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19 11 06 VIAJES Patagonia Postales del fin del mundo Arriba, el pico Sarmiento al atardecer. Sobre estas líneas, el glaciar Águila, en el seno De Agostini (Viene de la página anterior) de rojo las nieves del pico Sarmiento. Una suerte: la espectacular pirámide con dos cuernos suele hacerse de rogar. Visible incluso desde Punta Arenas, dicen los lugareños que la montaña logra desembarazarse de las nubes apenas diez o doce días al año. Quizás ha heredado el sino del explorador español del que tomó el nombre: Pedro Sarmiento de Gamboa. Antes de que Sarmiento surcara estas aguas y se escribiera su desventura, el portugués Fernando de Magallanes le había vendido su proyecto a la Corona española: se podía llegar a las Indias buscándole las vueltas al continente americano. La expedición que logró la primera circunnavegación de la Tierra zarpó de Sanlúcar de Barrameda en 1519 y regresó el 6 de septiembre de 1522 al mando de Juan Sebastián Elcano, ya que Magallanes falleció en una con- tienda con una tribu en Filipinas. Embarcaron 237 tripulantes en cinco naves y llegaron 18 supervivientes a bordo de la nao Victoria. Cuando atravesaron el estrecho los aventureros vieron las fogatas que encendían los aborígenes en la costa, y en consecuencia bautizaron el novísimo mundo como Tierra del Fuego. En 1579 Sarmiento llegó al Estrecho de Magallanes para ajustar cuentas con Francis Drake; no lo encontró, pero tuvo una idea: crear una serie de asentamientos para fortalecer la presencia española en aquellas tierras. Por desgracia, el proyecto se torció: en uno de sus viajes a España buscando ayuda para los colonos fue apresado por piratas ingleses y conducido a Londres. En aquella época se cotizaba tanto el oro como los mapas, y el navegante español llevaba unos cuantos. Liberado por Isabel I de Inglaterra tras arduas negociaciones, su carruaje fue interceptado por los franceses, que lo mantuvieron prisionero cinco años más. Felipe II pagó el rescate en 1590. Demasiado tarde. Durante este tiempo, el corsario Thomas Cavendish recaló en la Ciudad del Rey Felipe, una de las colonias fundadas por Sarmiento en el desolado paraje patagónico. No tuvo nada que robar. Sus habitantes habían muerto de frío e inanición. Cavendish sólo encontró a un individuo ahorcado en un árbol. Rebautizó el lugar como Puerto Hambre, y así se ha quedado para los restos. Puerto Hambre, Canal Beagle, Cabo de Hornos, Pasaje de Drake, Estrecho de Magallanes, Tierra del Fuego, Bahía Desolada, Faro del Fin del Mundo... Aquí los nombres pesan más que en otras partes, sin duda por las historias que se prenden a los paisajes dándoles su verdadera dimensión, obligando al visitante a imaginar las peligrosas travesías de antaño, cuando el mundo era más grande e incógnito.