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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE Barda que divide la playa de Tijuana de la de San Diego. Parece un mismo mar, pero ahí está una frontera entre dos mundos MERCEDES GALLEGO Tijuana, la frontera Chacales y clandestinos Ésta es la historia de Luis y Geraldine, dos niños mexicanos con quienes chacales y otros expertos en el paso de la frontera ensayaron los más diversos métodos para entrar en Estados Unidos. ABC estuvo con ellos POR MERCEDES GALLEGO ntes de emprender el viaje a la frontera Susana Soriano llevó a sus dos nietos Luis y Geraldine, de 12 y 10 años, a la Basílica de Guadalupe para pedir a la patrona que los protegiera en tan peligrosa aventura. Su bisabuela les colgó del cuello un pequeño escapulario A mientras, al otro lado, en California, los padres de los chicos encendían dos cirios bajo el cuadro de la Virgen de Guadalupe que preside su salón. La angustia no había hecho más que empezar. En los próximos días su madre, Nancy, tendría pesadillas y perdería el sueño pensando en cómo estaba po- niendo en peligro a sus hijos por perseguir el sueño americano. Ella misma había pasado por la experiencia siete meses antes. Entonces había hecho pasar a Iván, el más pequeño de sus tres hijos. Iván tuvo suerte. Lloraba tanto que la pollera -anciana encargada de ayudarle a cruzar la frontera- -apresuró la entrega para li- brarse de él. Pero le faltaban Luis y Geraldine. La separación se hizo insoportable. Hasta que una noche Susana habló con su nuera y la convenció de que, a un lado o al otro del río Bravo, los chicos tenían que volver con su padre. Juan se había marchado a California apenas nació Iván. Desde que empezó a hablar, el niño se sentaba en los escalones de casa y llamaba papá a todos los hombres que pasaban por delante. Pero para cuando la pollera le hizo cruzar la frontera y se lo entregó a su padre, tres años después, el niño sólo acertó a decir: ¡Señor, ayúdeme! Desde entonces Luis y Geraldine esperan su turno. Así que, después de todo ese tiempo, parece inevitable el vértigo de la partida. No llores más, Luis le regañó Susana, que van a pensar que te estoy llevando a la fuerza y nos van a poner problemas en el aeropuerto El niño se revolvió. ¡Lo dices porque tú no dejas a nadie (Pasa a la página siguiente)