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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE Richard Meir El autor del Centro Getty de Los Ángeles planeó aquí este edificio de oficinas Diener Diener El primer edificio finalizado del nuevo campus de Novartis derrocha color Zaha Hadid La primera mujer que logró un premio Pritzker diseñó para Vitra este edificio, donde se exhiben las sillas del siglo XX Kandinsky y erotismo, en el menú Dos espacios pueden llevarse un día entero (o más) en la escapada a Basilea. El Kunstmuseum (www. kunstmuseumbasel. ch) reúne una colección de arte de primera fila, desde el siglo XV a las últimas generaciones, desde el retrato de Erasmo de Rotterdam, de Hans Holbein, a Paul Klee, Mondrian o Kokoschka. Desde los impresionistas franceses a una buena colección de pintores estadounidenses (Andy Warhol, Jasper Johns, Roy Lichtenstein... Estos días, Kandinsky ocupa alguna de sus salas con su explosión de colores y trazos abstractos. La Fundación Beyelere (www. beyeler. com) un museo creado con la colección de arte moderno de Hildy y Ernst Beyelere, es nuestro siguiente destino. El edificio que la alberga, obra del arquitecto italiano Renzo Piano, otro ganador del premio Pritzker, merece en sí mismo una vista. Belleza de líneas simples y rectas, con inmensas cristaleras que dejan paso a la luz. En el interior, la colección permanente cuelga de paredes blancas, perfectamente iluminadas, que no distraen la atención de los visitantes. Han reunido más de doscientas pinturas y esculturas, entre ellas obras mayores de Cézanne, Van Gogh, Warhol, Picasso o Miró. La muestra temporal está dedicada, hasta el 18 de febrero, al erotismo en el arte. La tentación Basilea, forma en su base un trapecio, y en el techo, un cuadrado. La cinta de cobre que envuelve toda la estructura le da un aspecto de almacén futurista, ese tipo de escenarios ferruginosos en los que la teniente Ripley se peleaba con los aliens Nada de cristales y aluminio, tan inútiles en este entorno de vías del tren. El edificio de Herzog y De Meuron da sin embargo idea de su apuesta por el riesgo, por las formas que desconciertan al público. Mario Botta, también suizo, nacido en el cantón del Tesino, es el autor de otro edificio reconocible, la institución en la que se reúnen de cuando en cuando los jefes de los Bancos nacionales. Una fortaleza, ventanas discretas, impresión de inaccesible. Eso por fuera; por dentro, en cambio, las oficinas se abren a la luz del día con efectividad, en uno de esos juegos de volúmenes logrados con algo parecido a la magia. Tranvías con precisión suiza Para ir de un lugar a otro, el pequeño grupo de turistas de la arquitectura utiliza los tranvías, que, como era de esperar, funcionan con precisión suiza. Todo está cerca en Basilea. Dos, tres, cuatro paradas. Un paseo para quien prefiera hacer piernas. En este núcleo urbano habitado por poco más de 180.000 personas encontramos medio centenar de edificios modernos (construidos a partir de los años noventa) de autores como Zaha Hadid, Herzog De Meuron, Renzo Piano, Richard Meier; y también el Museo de Arquitectura suizo (architekturmuseum. ch) o proyectos tan colosales como el que está transformando el campus Novartis El grupo industrial químicofarmacéutico ha empezado una revolución urbanística que se concretará en decenas de edificios realizados por arquitectos de primera fila, según el plan maestro de Vittorio Magnano Lampugnani. La carta de presentación, el primero acabado, es una obra de Diener Diener, que también tienen su sede en Basilea, además de estudios en Berlín (Pasa a la página siguiente) El Rin divide en dos la ciudad. Más allá de la pequeña Basilea a la izquierda del cauce, está Alemania Arriba, Kandinsky, en el Kunstmuseum hasta el 4 de febrero. Debajo, Woman in Tub de Jeff Koons, en la exposición sobre erotismo de la Fundación Beyelere carnal vista por Salvador Dalí, o por los disparos de Mapplethorpe, de un extremo a otro, de los lienzos a la fotografía, el vídeo o la escultura, una colección amplia, soberbia, enmarcada esta vez en fondos rojos, a tono con el tema elegido. tarse en esta próspera esquina de la vieja Europa. George, mitad nicaragüense mitad suizo, guía turístico, enseña la postal más conocida de Basilea: el mirador sobre el Rin. Los dos grupos- -el de los alumnos y el de los turistas- -han terminado por confundirse detrás de la catedral, construida en el siglo XI, modificada en el XII (románico tardío) y restaurada tras el terremoto de 1356 (gótico) George señala primero al frente más allá de la pequeña Basilea, la zona más nueva, al otro lado del río, está Alemania y luego a su izquierda detrás de la fábrica de Roche, ya es Francia Sesenta mil personas cruzan la frontera todos los días para trabajar aquí, por ejemplo en el poderosísimo grupo Novartis. Estamos en pleno cruce de caminos, en la ciudad que acoge cada primavera la primera feria de arte contemporáneo del mundo (en 2007 se celebrará del 13 al 17 de junio, www. artbasel. com) Una vez disparada la fotografía con la que hay que volver a casa, la catedral también es un lugar adecuado para empezar la ruta con la que en esta ocasión nos tienta Basilea. Arquitectura moderna y turismo, un cóctel sólido y quizá impensable en una ciudad pequeña y tradicional en la que, esta mañana, un calígrafo trabaja rodeado de plumines y tin- teros junto a una ventana a la vera del Rin, como hace cientos de años. Lo de siempre. Y, muy cerca, lo nuevo: diseño de vanguardia y edificios firmados por reconocidos creadores, la piel que cambia en casi todos los barrios. En Basilea estudiaron y se conocieron Jacques Herzog y Pierre de Meuron, galardonados con el premio Pritzker en 2001, autores de la Tate Modern de Londres, del Allianz Arena de Múnich o del estadio olímpico de Pekín. Uno de sus primeros trabajos, la central de control ferroviario de