comida es ligera y sabrosa, en una combinación de china y birmana, donde los currys (de pescado o de carne) las verduras y las sopas son deliciosas. Ir a Birmania es caro. Hay agencias especializadas que hacen un viaje de 11 días por algo más de 2.000 euros. Lo ideal es que, si se reunen 5 ó 6 personas, estas mismas agencias organicen un itinerario a medida, en un todoterreno con chófer y guía en español, aunque se incremente el precio y los trayectos de una ciudad a otra se hagan en avión. Los vehículos de fabricación china para el transporte colectivo van repletos de gente llos dibujos sobre su rostro. Lo primero que sorprende de Myanmar son sus contrastes de paisaje. Colinas, montañas, valles, mesetas, todo verde y espeso tras el monzón, atravesados por el río Ayeyarwady (1.600 kilómetros de aguas navegables) lleno de vida. Navegarlo para ver la puesta de sol es un espectáculo de luz y silencio inolvidable. Es un río muy animado porque Myanmar tiene 135 etnias y más de 60 lenguas, en un territorio tan grande como la península ibérica y plagado de pagodas. Resulta interesante conocer la grandiosidad de sus obras religiosas, el esplendor arquitectónico de las pasadas dinastías, sus paisajes, sus campos, sus poblados y sus lagos, sobre todo el Inle, un lugar paradisíaco. Allí se vive sobre las aguas; y las tierras que baña el lago muestran una perfecta simbiosis, preservada durante siglos, entre el hombre y la naturaleza. Sobre sus aguas se levantan las casas de palafitos (la baja se destina a embarcadero y la alta a vivienda) y se deslizan sus habitantes EPA El Inle es un lago paradisiaco. Sus gentes han aprovechado la escasa profundidad de sus aguas para crear, con juncos y bambú, islas flotantes donde viven y cultivan de todo Bagan es el reino de las pagodas, pues en los siglos XI y XII reyes, nobles y plebeyos compitieron allí construyendo miles de templos y estupas para honrar a Buda REUTERS en unas piraguas que dirigen de forma peculiar: erguidos en la popa y apoyados sobre una pierna mientras con el otro pie impulsan el remo. El lago lo habitan los intha desde el siglo XVIII y han aprovechado la escasa profundidad de sus aguas para crear con juncos trenzados, cañas secas y algas islas flotantes donde han plantado sus casas y cultivos, que hacen del lago un vergel. El país vive de la agricultura, la ganadería y la pesca y, salvo niños y ancianos, nadie toma leche ni sus derivados (el calor los estropearía) y la base de su alimentación es el arroz. Pero si hay algo en Myanmar que sobresale por todas partes es el oro de sus pagodas y el fervor religioso de sus creyentes, así como sus mercados y gentes amables. A diferencia de otros países budistas, se considera sagrado todo el recinto del templo, no sólo su interior, por lo que es preciso descalzarse completamente (nada de calcetines) Esto suele resultar bastante incómodo, pues los suelos están sucios, mojados o con polvo, aunque en la pagoda de Shwedagon, en Yangon, la capital, resulta placentero por el frescor del mármol. Shwedagon es el templo más antiguo del mundo, 2500 años le avalan, y al ser una pagoda asentada en lo alto de una colina se ve desde toda la ciudad. Cuentan que, al morir Buda, sus discípulos le cortaron tres pelos, los trajeron a Yangon, los enterraron y encima construyeron una pagoda, tipo campana, revestida de oro, que tiene en la punta un tesoro. En el centro está el santuario y en sus alrededores una ciudad de pagodas, estatuas, pagoditas, columnas... revestidas de pan de oro, que los reflejos del sol la hacen deslumbrante. Fanáticamente budistas, consideran el estado sacerdotal como el más perfecto, y todos los birmanos son, al menos 15 días de su vida, monjes. Hay 500.000 que viven de la caridad, con una vida parecida a la de los novicios de los conventos. La región de Bagan es el reino de las pagodas, pues durante más de dos siglos (el XI y el XII) reyes, nobles y plebeyos compitieron en Bagan por honrar a Buda construyendo miles de templos y estupas, a cual más bonita. La razón de tanto arte es que según el budismo las faltas de esta vida se perdonan dando donativos para la construcción de pagodas o de estatuas de Buda. Las más interesantes son la de Gu Byauk Kyi (una especie de Capilla Sixtina del budismo del siglo XI) y la de Shwe San Daw, con una vista espectacular sobre el valle, y un lugar privilegiado para ver la puesta de sol. Myanamar es un país que hay que descubrir.