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19 11 06 GENTE BEATRIZ CORTÁZAR Al punto Bellucci o la mujer de rouge Joaquín Cortés, más simpático que otras veces, entre Mónica Bellucci, la reina de la noche, y Marisa Jara, su novia lucinada es como se quedó la italiana Monica Bellucci al comprobar el despliegue que se había organizado en Madrid para recibirla en la cena de gala que se celebró en La Bolsa. Si no fuera porque la lluvia aguó su entrada triunfal, todo hubiera sido perfecto. Desde Italia se trajo un maserati rojo para que Bellucci llegara cual novia ante el día más importante de su vida. Pero llovía demasiado como para que esa imagen quedara inmortalizada. Salvando las distancias, pasó lo mismo que en la boda de los Príncipes. Doña Letizia contemplaba por el cristal del coche cómo el cielo de Madrid inundaba las calles de agua y Bellucci vivía algo parecido, sólo que con los labios pintado del nuevo carmín de Dior y la noche engalanada de rojo para darle la bienvenida. En la boda real fue Pascua Ortega y su equipo quien decoró las calles de la capital con centros de flores y estandartes del enlace. Esa noche, un equipo francés viajó a la capital para iluminar en rojo algunos de los edificios más emblemáticos, como la Puerta de Alcalá o la Cibeles, tal y como hicieran en París con la Torre Eiffel o el Arco del Triunfo. JULIÁN DE DOMINGO A Invitado sorpresa Pero el derroche de Madrid ganó a París en lo que a convocatoria se refiere. Beatriz de Orleáns y María Cerezo se encargaron de animar unas mesas que se engalanaron con los mismos centros de flores que ya se lucieron en París la semana anterior en otra fiesta Dior y que consistían en unos jarrones altísimos de cristal con orquídeas... ¡falsas! que sorprendieron a los acostumbrados a que lo natural es obligado sobre todo en adornos florales. Otra sorpresa fue que Bellucci compartiera mesa con el actor Edward Norton, que estaba en Madrid para promocionar su última película y se apuntó al sarao en cuanto le convidaron (supongo que María, la hija del productor Enrique Cerezo, tuvo algo que ver) Y allí fue hecho un pincel mientras el bailarín Joaquín Cortés lucía un esmoquin impecable en terciopelo brocado y su novia, Marisa Jara, un Dior en color vino a juego de sus sensuales labios que con tanto énfasis maquilla. Simpática, cercana, natural y enamorada, a Marisa se debe que Cortés ya no arrugue el ceño cada vez que ve a los reporteros y hasta sonría como antaño cuando le piden que pose ante las cámaras. No sé porqué pero me viene a la cabeza ese anuncio radiofónico que promociona un estimulante con el lema de que si tu vida sexual está bien, el resto de los problemas no tienen importancia. ¿Y a la inversa? Radiante y con un escotado vestido apareció la auténtica reina de la velada, Carmen Martínez Bordiú, que no llegaba de bailar pero sí del brazo de su nueva representante. Carmen ha cambiado su look y está dispuesta a someterse a todos los cambios que su ánimo le pida a pesar de las críti- cas y los comentarios que despierta. Con la sonrisa franca (uy) y sin su José Campos del alma demostró que es una mujer de mundo y con tablas suficientes como para animar una mesa por muy diferentes que sean sus comensales. ¿Dónde está José Campos? Si su presencia no me chocó, puesto que Carmen sabe muy bien dónde quiere ir y cuándo tiene que estar, lo que sí me empieza a resultar más que llamativo es la desaparición de su marido desde hace unas semanas. Campos no se quedó satisfecho tras su experiencia televisiva en el programa El primero de la clase y tuvo que ver cómo su debut en la pequeña pantalla quedaba fuera de la parrilla por poca audiencia. A eso se sumaron las críticas, los ataques del ex cuñado de su mujer, Jimmy Giménez Arnau, y el lío que se montó en TVE por su elevado caché. Desde entonces se ha refugiado en su Santander del alma y ya ni responde a las llamadas. Amenazó con retirarse definitivamente de los ruedos mediáticos pero no creí que llegara a ese punto. No sé, no sé... algo ha cambiado en la vida de Campos, que ahora se queda en la retaguardia mientras su Carmen se viste de tiros largos y se centra en su baile. Una impresionante exposición de los relojes Audemars Piguét con el título El arte de los relojes de las complicaciones fue el motivo por el que el palacete de la plaza del marqués de Salamanca