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19 11 06 VIAJES Sur de Patagonia Postales del fin del mundo El mito habita al sur del sur, donde aún es lícito hablar de terra incognita En esas soledades se citan el Atlántico y el Pacífico y se oyen los ecos de Magallanes, Drake, Sarmiento, Schouten, Darwin y otros exploradores. Hemos navegado tras su estela TEXTO: MIGUEL ÁNGEL BARROSO FOTOS: IGNACIO GIL INFOGRAFÍA: CARLOS G. SIMÓN l cartel sugiere una estación término, pero a Ushuaia, el fin del mundo le ocurre lo que a otros lugares fronterizos: está en el final de algo... y en el principio de otro algo. El 12 de octubre cumplió 122 primaveras australes y presume de ser la ciudad más meridional del planeta- -la chilena Puerto E El albatros espera en Cabo de Hornos: un monumento a los marinos muertos Williams le disputa el título, aunque los argentinos dicen que no es una ciudad, sino un pueblo- El visitante no sabe si amarla u odiarla: es la mejor lanzadera a Tierra del Fuego y a esa terra incognita que se extiende hacia Cabo de Hornos y más allá, hasta el inhóspito desierto de hielo, pero es también la ameba que se pega a las últimas cumbres del espinazo andino, una urbe que crece sin orden ni concierto- -con barrios que se llaman las 200 viviendas las 640 viviendas -y que se ve incapaz de frenar el aluvión. El gobierno argentino proyectó Ushuaia como una colonia penal a principios del siglo XX: una forma como otra cualquiera de asentar sus reales en un territorio sin un claro dueño. Aquí expiaron sus pecados tipos tan poco recomendables como Roque Sacomano, que asesinó a una telefonista al confundirla con una prostituta; o Simón Radowitzky, un anarquista de origen ruso que mató a un comisario arrojando una bomba dentro de su coche; o Cayetano Santos Godino, más conocido como el Petiso Orejudo un psicópata que se descolgó con estas declaraciones: Muchas mañanas, después de los rezongos de mi padre y de mis hermanos, salía de casa para buscar trabajo. Como no lo encontraba, me entraban ganas de matar a alguien; si encontraba a algún chico me lo llevaba y lo estrangulaba En 1927 se le realizó cirugía estética en las orejas aladas pues se pensaba que su maldad residía allí; hay quien sostiene que le volvieron a crecer. Murió en 1944; según las mismas fuentes, por una paliza cortesía de otros internos. El presidio, clausurado tres años después, se puede visitar, pero la mayor atracción de la ciudad está fuera de ese viejo edificio de piedra donde deambulan fantasmas; tampoco se encuentra en las librerías, restaurantes y tiendas de recuerdos de la calle San Martín. Ushuaia es, sobre to- do, la promesa de un viaje: llegas y ansías marcharte hacia ese territorio todavía no domesticado, donde los grandes océanos del planeta se encuentran poco amistosamente, donde los glaciares esculpen los valles del futuro entre afiladas montañas. Y sin embargo, el sur de la Patagonia no es sólo un paisaje. Es, sobre todo, un estado de ánimo. Sus aguas fueron surcadas por exploradores que se jugaban la vida al doblar cada codo marítimo, y sus historias escritas en el dorso de las postales admiten poca competencia. Cabo de Hornos Las cuatro estaciones en un día. Algo así debió de pensar Willem Schouten cuando llegó a esta isla barrida por las tempestades en 1616. Buscaba una ruta alternativa para sortear el monopolio de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, que utilizaba las únicas vías conocidas para llegar a los destinos asiáticos: el Estrecho de Magallanes y el Cabo de Buena Esperanza. El navegante holandés seguía una pista: años antes, en 1578, Francis Drake, durante su circunnavegación del globo- -con patente de corso de Isabel I de Inglaterra para tocar las narices a la flota española- cruzó el Estrecho de Magallanes