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19 11 06 CLAVES DE ACTUALIDAD Slow La moda de la vida lenta Poco a poco, sin prisa pero sin pausa, el movimiento slow que promueve la desaceleración del ritmo de vida moderno, tiene cada vez más adeptos en todo el mundo. Ésta es su filosofía POR PEDRO TOUCEDA n las puertas de los antiguos vagones del Metro de Madrid había varias leyendas con distintas recomendaciones para que los viajeros transitaran sin grandes sobresaltos por ese ajetreado mundo subterráneo de andenes estrechos y apreturas matinales. Pero, entre todos esos consejos, uno caló especialmente en los pasajeros: Ante todo, mucha calma El éxito de la frase, sin duda, atendía más a que podía extenderse a un amplio abanico de situaciones, que a su uso, pues ni antes ni ahora la gente deja salir antes de entrar en los vagones, ni guarda esa calma proverbial que se aconsejaba. Desconocemos quién la ideó y si nació aquí o vino importada de otras metrópolis, pero, desde luego, ilustra perfectamente la esencia del movimiento slow una tendencia que surgió en el ámbito gastronómico de la mano del italiano Carlo Petrini, hace veinte años, y que se ha ido extendiendo después a otros campos y a los países más dispares del mundo. Todo comenzó en 1986, al conocer Petrini los planes de apertura de un McDonald s cerca de la plaza de España de Roma. Este amante de la buena cocina organizó una protesta contra la homogeneización a la que nos estaba llevando, a toda prisa, la comida rápida. Poco después nació en Italia Slow Food (comida lenta) un movimiento cuyo anagrama es un caracol y que, veinte años después, ya cuenta con cerca de 90.000 seguidores en más de cien países, y que preconiza el derecho a saborear la comida y, por extensión, la vida. Tras la publicación el año pasado del libro Elogio de la lentitud de Carl Honoré (RBA) el fenómeno ha tomado un nuevo impulso. Lo slow se ha convertido para algunos en una manera de E vida alternativa que abarca desde la educación y la familia hasta las denominadas ciudades slow donde la prisa y el agobio no son bien recibidos. Si uno aplicara la filosofía slow a rajatabla, por supuesto que este reportaje se publicaría dentro de una semana o de un mes, como nos asegura alguno de los adeptos al movimiento con los que hemos intentado hablar lo antes posible Para C. L. Claridge, de Slow Movement, una de las muchas asociaciones de esta corriente que existen en el mundo, todo responde a la creciente insatisfacción que provoca la desconexión con nuestras raíces. La vida moderna nos ha provocado una ruptura en la conexión con nuestra comida, con nuestro cuerpo, con nuestra comunidad, con el lugar donde vivimos, con nuestro entorno natural... El Slow Movement es un movimiento informal para intentar cambiarnos la vida y para apoyar a otros que desean hacer lo mismo. Sociedad del malestar Aunque esta tendencia tiene un cierto aire utópico y proclama algunas teorías cercanas a la contracultura, sus seguidores no son hippies hijos de papá que buscan nuevas experiencias, sino gente que se ha dado cuenta de que la existencia debe tener otro ritmo, otro tempo que, al final, la sociedad del bienestar se ha convertido en la del malestar porque nos obliga a necesitar cada vez más tiempo, a ir más deprisa. Hay muchos aspectos diferentes en el asunto de vivir despacio, y no sólo atañe a las comidas o a las Todo comenzó a mediados de los ochenta, cuando Carlo Petrini, un italiano contrario a la fast food (comida rápida) sentó las bases de la slow food (comida lenta)