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3 12 06 VIAJES Myanmar El resplandor de Buda (Viene de la página anterior) nados que la han visto en estado puro. Ese es precisamente su encanto, junto con la calma y la paz que transmite. Hoy se abre tímidamente al turismo porque el Gobierno de los militares ve con muy buenos ojos los dólares que gasta el turista y los que obligatoriamente hay que dejar nada más entrar en el país. Treinta para la entrada y 10 para la salida, que recogen agentes vestidos de gala (como para una parada militar) y con cara de malas pulgas, lo contrario de lo que es la gente de a pie: amable, cariñosa, sencilla y entrañable. Gentes que viven, al menos lo parece, felices con lo poco que tienen, en algunos casos, como en los poblados, sin luz ni agua, en casas endebles, pero bellísimas, construidas en bambú trenzado. Todo muy sencillo, (también muy pobre) y sin muebles. Una simple estera sirve de colchón, lo único que necesitan para esa vida que hacen siempre en la calle, cuando el monzón lo permite. Recorrer el país supone una experiencia en el tiempo, como remontarse 50 años, dado que Myanmar tiene un retraso tan considerable. El Imperio británico tuvo en Birmania su último reducto colonial y dominó el país, allá por 1862, estableciendo un protectorado colonial. En 1948 se vio obligado a concederle la independencia. Desde entonces el país ha ido de mal en peor. Antes, había sido un reino que fue agrupando territorios que se desmoronaban con las guerras, hasta conseguir en el siglo XVI la reunificación. Hasta que los británicos, con la excusa de proteger sus intereses comerciales, la invadieron en 1824. De aquella época colonial queda un sucio y abandonado esplendor tanto en Mandalay, su vieja e imperial capital, como en Yangon, la actual, porque a los ingleses, Mandalay les venía muy a trasmano y prefirieron trasladarla. De las demás costumbres inglesas sólo se ven los volantes de los coches a la derecha (pese a que conducen como el resto del mundo) y el té, pero en lugares muy diferentes a los de los british Todas las ciudades y pueblos, están plagados de casas de te unos locales de madera, en la calle, construidos con cuatro palos, donde los hombres se pasan el día. Abren al alba y a ellos se acude a desayunar, ahora también las mujeres, (fideos y tallarines) o a calmar la sed que despiertan el calor y la humedad. Rechazo inversor Han pasado casi 70 años desde que Birmania se separó de la India británica, y se nota. Y el aislamiento en que ha estado lo acentúa. El hecho de que sea uno de los países en los que más se violan los derechos humanos ha provocado el rechazo de los inversores occidentales. Hablan inglés en hoteles y comercios, pero en la calle es difícil establecer una mínima conversación con alguien que no venda algo, para lo que se vale de cuatro palabras de inglés comercial También se nota el aislamiento en el vestir. Nadie lleva blue jeans Todos, hombres, mujeres y niños a partir de 10 años, visten los longuis esas faldas largas de algodón o seda que se anudan a la cintura y les hace sumamente elegantes. Ellas van maquilladas, para protegerse del sol, con una pasta de madera de maberry, con la que realizan be- Las mujeres y los niños van maquillados, con una pasta de madera de maberry, para protegerse del sol C. F. En Bagan se construyeron desde el siglo XI, en ladrillo y revestidas en oro, miles de pagodas y estupas