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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE Plus Ultra E La razón del katoey está en la propia naturaleza: Nacimos así Hormonas y cirugía dan forma a su destino tal vez por el mayor mestizaje con chinos, de piel más blanca. Y también se dice que todo hombre tailandés, al menos una vez en la vida, ha mantenido relaciones con un katoey Lo que no me extrañaría en absoluto- -explica un empresario español afincado en Bangkok que ha sido nuestro cicerone en este viaje por el tercer sexo del sudeste asiático- -porque en muchos bares están mezclados, y le aseguro que es difícil distinguirlos. A clientes y amigos que he llevado a conocer la vida nocturna de esta capital los he salvado in extremis porque tampoco se habían dado cuenta En Bangkok se escucha como recomendación que es mejor contratar a un katoey que a una mujer, porque tiene lo bueno de la segunda, pero ni la regla ni los embarazos Katoeys como Pe, licenciado en filología hispánica, que trabaja para una consultoría en Bangkok, y que a la pregunta sobre su identidad sexual responde: El sexo está en el cerebro Sin embargo, es la doma de su cuerpo de hombre no operado al de la mujer alta, delgada, de larga cabellera azabache y piel nívea que es, la que le trae de cabeza: ha sido hospitalizada por un atracón de hormonas Entonces, ¿hasta qué punto se nace o se hace un katoey Lola Martín Romero, socióloga, sexóloga y autora de La transexualidad, diversidad de una realidad (Cuadernos técnicos de Servicios Sociales de la Comunidad de Madrid) también afirma con rotundidad que el sexo está en la cabeza, por eso no creo en el concepto de tercer sexo cuando hablamos de hombres que viven como mujeres o de mujeres que lo hacen como hombres. El concepto de transexualidad desde el punto de vista médico, y por tanto genital, corresponde a una perspectiva dicotómica de A y B, y si hay algo que perturba en A o B lo que hay que hacer es operar. Luego habría un concepto más antropológico, donde lo que importa es el rol social que se desempeña, pero tampoco sería un tercer sexo porque actúan como hombres o mujeres der que haya transexuales homosexuales. No se puede relacionar orientación con identidad sexual. Ni son más avanzados los tailandeses ni menos, sucede sólo que lo suyo es más llamativo El médico cirujano y sexólogo Vicente Bataller añade que más que el tercer sexo, como perfiló Simone de Beauvier del segundo- -y que como escribió la filósofa no es el de las mujeres sexuadas sino el eterno femenino- existen sexos e identidades diferentes. En España, uno de cada 20.000 hombres quiere ser mujer y una de cada 40.000 mujeres, hombre. La transexualidad se da en la infancia, en la preadolescencia y en los adultos y depende de que la familia y la sociedad favorezca el proceso. El sexo- -insiste- -está en la cabeza, y si uno no tiene su identidad y su orientación sexual clara, la enfermedad mental está garantizada Muchos sexos cerebrales contra el absolutismo de la dicotomía sexual. Contra ella se estrella la evidencia, la de la milenaria casta de los hijra en la India, con hombres que envuelven en el misterio y el secreto su emasculación para vivir como mujeres; los hombres eróticos femeninos (jogappa) y mujeres ascéticas masculinas (jogamma) entregados al culto de la diosa india Yellanima, los hombres suaves de la costa ártica o los mahu tahitianos, que ni quieren ser hombres ni mujeres sólo mahu y que como tales ocupan puesto relevantes en la organización de la vida social polinesia; los bissu de las Célebes, la transexualidad para alejar la mala suerte zulú... Realidades obstinadas en derribar la férrea estructura de los pares de opuesto: hombre- mujer. Los intersexuales El tercer sexo- -según Lola Martín- -es otra cosa que está en camino. Se están moviendo muchas cosas. Hay personas que están entre A y B, donde también encontramos a los terroristas de género que quieren romper esos conceptos- -tanto médica como socialmente- y salirse de esa clasificación A y B determinada e inamovible. Los integrantes de este tercer sexo serían sólo personas que ni se sienten hombres ni mujeres. Eso pasa en los grupos de intersexualidad, desde donde se reivindican los derechos de las personas que nacieron con características masculinas y femeninas y quieren conservar esa diversidad. El hermafroditismo es sólo una de sus posibilidades, porque hay quien sólo se reconoce intersexual mentalmente. Todos ellos podrían ser el tercer sexo No cree la sexóloga que la cultura tailandesa sea un modelo de aceptación porque parte de que la naturaleza se ha equivocado. La homosexualidad no se reconoce, porque se considera transexualidad. No entienden que haya hombres y mujeres homosexuales sin que se cuestionen su identidad de género. Allí no podrían compren- s lo propio del hombre y de su cultura el romper el equilibrio en el que nace y modificar sus condiciones, ampliando sin cesar las fronteras en las que se inscribe, pero por las que en modo alguno se deja limitar y definirse. El exceso y la transformación rigen el laboratorio de lo humano, y estos procesos afectan incluso sus mismas bases genéticas, a las que ya se sueña con alterar profundamente. El impulso hacia un más allá siempre gobierna el imaginario humano, y Proteo, la divinidad del cambio, de la impermanencia en su ser de las cosas, ilumina todas las metamorfosis que sufre el mundo. La cultura inscribe en su finalidad misma este objetivo de modificación continua. Es en ella donde se ha soñado con mayor energía poética un tercer sexo el rompimiento de un equilibrio que parecía intocable por ley de naturaleza. Allí, en el interior protegido del imaginario cultural nació la aspiración misma de un andrógino, y en él también se sueñan en estos momentos posibilidades fantasmáticas de alterar lo que la naturaleza parecía encriptar para siempre. La tecnología y las ciencias ayudan por doquier hoy a este imaginario de cuerpos metamórficos y trasmutados en otra cosa nunca vista. Las esferas del arte, de la filosofía, de la publicidad y de la ciencia se aproximan en esta ensoñación de logro de cuerpos mágicos, estelares, dotados de una nueva química de las pasiones y capaces de reescribir un capítulo nuevo en la historia de lo humano. Esta reproyección, que se haya más en la esfera de la estética y de la simulación que en la de la realidad, se caracteriza por una pretensión utópica, pues al soñar la aparición próxima de esta nueva corporalidad quisiera también declarar acabado en la historia el reino de los dos sexos que la precedieron. Ello explica que la promesa de cambio pueda hoy empezar a ser vivida para los seres humanos concretos más como una amenaza que como una redención. Fernando R. de la Flor Catedrático de Literatura. Universidad de Salamanca