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12 11 06 CLAVES DE ACTUALIDAD ¿Diferentes? Grandes simios, primos hermanos Se besan, se cogen de la mano, se hacen cosquillas, conocen la alegría y la desesperación. Incluso coincidimos en comportamientos de dudosa nobleza, como la mentira o la guerra con grupos rivales TEXTO: PILAR QUIJADA o somos a fin de cuentas tan distintos del resto del reino animal como solíamos pensar. La línea que separa al hombre de las bestias se difumina. Los chimpancés y demás grandes simios (gorilas, bonobos y orangutanes) son un puente vivo entre nosotros y ellas las bestias, lo que nos obliga a evaluar de nuevo nuestra relación con el resto del reino animal y en especial con los grandes simios Son palabras de la etóloga británica Jane Goodall- -Premio Príncipe de Asturias 2003 de Investigación- avaladas por sus treinta años dedicados al estudio de los chimpancés, nuestros parientes vivos más cercanos en el reino animal. N Parientes con los que compartimos características que nos gusta considerar humanas Basta ver su capacidad para aprender mediante la observación y la imitación. Sus gestos afectuosos: se besan, se abrazan, se cogen de la mano, se hacen cosquillas y ofrecen consuelo a sus semejantes. Algunos, como los bonobos (chimpancés pigmeos) exhiben rituales amorosos que nada tienen que envidiar a los nuestros. Conocen también la alegría, la tristeza, el temor o la desesperación. Incluso coincidimos en comportamientos menos nobles, como mentir o entablar largas guerras con grupos rivales para dejar clara nuestra superioridad. Los estudios de ADN han confirmado una gran proximidad genética entre los grandes simios y nosotros: con los chimpancés tenemos en común el 98,6 por ciento del genoma; y con los gorilas, el 97,7. Que una diferencia aparentemente tan pequeña pueda ser responsable de una ventaja tan grande a nuestro favor se debe a que hay unos cuantos genes críticos que determinan, sobre todo, la expansión del cerebro, y en especial de la corteza prefrontal, de gran tamaño en los seres humanos. No se trata sólo de diferencias cuantitativas sino cualitativas: es importante si esos genes son más o menos activos, en qué momento funcionan y si tienen tareas reguladoras o de mando sobre los demás explica a ABC Ignacio Morgado Bernal, catedrático de Psicobiología de la Universidad Autónoma de Barcelona y miembro del equipo de dirección del Instituto de Neurociencias de la UAB. Por azar evolutivo esa escasa diferencia del 2 por ciento nos ha dotado de facultades intelectuales mucho más refinadas. Aunque para algunos se trata únicamente de una diferencia de grado, que demuestra que incluso las cualidades que consideramos más nobles y que nos definen como humanos están sometidas al precepto de continuidad evolutiva descrito por Darwin. Y si no, que se lo pregunten a Happy, la elefanta que la pasada semana nos sorprendió con su capacidad de reconocerse en el espejo, hasta ahora exclusiva de simios, delfines y humanos. Y es que, aclara Morgado, la evolución es ante todo conservadora, al integrar lo nuevo en lo viejo. El cerebro no funciona como una gran empresa donde los viejos sistemas informáticos se sustituyen por otros más modernos. Como nunca se ha podido parar la progresión evolutiva, la estrategia ha consistido en añadir estructuras nuevas a las ya existentes. Los animales más primitivos funcionan por instintos o pautas fijas de acción. Después se añadieron las motivaciones (hambre, sed, sueño y conductas sexuales) Más tarde las emociones. Y por último, la razón. A la vista de esta perspectiva integradora, no es extraño que tengamos tantas semejanzas con los animales que nos preceden en la escala evolutiva Aunque los grandes simios son capaces de utilizar el lenguaje de los signos con una destreza lingüística comparable a la de los niños de dos o tres años, es precisamente esta potente herramienta la que más nos diferencia de nuestros parientes. El lenguaje hablado no es sólo un medio de co- En los grandes simios los lazos familiares son estrechos, afectuosos y, como los nuestros, duraderos AFP Aunque usan el lenguaje de los signos con la destreza de un niño de 3 años, nuestra gran ventaja sobre los simios está en el lenguaje hablado y la flexibilidad para adaptarnos