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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE Las cumbres de la cordillera Darwin se miran en las tranquilas aguas del seno De Agostini en dirección al Océano Pacífico. Una tormenta lo arrastró hacia el sur y descubrió que Tierra del Fuego no era un nuevo continente como se creía, sino una isla. Es decir, había una alternativa a la ruta tradicional Sol, niebla, lluvia, granizo... Schouten aprovechó una tregua entre el cielo y el mar y dobló el cabo, al que llamó Hoorn en honor al pueblo en que nació; luego, por esas cosas del lenguaje, pasó a denominarse Hornos. Los años sembraron de pecios las profundidades de alrededor. Un monumento y un poema recuerdan a los marinos muertos, cuyas almas olvidadas vuelan en las alas del albatros en la última grieta de los vientos antárticos Hay un faro con su farero. Vive con su mujer y su hijo de cinco años. Tienen televisión, internet y, sobre todo, valor. Una noche llamaron a su puerta. Esto le puede ocurrir a cualquier persona en cualquier lugar del mundo, pero... ¿en Cabo de Hornos? Era un tipo que había llegado en canoa desde Punta Arenas. Da la impresión de que en estas latitudes la gente es capaz de hacer cualquier cosa, y que la locura es tan práctica como una carta de navegación. La Antártida queda casi a tiro de piedra: 650 kilómetros al sur cruzando el Pasaje de Drake, donde suelen pintar bastos. Fue descubierta en 1820, lo que habla de las dificultades para desenvolverse en la zona; pero ésa es otra historia. inframundo. No se ve un alma. Si las hubo, ya no están. Los patagones, esos indios de dos metros de altura que alimentaron la imaginería de los primeros exploradores, se quedaron para siempre habitando en la leyenda; a otros, más reales, no les fue mejor. Los cazadores tehuelches (solían medir entre 1 80 y 1 90 metros... ¿serían estos los famosos patagones? Los polígamos y comerciantes onas. Los pescadores yámanas, capaces de llegar en canoa al Cabo de Hornos. Los alcalufes, nómadas marinos... Todos extinguidos, o casi, a causa de las enfermedades introducidas por el hombre blanco, de la persecución y las matanzas. En Puerto Williams vive la anciana doña Cristina, la última de las yámanas. No tiene una gran opinión de Darwin: para el científico, los aborígenes eran infrahumanos que ladran y gruñen Flaco favor les hizo. Quizás era muy joven e inexperto cuando pasó por aquí. Canal Beagle Las zodiac avanzan con precaución entre gigantescos cubitos de hielo desprendidos del glaciar Pía, en el brazo noroeste del Canal Beagle. El viaje milenario de esa lengua azul nos habla de que nada es inamovible en este mundo, ni siquiera las cosas que viven con reloj geológico. Algún día, esos imponentes glaciares dejarán de existir. Nosotros no lo veremos, ¿verdad? pregunta ingenuamente una pasajera de la lancha. No, aunque ya están en cuarto menguante, menos poderosos que cuando los contempló Charles Darwin en 1831. El biólogo inglés que sentó las bases de la teoría de la evolución se enroló, a los 22 años, en el barco de reconocimiento HMS Beagle, capitaneado por Robert Fitz Roy, para emprender una expedición alrededor del mundo que duraría 5 años. Había interés científico, pero los ingleses buscaban también su propio paso. Lo encontraron: el Canal Beagle se extiende a lo largo de 180 kilómetros comunicando el Atlántico con el Pacífico. Aquí y Un mundo acaba en Ushuaia, pero otro empieza allá ríos de hielo bajan desde la cordillera Darwin desgajándose en su encuentro con las espumas marinas. El avance de la nave cortando la bruma en la Avenida de los Glaciares tiene algo de sobrenatural: cualquier marino supersticioso pensaría que está en plena travesía del Estigia hacia el Estrecho de Magallanes En la bocana del seno De Agostini, enfilando hacia el Estrecho de Magallanes, los petreles, alcatraces y gaviotas planean tras la popa del barco. El crepúsculo tiñe (Pasa a la página siguiente)