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26 11 06 EN PORTADA (Viene de la página anterior) Espías Destino venenoso que había en la central de inteligencia. Como responsable de una investigación sobre prácticas internas, Litvinenko se ganó además muchos enemigos entre sus colegas. Su camino de no retorno fue una conferencia de prensa en Moscú en 1998, en la que aseguró que se le había encargado el asesinato del empresario Berezovsky. Meses después sería arrestado y encarcelado. Los tribunales le absolvieron, pero nuevas causas se levantaron contra él. En 1999 publicó un libro en el que acusaba a Putin de haber promovido un atentado contra un bloque de apartamentos con el fin de culpar a terroristas chechenos. Finalmente, en 2000 escapó a Londres con su mujer e hija, donde siguió levantando su voz contra el presidente ruso, no siempre con mucho crédito, como cuando dijo que tras los ataques del 11- S se encontraba el FSB o que destacados dirigentes de Al Qaeda eran agentes pagados por Moscú. El haber puesto tierra de por medio no ha impedido que sus enemigos le alcanzaran. Moscú se desmarca de los clichés de la Guerra Fría RAFAEL MAÑUECO CORRESPONSAL MOSCÚ. El Kremlin se queja porque dice que Occidente está dando excesiva importancia al envenenamiento del ex espía ruso Alexander Litvinenko. Dmitri Peskov, uno de los portavoces de la Presidencia rusa, calificó esta semana de absolutamente delirante lo que se está publicando fuera de Rusia en relación con el caso Litvinenko, sobre todo las acusaciones lanzadas contra el presidente Vladimir Putin y contra los servicios rusos de espionaje. Están funcionando los viejos clichés de la Guerra Fría, el mito de la supuesta crueldad de nuestros agentes secretos se lamentaba Serguei Ivanov, uno de los responsables del Servicio Exterior de Inteli- Gracias a los agentes desertores se conoce la existencia del Laboratorio 12 concebido por Stalin en los años 30 para crear venenos que matan con rapidez y sin dejar rastro gencia Ruso (SVR) Pero no es baladí suponer que detrás de lo que le ha pasado a Litvinenko están sus antiguos compañeros, incluyendo al propio Putin, quienes le consideran un traidor por haber huido a Londres y haber puesto al descubierto los trapos sucios del funcionamiento interno del antiguo KGB. Gracias, precisamente, a los testimonios de Litvinenko, de Oleg Kaluguin, ex general del KGB también en el exilio, y de otros muchos agentes desertores se saben cosas como la existencia del Laboratorio- 12 conocido también con el nombre de la Cámara Fue creado por orden de Stalin durante los años 30 con el objetivo de sintetizar potentes venenos que mataran con rapidez sin dejar huella en el organismo. La causa de la muerte reflejada en el acta del forense hablaba de paro cardiaco debido a insuficiencia coronaria o respiratoria, pero no decía nada de sustancias tóxicas. Los venenos solían probarse en seres humanos, en reclusos condenados a muerte. Con los compuestos elaborados en el Laboratorio- 12 fueron ejecutados personajes como el diplomático sueco Raoul Wallenberg, muerto en 1947, el dirigente nacionalista ucraniano Stepan Bander, en 1959, y el disidente búlgaro Gueorgui Markov, en 1978. Amir Hatab, uno de los líderes de la guerrilla chechena, murió hace tres años tras extraer una carta del sobre. El papel había sido tratado con una poderosa toxina. Sigue existiendo la teoría de que el líder palestino Yaser Arafat fue asesinado con un veneno que el Mossad obtuvo en Rusia. El presidente ucraniano, Víctor Yúshenko, no llegó a morir porque no ingirió la cantidad suficiente la dioxina que le pusieron en la comida. Su rostro, no obstante, ha quedado desfigurado. Los expertos sostienen que el propio Litvinenko tenía que haber muerto de inmediato, pero eliminó gran parte del veneno con un lavado de estómago que todo agente experimentado sabe hacerse. En cualquier caso, no hizo sino prolongar su agonía. El fundador de la petrolera Yukos, Mijail Jodorkovsky, se opuso a Putin y purga sus pecados en una cárcel de Siberia REUTERS