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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE LA BATALLITA DE LOS VÍDEOS No estamos hablando de información, sino de persuasión. Estamos hablando de propaganda, un fenómeno presente en la vida de los humanos desde la horda paleolítica hasta nuestros días V Alejandro Pizarroso es catedrático de la Universidad Complutense y autor del libro Nuevas guerras, vieja propaganda (ed. Cátedra) ivimos rodeados por una serie de frases que de tanto repetirlas u oírlas casi llegamos a creerlas. Así, se dice que una imagen vale más que mil palabras o que lo que no aparece en televisión sencillamente no existe. No son estupideces ni frases sin fundamento. Sin embargo, muchas veces una palabra vale más que mil imágenes y hay realidades tozudas que terminan saliendo a la luz aunque no salgan en la televisión. Se habla también mucho de la sociedad de la información cuando, en realidad, la idea de información no es más que una entelequia intelectual que en la práctica sólo podemos ver plasmada entre dos discos duros de ordenador o cuando el ácido ribonucleico mitocondrial sintetiza proteínas dentro de las células vivas. Entre los seres humanos, la información es un fenómeno de la comunicación que no se da en la realidad y muchísimo menos en el medio social. Los medios informativos por mucho que alardeen de honradez y objetividad- -que, por otra parte, como buena intención, no pongo en duda- -no hacen otra cosa que persuadir. La persuasión es la única forma de comunicación que existe entre los seres humanos. Si aceptamos esta premisa, entenderemos mucho mejor lo que pasa en nuestras emisoras de radio o televisión y en nuestros periódicos y, desde luego, en internet. No es ni malo ni bueno, simplemente es. La bondad y la maldad de las cosas dependen del punto de vista moral con que se observen. No existe una moral universal ni en el espacio ni en el tiempo. En el espeso panorama de la vida española no deja de haber momentos un poco más entretenidos. La reciente batallita de los vídeos es uno de ellos. El Partido Popular está desarrollando su oposición sin dirigirse, a mi entender, al conjunto de la sociedad española, sino a su núcleo duro de votos. Su reciente vídeo sobre los problemas de seguridad en España bajo el Gobierno de Zapatero es una muestra más de ello. Allí se mezclaban churras con merinas. Nuestra seguridad está amenazada por la delincuencia común y por la kale borroka que, dígase lo que se diga, no es delincuencia co- mún solamente, aunque sí que sea delincuencia. Eso sí, salían imágenes de la época del Gobierno de Aznar e incluso otras de acontecimientos colombianos. Al fin y al cabo tenemos que estar acostumbrados, en España se actúa siempre por aproximación, no existe ciertamente el gusto por el trabajo bien hecho. La patochada podía haber dejado de serlo seleccionando imágenes de la época de Zapatero, que también las hay. Conste que no entro en la veracidad o no del discurso. Pocos días después el PSOE contraataca con un vídeo sobre la tregua del 98, esta vez sí, con imágenes y palabras verdaderas de aquellos acontecimientos donde demuestra o pretende demostrar que la oposición del PP al llamado proceso de paz no es más que oportunismo político pues los populares fueron mucho más allá hace ocho años. No entro ni salgo en los contenidos de esta batalla. Sí me quiero detener en que inaugura en España una forma nueva de hacer propaganda. Tales obras cinematográficas se cuelgan en la red para que los medios se hagan eco de ellas y aparezcan, más tarde, fragmentadas o enteras en la televisión. No es el formato de un spot de propaganda política que no debería superar dos minutos de duración y emitirse, pagado, en las cadenas de televisión como sucede en otros países. Su efecto puede ser análogo, pero si seguimos por este camino nos saturaremos antes de lo que muchos creen. La red y las masas Quizá sea internet el medio idóneo para este tipo de propaganda. Pero no debemos olvidar tampoco que la red, por mucho que digan los papanatas de las nuevas tecnologías, todavía no es un camino viable y eficaz para llegar a las grandes masas. Al menos en España. Es evidente que no estamos hablando de información, sino de persuasión. Estamos hablando de propaganda, ese espléndido latinajo (ablativo singular femenino del gerundivo del verbo propago- propagas- propagare- propagavi- propagatum, regular de la primera conjugación) que nos regaló la Iglesia a través de la bula Inscrutabili Divinae del papa Alessandro Ludovisi (Gregorio XV) el 22 de julio de 1622 para denominar un fenómeno que ha estado presente en la vida política de los seres humanos desde la horda paleolítica, o si se quiere, desde los primeros establecimientos urbanos del Neolítico, hasta nuestros días. La propaganda, mucho más que la inexistente información, me permite sobrevivir en el aburrimiento de la vida política española. El vídeo de la Fundación FAES sobre el 11- M levantó una formidable polvareda FRANCISCO SECO