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Portada 06 La barrera de seguridad construida por Israel en torno a Gaza PEDRO UGARTE los investigadores y los médicos organizan sus cumbres; lo hace también cualquier asociación o grupo que se va a cualquier lugar del mundo. Todo tipo de especialistas se mueven en enjambres o bandadas a todas partes: ictiólogos, fabricantes de zapatos, galeristas o lingüistas. Incluso los climatólogos desarrollan una nerviosa actividad viajera. ¿Y qué decir de los poetas sin recursos? Tampoco ellos van a ser menos y lumpenizarse así que se juntan en cientos de simposios desde México hasta Nueva Zelanda. Quien descalifica esas excursiones tildándolas de exageraciones grotescas olvida que forma parte de otro enjambre o bandada mucho más grande: la de los turistas. Los viajes de vacaciones están considerados por todo el que sea parte de la clase media como un derecho humano inapelable e inalienable. Desde Edimburgo nos informan de que los quinientos mil habitantes de la ciudad se encuentran, en la época del Festival, con otros tantos visitantes que bloquean, día y noche, las calles, parkings, bares y pensiones. A la Oktoberfest de Múnich acuden más de seis millones de visitantes. Un caso muy especial es el de Venecia, cuyos puertos están saturados de cru- ceros gigantescos. No sólo hay enjambres o bandadas físicas, las hay también digitales, igualmente potentísimas. Se movilizan porque hoy todos podemos ver en la pantalla o en internet lo que pasa en lugares donde no estamos. El movimiento en bandada no depende ya de un influjo físico presencial: un emisor lejano basta como punto de atracción. tosos no pasa inadvertida a ningún paseante. No es fácil librarse de la sensación de que los miembros de la bandada o del enjambre sufren de bulimia. Quien habla de la fase de movimiento en bandada no puede guardar silencio sobre internet. Hace tiempo que sus evangelistas ven en la Red la solución de los principales problemas del futuro. Son muchos los que se han despedido ya, bien es cierPor contagio to que contra su voluntad, de Otra migración en bandada la esas esperanzas. Nadie sabe con forman los atascos diarios de exactitud cómo va a desarrolas ciudades y las autopistas. llarse este sistema nervioso absLa paradoja está en que esa ban- tracto y global de la civilización dada no se mueve. La masa de humana. En internet participan conductores se ve obligada a unos 3.000 millones de usuaestar parada durante horas con- rios, es decir, más del 40 por tra su voluntad porque las vías ciento de la población del placirculatorias mutan en aparca- neta. Es llamativo que pueblos mientos, estado cuyo final nun- perdidos o remotos, los habica es previsible. tantes de los más míseros suEn general, esta fase de mo- burbios y los refugiados dispovilización en bandadas se per- nen de móviles. Arreglárselas petúa y propaga, como todos los sin esos teléfonos no es una opcomportamientos gregarios, por ción para los inmigrantes. Los contagio. El instinto de imita- móviles no son para ellos un arción adopta, en esto, con fre- tículo de consumo corriente, cuencia formas ridículas y os- sino un bien tan vital para la sucuras. Cualquier pervivencia como zona peatonal deel agua o enconLA MOVILIDAD muestra el poder trar un techo que DE NUESTRA de ese instinto. La los cubra, y eso ESPECIE HA omnipresencia porque garantiALCANZADO de bombones zan la cohesión DIMENSIONES Mozart relojes de la bandada. PATOLÓGICAS EN Por lo demás, rede imitación y EL SIGLO XXI souvenirs espansulta difícil juz- gar el nivel de inteligencia de la bandada, que tanto se ensalza. A ella se refieren no sólo las redes sociales, dominadas por un puñado de grandes corporaciones que ganan dinero con la publicidad y la venta de datos de sus usuarios. Pero del potencial de la Red no viven ellas únicamente. En la Red florecen también innumerables foros, ONG y grupos de oposición, de autoayuda y de autodefensa, que se han formado en todas partes y donde la censura no actúa. Al mismo tiempo, braman en internet enjambres y bandadas de fanáticos, de denunciantes, de paranoicos, de predicadores del odio y de criminales de toda índole. Esto lleva a pensar que la famosa inteligencia colectiva del enjambre con todos sus hábitos refleja con bastante exactitud el estado intelectivo del género humano. La inteligencia del enjambre representa tanto a la chusma como a los héroes cotidianos, y no tiene en este sentido tampoco límites. Por lo demás, con el crecimiento de las bandadas se intensifica la vigilancia de los servicios secretos, cuyos colaboradores están al margen de cualquier control. También aumenta el número de prohibiciones y de impedimentos. Un indicio casi inofensivo de esa realidad son las barricadas que levantan las empresas de comunicación, como Correos o las compañías telefónicas, o los gigantes de la publicidad o de la transmisión de datos como Google, Facebook y Apple, para impedir cualquier comunicación con sus clientes Su meta es la inaccesibilidad. Las denominadas hotlines les sirven como alambradas. A vida o muerte No sólo desvergonzadas, sino amenazantes, son otras formas totalmente distintas de defensa frente a esos movimientos en bandada, en los que el juego es ya a vida o muerte. Elisabeth Vallet, una observadora de Montreal, publicó en 2014 una investigación sobre fronteras, vallas y muros. Pudo demostrar que, desde la caída del Muro de Berlín, el número de muros no sólo no ha disminuido, sino que ha aumentado en todo el mundo. La barricadización no se ha frenado o atenuado desde la guerra fría antes al contrario, se ha estimulado. Entre 1989 y 2014 se han levantado un mínimo de 6.000 kilómetros de constructos de ese tipo, en la frontera de Estados Unidos con México, pero también en Israel, la India y España. Arabia Saudí proyecta, al parecer, un muro de miles de kilómetros de longitud para protegerse de Yemen; Túnez planea fortificarse contra el caos libio; Estonia desea asegurar su frontera oriental