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5 11 06 EL LIBRO PREPUBLICACIÓN Universo para todos los públicos Los secretos del cosmos parecen inabarcables para el ser humano. Pero el cielo estrellado ha cautivado al hombre desde los albores de su existencia. Hemos interrogado ese cielo. Lo hemos convertido en el hogar de la mayor parte de nuestros dioses; hemos intentado, desde lo sacro a lo científico, saber sobre unos lugares remotos a los que físicamente no podemos llegar Título: Hablemos de Ciencia Autor: José Manuel Nieves Editorial: Edaf Colección: Conversaciones de Ciencia Páginas: 344 Precio: 24 euros Fecha de publicación: 8 de noviembre xiste, que se sepa, por lo menos otra clase de materia, y tan distinta de la ordinaria (de la cual estamos todos hechos) que resulta incompatible con ella. Se trata de la antimateria. La antimateria es, aparentemente, idéntica a la materia normal No se puede distinguir a simple vista. Pero, cuidado, es solo una apariencia... Si un átomo de antimateria entrara por casualidad en contacto con otro de materia, ambos se aniquilarán en una fuerte explosión de energía. Si un hombre pusiera pie en un planeta hecho de antimateria, se desintegraría al instante. Un famoso experimento de física consiguió hace ya algunos años producir el primer átomo de antimateria creado en laboratorio. Se trataba de antihidrógeno y sobrevivió, antes de aniquilarse, durante un breve lapso de tiempo, apenas una fracción de segundo. Algunas teorías postulan universos completos hechos de antimateria. universos que, si alguna vez llegaran a entrar en contacto con el nuestro, provocarían un cataclismo cósmico como jamás se ha visto. Otras extrañas partículas han sido detectadas o predichas por los cálculos de los teóricos. Partículas capaces de viajar en el tiempo o, como los taquiones, de moverse mucho más deprisa que la luz. ¿Existen realmente? ¿Nos depara el universo muchas más sorpresas en este terreno? Todo parece indicar que sí. Una de las sorpresas más recientes nos ha permitido precisamente conocer un poco más sobre la composición íntima del universo. El 30 de junio de 2001, la NASA lanzaba al espacio un satélite de 4 metros de alto por cinco de ancho y 840 kg de peso. El ingenio, llamado WMAP (Wilkinson Microwave, Anisotropy Probe) tenía como objetivo realizar un mapa muy especial: un mapa que abarcara la totalidad de todo lo que existe, todo el universo. Un antecesor suyo, el satélite COBE, también lanzado por la NASA, había E logrado, ya en 1992, medir con gran exactitud una serie de ligeras variaciones de temperatura (llamadas anisotropías) en el universo primitivo. Fue un gran hallazgo, ya que precisamente alrededor de esas pequeñas irregularidades térmicas pudieron ir tomando forma las grandes estructuras, como las galaxias, que podemos ver en la actualidad. Aquella imagen del COBE (una especie de huevo cósmico con manchas y franjas de color) dio la vuelta al mundo como la primera foto que existe del conjunto del universo Como reconocimiento a las aportaciones excepcionales de este satélite científico, sus dos investigadores principales, John C. Mather y George F. Smoot, han compartido el Nobel de Física de 2006. Ahora, con una capacidad de resolución mil veces superior, el WMAP ha conseguido revelar detalles allí donde COBE solo mostraba manchas difusas. El nuevo satélite, inicialmente lanzado para una misión de 27 meses, ha sido capaz de hacer un retrato mucho más preciso que su antecesor y captó, con toda claridad, la primera luz emitida por el universo o, para ser más precisos, los primeros rayos luminosos que consiguieron viajar libremente por el espacio, apenas 380.000 años después del big bang. En otras palabras, WMAP consiguió fotografiar el brillo mismo de la Gran Explosión. Los patrones grabados en esa luz primigenia contienen toda la información necesaria para averiguar las condiciones de aquél universo recién nacido. Condiciones que fueron las semillas a partir de las cuales pudo desarrollarse todo lo que hoy, miles de millones de años después, podemos ver cuando alzamos la vista al cielo. La gran receta José Manuel Nieves es jefe de la sección de Ciencia y Futuro de ABC Por increíble que parezca, a partir de los datos de WMAP los científicos han podido aventurar una explicación para ese 96 de masa universal que hasta ahora escapaba a nuestra comprensión. Así, al exiguo 4 de materia ordinaria del universo podemos sumar ahora otro 22 más. Un porcentaje constituido por lo que se ha dado en llamar materia oscura Dicha materia, además de invisible para nosotros (de ahí su nombre) resulta ser intrínsecamente diferente a la materia constituida por átomos. Además, al no radiar luz ni radiación como la materia ordinaria, resulta indetectable por los instrumentos convencionales. Su presencia solo puede adivinarse midiendo los efectos gravitatorios que produce. Todo un paso adelante, pero muy lejos de ser suficiente. De hecho, incluso sumando toda la materia ordinaria (4 con toda la materia oscura (22 apenas si conseguimos avanzar unos pasos más y reunir un 26 del total del universo. El 74 restante, es decir, la mayor parte de él, sigue siendo un misterio. Según los datos recogidos por WMAP ese enor, me porcentaje que queda por clasificar estaría constituido por una misteriosa forma de energía, bautizada como energía oscura de la que muy poco se sabe aún, salvo que actúa como una suerte de fuerza antigravitatoria que parece ser la responsable del actual estado de expansión del universo. Algunas teorías postulan universos completos hechos de antimateria, que si alguna vez entraran en contacto con el nuestro provocarían un cataclismo cósmico Un satélite ha sido capaz de captar la primera luz emitida por el universo: los rayos luminosos que viajaron por el espacio apenas 380.000 años después del big bang La edad del universo Mirar el cielo es, literalmente, mirar al pasado. Y eso es así por una razón sencilla: la velocidad de la luz no es infinita. A sus casi trescientos mil kilómetros por segundo (299.792.458, para ser exactos) los rayos lumino-