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3 12 06 CLAVES DE ACTUALIDAD Rosario Múnera (91 años) acude cada día a su boutique de la Rambla, donde ofrece la inspiración de sus continuos viajes a París, Milán, Londres o Nueva York YOLANDA CARDO Damas de hierro Trabajar a los ochenta Capaces de todo. Así son estas octogenarias del siglo XXI, mujeres al pie del cañón, curtidas en la adversidad, y para las que el trabajo de cada día se ha convertido en un fabuloso elixir de juventud POR VIRGINIA RÓDENAS D amas de hierro, azote de los años. Abrieron brecha, rompieron barreras, sobrevivieron a guerras, conquistaron cimas impensables para las mujeres de hace tres cuartos de siglo, y silenciosamente, casi invisibles, tomaron posiciones, esas que la perseverancia reserva sólo para los mejores. Hoy, después de tanto vivido y tanto por vivir, allí siguen instaladas en lo más alto y, por supuesto, trabajando. Cuatro de estas pioneras, mujeres de armas tomar, dan a D 7 testimonio de su anchísima experiencia femenina, nos confían sus anhelos y opinan de esta sociedad cambiante con la que también les ha tocado bregar y que pierde tanto tiempo, tanto, en dirimir cuitas con cuotas y repartos de papeles mientras prejubila a buena parte de su ciudadanía, que tanto ha costado formar, antes de los cincuenta. Lo que para tales damas es simple y llanamente una burrada. Rosario Múnera Empresaria Metida en casa no sabría estar, ¡tengo tanta vida! Cada día, Rosario Múnera Marcet, de 91 años, viuda de García acude a su negocio Todo para la mujer de la barcelonesa Rambla de Cataluña, con el afán de supervisar la marcha de la boutique que fundara en 1942 con su marido, Pepe García, y que sería la prime- ra, y más importante, de la Ciudad Condal. Cuenta esta catalana distinguida, de risa a flor de piel y tipo espléndido, siempre erguido sobre unos finos tacones, lo mucho que costó sacar adelante el proyecto porque entonces la gente quería prendas a medida... pero se fueron acostumbrando y la cosa empezó a funcionar. Mi esposo, que era cántabro, era un escaparatista muy bueno, con mucho gusto, y me enseñó todo, porque, entonces, yo, claro que conocía la moda, pero para meterme en un trance así... Yo había tenido una educación francesa, en el San José de Cluny, e incluso amigas del colegio vieron muy mal en aquellos años que yo me pusiera a trabajar y hasta me retiraron el saludo. Pero a mis padres les pareció fenomenal porque mi marido era un hombre estupendo. Luego, lo que es la vida, muchas de aquellas chicas abrieron tienda La idea era crear un establecimiento similar al antiguo taller de Dior en París. Teníamos, como ahora, prêt à porter y medida. Ir entonces a París, en los cuarenta y cincuenta, era una odisea, y nos