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5 11 06 EN PORTADA EE. UU. Cambio y continuidad POR ALFONSO ARMADA i a las encuestas se les puede seguir concediendo el beneficio de valiosa herramienta prospectiva, a la mayoría republicana que controla el Congreso de EE. UU. parece haberle llegado su hora. Si así fuera, los demócratas- -más por demérito ajeno- -recuperarán en las elecciones del martes parte del poder legislativo perdido. El matrimonio por interés que Bush trabó entre conservadores sureños- -evangélicos y socialmente activos- -y del oeste- -apóstoles del gobierno mínimo, menos impuestos y libertad personal- -se resquebraja. Los republicanos pensaban que ese contrato amoroso era tan sólido que su poder estaba garantizado. Según S naturales, sino también en el votante tradicional republicano. Para ello no han dudado en echarse a la derecha han atraído a candidatos conservadores que puedan darles la victoria, y lo han hecho desde Carolina del Norte (con figuras como Heath Shuler, jugador de rugby retirado, cristiano evangélico contrario al aborto) a Indiana (Brad Ellsworth, forofo de la recalcitrante Asociación Nacional del Rifle) o Colorado, Wyoming, Nevada, Arizona y Nuevo México, feudos de Bush donde necesitan hacerse con los pocos distritos en los que hay margen de maniobra para que un escaño cambie de manos. No será fácil, pues los republicanos han redibujado los distritos electorales para fracturar el voto urbano- -demócrata- -y ruralizar el sufragio. Desilusión evangelista El pastor Bill Leonard, decano de la Divinity School, facultad de teología de la Universidad de Wake Forest, en Carolina del Norte, considera que el país se mueve hacia el centro y en algunos ámbitos hacia la izquierda. Pero no se sabrá su calado hasta las elecciones presidenciales. Veo una gran desilusión, y un creciente sentido crítico y división en las distintas confesiones religiosas- -incluso entre los evangelistas (espina dorsal del respaldo presidencial) -sobre cuál debe ser el papel de la religión en la sociedad. Algunos creen que se ha ido demasiado lejos a la hora de involucrarse en política. Pero es evidente que el país se ha vuelto muy conservador, especialmente tras el 11- S. Aunque la mayoría, ahora, está cansada de esa agenda conservadora extrema Leonard recuerda cuándo los demócratas empezaron a perder el apoyo en el sur: Cuando el presidente Lyndon B. Johnson puso en práctica los derechos civiles. Era consciente, y así lo dijo, de que iba a perder el sur para el Partido Demócrata durante décadas Aunque las grandes corporaciones suelen dar dinero a los dos grandes partidos- -los grupos de presión forman parte de las consagradas excentricidades americanas- -los vencedores son siempre más sexys Con las encuestas soplando a su favor, los demócratas han visto cómo aumentaba el caudal de dólares hacia sus arcas. Según cálculos del New York Times entre enero y septiembre los comités de acción política de las corporaciones dieron un 67 por ciento de sus aportaciones a los republicanos, frente a un 33 por ciento a los demócratas, mientras que en octubre la cuota republicana se redujo al 57 por ciento y la demócrata subió hasta el 43 por ciento. Ojalá que el martes cambien las cosas, pero no le tengo mucha confianza a los demócratas admite Edith Grossman, traductora de autores como Gabriel García Márquez, que ha coronado una vida dedicada a verter grandes obras del español al inglés con su celebrada versión del Quijote. Para Grossman, los demócratas no saben qué hacer con las oportunidades. Desde que Reagan llegó a la presidencia en los ochenta, el país se ha ido haciendo más y más conservador A explicar qué ha pasado en Estados Unidos en los últimos años se han dedicado dos pesos pesados de The Economist biblia liberal cada vez más influyente en la todavía hiperpotencia. Bajo el título de Una nación conservadora. El poder de la derecha en EE. UU. John Micklethwait y Adrian Wooldridge ofrecen pistas de lo ocurrido. No faltan paradojas, como el convencimiento de muchísimos republicanos de que el conservadurismo es un credo progresista de ahí que no hayan tenido miedo de hablar de una revolución conservadora Y aunque los republicanos sufran un revolcón el primer martes después del primer lunes de noviembre, sería osado pensar que el país se acostó el lunes conservador y se levantó el martes progresista. Peculiaridad americana La peculiaridad del ser americano va más allá de lo que en el Viejo Continente sirve para colorear el espectro político: republicano y demócrata tienen aquí connotaciones distintas, al igual que conservador (derecha) y liberal (izquierda) tienen en Europa, donde quien se proclama liberal es inmediatamente adscrito al bando del capital, y donde buena parte de las políticas que postulan no pocos demócratas serían de centro- derecha. Los intentos de crear un sistema sanitario universal han sido calificados de socialistas y la ONU es para no pocos un indeseable tumor en la ciudad menos americana de América. Recalcan Micklethwait y Wooldridge que más del doble de los estadounidenses se autodefinen antes como conservadores (el 41 por ciento) que como liberales (el 19 por ciento) EE. UU. tiene poco que ver con otros países ricos. En muchos de los asuntos que dividen al mundo se sitúa del lado conservador. Mantiene niveles más bajos de gasto gubernamental que otros países avanzados y niveles de desigualdad mucho más altos es la única nación desarrollada que no tiene un sistema sanitario universal financiado por el gobierno defiende el derecho a llevar armas, la pena de muerte y seve (Pasa a la página 4) Los muertos de Irak pesan como una deprimente losa en estas elecciones el análisis de Ryan Sager en su libro El elefante en la habitación la conquista republicana del sur fue una jugada maestra. Pero, para cimentar esa fidelidad, se dio a ese segmento donde campa la derecha más puritana todo lo que pedía, mientras que los conservadores del oeste- -más libertarios- -eran marginados El intervencionismo exterior no agrada ni a amplios sectores republicanos (incluidos los moderados: una especie en peligro de extinción) ni a los aislacionistas del Partido Demócrata, que exigen más atención a los problemas domésticos: la seguridad económica de los hogares se ha deteriorado y la proporción de estadounidenses sin seguro médico ha aumentado un 25 por ciento desde finales de los ochenta. Los estrategas demócratas, además de hacer estragos por el sangrante flanco de Irak, han trabajado el voto no sólo en sus caladeros