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26 11 06 EN PORTADA El presidente ruso, Vladimir Putin, entrena su puntería durante su visita, el 8 de noviembre pasado, a la sede de la Central de Inteligencia en Moscú AFP Espías Destino venenoso POR EMILI J. BLASCO LONDRES L a Guerra Fría fue dada por concluida con la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento del bloque del Este, pero los espías siguen existiendo e incluso campan a sus anchas ante el menor presupuesto que los países occidentales dedican al contraespionaje, al centrar sus esfuerzos en la amenaza terrorista internacional. Las circunstancias cambian, pero no los métodos, y un misterioso veneno, o un cóctel letal indeterminado, volvió a ser utilizado para quitar de en medio a alguien incómodo. El ex agente ruso Alexander Litvinenko ha pagado con una muerte lenta- -23 días de calvario desde los primeros vómitos al progresivo mal funcionamiento de sus órganos vitales y un definitivo ataque al corazón- -sus ácidas críticas a Moscú. Las escasas fuerzas que le quedaron los últimos días en una cama de la UCI del hospital del University College de Londres, fueron para levantar el dedo y señalar al Kremlin, acusación que éste rechaza como una tontería delirante ¿Un castigo ordenado por Vladimir Putin para acallar a uno de sus críticos más activos? ¿Un ajuste de cuentas de antiguos camaradas de Litvinenko en los laberintos del viejo KGB, que le pagan así su sonada deserción hace seis años? ¿Una acción preventiva ante la información que el ex espía estaba obteniendo sobre los asesinos de la periodista Anna Politkóvskaya? ¿Una operación de la mafia rusa contra el nutrido círculo de disidentes, varios de ellos millonarios, que viven exiliados en la capital británica? Sea lo que fuere, quizás todo eso a la vez, es posible que nunca llegue a saberse. ¿Y el veneno? Las últimas sospechas apuntan al polonio 210, un elemento altamente tóxico; en Londres hay psicosis, pues se ha encontrado un rastro radiactivo en el último bar donde estuvo la víctima. Roces diplomáticos Pero más allá de los detalles de la investigación abierta por Scotland Yard, aún sin sustantivos avances, el caso sugiere dos cosas, según han destacado diver- A Litvinenko no le ha valido de mucho que el mes pasado se le concediera la nacionalidad británica. Los enemigos de Vladimir Putin ya no se encuentran a salvo en Londres sos analistas los últimos días. Una es que tal vez sea la primera acción punitiva en el extranjero del Buró Federal de Seguridad (FSB) la central interior de inteligencia rusa (una de las dos sucesoras del KGB; la otra es el SVR, el Servicio de Inteligencia Exterior) después de que en julio la Duma rusa aprobara una ley para permitir que el FSB persiga los enemigos el Estado ruso allí donde se encuentren escondidos. La otra es que, si esto es así, indicaría que el presidente Putin estaría dispuesto a más de un roce diplomático con los países occidentales, y ello porque se encuentra en una posición de fuerza debido a las necesidades que éstos tienen de sus suministros energéticos. Esto es lo que temen los enemigos de Putin que hasta ahora se creían a salvo en Londres. A Litvinenko, por ejemplo, no le ha valido de mucho que el mes pasado se le concediera la nacionalidad británica. Tiempo atrás, tanto él como su vecino Akhmed Zakayev, otro destacado refugiado ruso, sufrieron el ataque de un cóctel molotov contra la mutua fachada de sus viviendas. El envenenamiento supone ahora una escalada. En la Federación Rusa, el entonces coronel del FSB Litvi-