Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE Agosto de 1991. Manifestantes derriban la estatua del primer jefe del KGB, Félix Dzersinski, frente a la sede central de Moscú AP KGB Las tres letras de la Lubianka Desde que fue creado el Comité de Seguridad del Estado- -más conocido como KGB- el régimen soviético tuvo siempre organizaciones secretas para las operaciones más inconfesables. Los asesinatos políticos y la represión de disidentes han sido sus especialidades POR ENRIQUE SERBETO E l español Ramón Mercader fue el agente del KGB por antonomasia. Hasta hace poco ni siquiera en su discreta tumba moscovita aparecía su verdadero nombre. Una estrella de cinco puntas como símbolo de la máxima condecoración, la de Héroe de la Unión Soviética indica que bajo esa lápida de granito rojo del Cáucaso descansa alguien cuya relevancia para el régimen comunista no encajaría en ese cementerio anodino del extrarradio de la capital. Esa tumba simboliza mejor que cualquier otra cosa el espíritu de una organización que los rusos conocieron durante todo el periodo soviético como las tres letras y que aún hoy (tres letras también: FSB) sigue siendo una especie de vigilante de los vigilantes. No en vano, el actual presidente Vladimir Putin es un antiguo agente, salido de la sede central de la Plaza de la Lubianka de Moscú, que en los chistes soviéticos se consideraba el edificio más alto del mundo porque desde el sótano, y aunque no haya ni ventanas, ya se podía ver perfectamente Siberia. Aunque Mercader blandía el piolet asesino el 20 de agosto de 1940, en realidad era la mano de Josip Stalin la que traspasó en cráneo de Trotsky en una herida mortal. La venganza del tirano del Kremlin se llevó a cabo con precisión a miles de kilómetros de distancia, a través de uno de sus miles de agentes, tal vez el más fiel, el más perfecto. Desde que fue creado el cheka el Co- La sede central de la Plaza de la Lubianka de Moscú se consideraba- -en los chistes- -el edificio más alto del mundo porque desde el sótano ya se podía ver perfectamente Siberia mité Extraordinario para la lucha contra la contrarrevolución y el sabotaje que luego se llamaría KGB, siglas del Comité de la Seguridad del Estado el régimen soviético tuvo siempre una- -o varias- -organizaciones secretas encargadas de las operaciones más inconfesables. El primer jefe del KGB fue un polaco, Félix Edmundovich Dzersinski, cuyas iniciales FED se convirtieron en la marca de uno de los productos más adecuados para las misiones de espionaje: una gama completa de cámaras fotográficas de primera calidad. La estatua de Dzersinski que presidía la plaza de la Lubianka fue la primera que los moscovitas derribaron en el verano de 1991 cuando se derrumbó el régimen comunista, no sólo por venganza, sino también para comprobar si eran ciertas las leyendas que decían que no era de bronce, sino de oro macizo. Acomodados occidentales, como el británico Kim Philby, trabajaron como agentes dobles, pero al final salieron a la luz. Un buen agente como Mercader nunca puede admitir que sea un agente del KGB. Ni cuando fue detenido por la policía mexicana, ni en los años que pasó cumpliendo condena en la Penitenciaría del Distrito Federal se le escapó un reconocimiento, una confidencia, una indiscreción. Nunca se oyó de su boca que había sido entrenado por el KGB desde su juventud gracias a las inclinaciones comunistas de su madre, ni que desde años antes de cometerlo, tenía asignado ya el asesinato de Trotsky. Los agentes de Stalin ya habían hecho desaparecer su rostro de las fotografías oficiales de los años de la revolución; sólo faltaba eliminar al original, al Trotsky al que nadie quería dar asilo y que permanecía atrincherado en una casa del barrio mexicano de Coyoacán, tras un muro de seis metros de alto y durmiendo en una habitación hermética, blindada con chapa de acero de tres centímetros de espesor. Los asesinatos políticos fueron una de las especialidades del KGB, además de la represión masiva de disidentes. Los conceptos de enemigo del pueblo o familiar de enemigo del pueblo eran utilizados con frecuencia para encerrar durante años o hacer desaparecer a cualquiera. En tiempos de Stalin, como llegó a escribir el mariscal Zhukov, ningún soviético decente podía irse a dormir sin temor de que a la mañana siguiente fuera a ser detenido El KGB se convirtió en un ejército paralelo que tenía sus propios cañones, carros de combate, aviones y buques de guerra, sucursales e imitadores en todos los países del bloque comunista, una auténtica multinacional del espionaje. Mercader podía haber revelado la verdad sobre su misión al salir de prisión en 1960, pero prefirió irse a vivir a la URSS, donde fue condecorado en secreto. Aceptó incluso ocultar la condecoración y renunciar a los privilegios a los que habría tenido derecho. Mientras estuvo en la cárcel, Stalin había muerto hasta en los documentos del Partido Comunista y la sola mención de su nombre se convirtió en políticamente incorrecta. En los 17 años que le quedaban de vida tuvo tiempo de desilusionarse viendo el auténtico rostro del socialismo real, aquello por lo que había luchado toda su vida, pero tampoco entonces se permitió una debilidad. Su fidelidad como agente del KGB no se disolvió ni siquiera cuando se fue a Cuba en busca de mejor clima. Allí murió a los 64 años. El KGB repatrió su cadáver a Moscú.