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2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE Viktor Yushchenko, presidente de Ucrania AFP La periodista Anna Politkóvskaya J. SUTTON- HIBBERT nenko luchó contra Zakayev cuando éste era un destacado rebelde checheno. Pero el enfrentamiento a Putin les ha acabado uniendo en Londres, en un círculo al que se suman otros prominentes emigrados: antiguos espías como Oleg Gordievsky, agente doble que pidió el asilo en el Reino Unido en 1985; disidentes de la era soviética como Vladimir Bukovsky, que llegó a Gran Bretaña tras ser encarcelado en la URSS durante una década, y oligarcas como Boris Berezovsky, que amasó una fortuna con el colapso del comunismo, puso en marcha una potente televisión crítica con Putin y tuvo que huir de su país ante amenazas de ser llevado ante los tribunales por corrupción. Litvinenko, en una imagen de mayo de 2002 AP El tercer hombre Los misterios que rodean la muerte de Alexander Litvinenko son dignos de una novela de intriga y espionaje. ¿Quién le mató y cómo? La mano negra que pudo poner el veneno para acabar con la vida del incómodo ex espía podría haber llegado directamente de Rusia. Las sospechas de su familia y amigos se centran sobre un desconocido llamado Vladimir, que se presentó a la cita que Litvinenko había concertado el 1 de noviembre por la mañana con Andrei Lugovoy, un viejo conocido, ex oficial de los servicios secretos rusos que ahora dirige una agencia de guardaespaldas en Moscú dedicada a reclutar reciclados agentes del viejo KGB. De acuerdo con el relato de Litvinenko, esa persona apenas dio datos sobre sí misma durante la conversación que mantuvieron e insistió en que tomaran un té en el bar del exclusivo hotel Millennium de Grosvenor Square en el que se habían citado (si estuviéramos en la Guerra Fría, sería interesante resaltar que en esa plaza se halla la Embajada norteamericana) Tras esa reunión, Litvinenko se reunió en un restaurante japonés de Piccadilly Circus con el experto en seguridad italiano Mario Scaramella, con quien mantenía una relación habitual para compartir información confidencial. Además de pasarle documentación sobre los posibles asesinos de la periodista Politkóvskaya, acribillada en Moscú el pasado 7 de octubre, Scaramella también le enseñó una lista de supuestos objetivos del FSB, entre los que se encontraba él mismo y Litvinenko. La advertencia, que tampoco era una novedad para su interlocutor, llegaba tarde. Por la noche, Litvinenko comenzaría a encontrarse mal. ¿Fue Scaramella, Lugovoy o el tercer hombre En un principio se habló del talio, vieja sustancia en la botica de los servicios secretos debido a sus características de insípido, incoloro e inodoro, como posible causa del envenenamiento. Luego se sugirió que podía haber sido el talio en una variante radioactiva, porque ésta borra pronto sus rastros en el cuerpo, pues su degradación es tan rápida como dañino su efecto. El equipo médico que le ha atendido ha descartado ambas posibilidades. Ahora se habla del polonio 210. Que Litvinenko se apresurara a tomar potásico férreo, antídoto del talio, indica que pronto sospechó de su envenenamiento, y es que el talio ha sido la pócima mortal preferida en muchas operaciones secretas. Fue utilizado por el régimen de Sadam Husein para librarse de disidentes y enemigos, Francia lo habría usado para matar al líder de la guerrilla de Camerún en 1960, mientras que la CIA concibió un plan para poner polvo de talio en los zapatos de Fidel Castro. Vuelven los tiempos oscuros Esto es el retorno a la era de las venganzas del KGB. Litvinenko ha sido la primera víctima, pero no será la última ha advertido Bukovsky. Para Gordievsky, el KGB ha sido renombrado como FSB, pero sus métodos no han cambiado desde aquellos perfeccionados en las más oscuras horas del reino de terror de Stalin Algo, en cualquier caso, ha cambiado. En la época de la Guerra Fría, los contactos de los espías soviéticos tenían lugar en El disidente ruso envenenado bajó la guardia, y eso que era consciente del riesgo que corría. Solía decir que reconocería a un asesino a una milla de distancia Potencias como el Reino Unido ya no se ocupan demasiado del contraespionaje. El MI 5 británico sólo dedica un 6 por ciento de su presupuesto a esa tarea una capilla lateral del Brompton Oratory, una iglesia católica cercana a los almacenes Harrods. Hoy no hace falta tanto sigilo para quienes desean pasarse información confidencial, y Litvinenko se reunió con sus confidentes el 1 de noviembre, el supuesto día de su envenenamiento, primero en un elegante hotel del centro de Londres y luego en un restaurante japonés del turístico Piccadilly Circus. La cuestión es que potencias como el Reino Unido ya no se ocupan demasiado del contraespionaje, que centraba toda la atención de los servicios secretos interiores. El MI 5 británico sólo dedica un 6 por ciento de su presupuesto a esa tarea. No es que haya menos espionaje extranjero al que controlar aquí, sino que estamos siendo más selectivos en los casos prioritarios indicó hace un tiempo la responsable del MI 5, Eliza Manningham. Ante la amenaza del terrorismo islamista, poco importa que una treintena de espías se cuenten entre el personal de la Embajada de Rusia en Londres, según estimaciones de algunos expertos. También Litvinenko habría bajado la guardia, quizás no tan entrenado como antaño, y eso que era consciente del riesgo que corría. Me dijo que estaba seguro porque reconocería a un asesino a una milla de distancia; ha sido víctima de su propio orgullo comenta Gordievsky. Atrás quedan diez años de confrontación con Putin. A finales de los 90, el entonces teniente coronel del FSB, donde entró a los 26 años tras un periodo en el Ejército, se enfrentó a quien era el máximo jefe del KGB por no combatir suficientemente la corrupción (Pasa a la página siguiente)