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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE En Tijuana el centro urbano se agolpa junto a la frontera, una cicatriz que divide el paisaje en dos mitades muy distintas AFP n muerto más de 2.000 inmigrantes cimos, pero la persona a la que esperábamos no apareció. ¡Pues haberlo dicho antes y ya las habríamos cruzado! Dicen que al que no habla Dios no lo escucha nos regaña. Balbuceamos excusas, nos hacemos las ignorantes. ¿Tienen a alguien que responda de ustedes al otro lado? He ahí una pregunta con trampa. Si consigue el teléfono de quien nos espere en EE. UU. es probable que le llamen para pedirle dinero a cambio de entregarnos mientras nos retienen secuestradas. Si no, significará que el dinero para el pago lo tenemos nosotras, y les bastará con darnos una paliza para quitarnos lo que tengamos. Afortunadamente, el efectivo (el coyote, experto en el paso clandestino) nos dice, no se encuentra a mano, y nos pide que volvamos en AFP Entre burdeles y coyotes al acecho de clientes M. G. tres horas, tiempo que utilizamos para poner pies en polvorosa. Pero las desventuras no acaban ahí. Al amanecer la señora cancela repentinamente la operación. Los niños están demasiado grandes, ahora no los podemos pasar Luis y Geraldine parecen sucios y sudados, con los ojos llorosos y la mirada desvalida. Ya no llores más, hijo, que nos vamos de aquí les dice Susana. ¿Se los llevan? pregunta sorprendida la oronda mujer de aspecto tosco. Entonces nos explica. Hay mucha descoordinación entre coyotes, señoras y polleras a ambos lados de la frontera. Yo creo que a la señora que los iba a cruzar no la dejaron salir (de la cárcel) nos confía. Es que ya ha estado dentro antes Los niños no han cruzado pero al menos siguen aguantando. Olía bien feo ahí, había chinches en la cama, cucarachas por todos lados ¡y hasta una rata muerta! farfulla Luis. No miente, tiene las piernas y los brazos llenos de picaduras. En los dos días que Nos alojamos en un burdel donde desatamos las sospechas. ¿No estarán esperando a cruzar la línea? -preguntó el dueño- ¡Haberlo dicho y ya las habríamos cruzado! Aquí a cada rato se extravían pasaportes. Vienen muchos americanos que entre el tequila, la revolución y Viva Zapata ya ni saben dónde llevaban los papeles han pasado escondidos apenas han comido una sopa de lata. Reciben una llamada de su madre. Susana apremia a Geraldine a que se seque las lágrimas. Anda, que no te oiga tu madre llorar dice al pasarle el teléfono. Sí, mamá repite una y otra vez sin entrar en la conversación. No le salen las palabras entre tanto sollozo atragantado. La aventura de las abuelas ha terminado. Habrá que buscar un nuevo contacto. René se pone a dejar recados entre sus conocidos. El siguiente intento será para hacer pasar a Geraldine. Esta vez la acompañará a pie una chica de 18 años. Se harán pasar por hermanas. Geraldine ya tiene su partida de nacimiento falsificada y se ha aprendido su nueva identidad, pero los agentes de inmigración tienen un sexto sentido y deciden entrevistarlas por separado. ¿Cómo se llama tu maestro? ¿Sois hijas del mismo padre? ¿A qué escuela va tu hermana? Las dos pasarán esa noche en la oficina de menores que el gobierno mexicano tiene en la frontera. Al recogerla por la mañana, Susana tiene que firmar un documento por el que se declara responsable penal si vuelven a intentar salir del país de manera irregular. Geraldine suplica que quiere volver a casa. Por nada del mundo desea volver a sufrir otra experiencia como ésta. Pero a la tercera irá la vencida. Los dos niños acabarán pasando la línea en el maletero de un coche, junto a otro joven mexicano a quien no conocen. Al volante, un matrimonio estadounidense y su bebé propio. De una manera o de otra, la frontera se pasa.