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ABC cultural SÁBADO, 28 DE JUNIO DE 2014 abc. es cultura- cultural cultural. asp 09 Ana María Matute en su casa de Barcelona en 2011 INÉS BAUCELLS la Guerra Civil le llevó a manejar una técnica más sofisticada, contrapuntística, con variaciones de tiempos narrativos. Inicia luego una trilogía que recorre la vida de una familia en diferentes etapas: Primera memoria (1959) Los soldados lloran de noche (1964) y La trampa (1969) De ellas la más interesante es Primera memoria, pues definió un estilo memorialístico sobre la infancia de una niña a la que le sorprenden los acontecimientos externos, que no comprende. Fondo violento El tema de la infancia lo retomará en su última novela publicada, Paraíso inhabitado (2008) Pero en Primera memoria no desarrolla apenas un ingrediente, el mundo de la fantasía, que será central en Paraíso inhabitado. Lo que hay de diferencias entre una y otra es debido precisamente a la experiencia y ruptura de estilo que supuso Olvidado ganado en OlviREGRESÓ AL rey Gudú, en la dado rey Gudú. PUEBLO DE SUS que Matute marEn Paraíso VERANEOS Y LO cha al mundo de inhabitado, una VIO SUMERGIDO niña, Adriana, las fábulas infanBAJO EL AGUA. tiles. En esta obra perteneciente a AHÍ NACEN SUS la fantasía se desuna familia acoCUENTOS borda hasta conmodada durante vertirse en un los años de la Secuento de hadas, gunda República, pero como ocurre en los cuen- se libera del desamor de sus patos infantiles, Matute no ocul- dres por el desarrollo de la fanta un desasosegante fondo de tasía. Pero si bien son muchos violencia. los ingredientes que recuerdan Primera memoria, su gran en Paraiso inhabitado a los de título de tintes autobiográficos su gran éxito de 1960, no ha pasobre el mundo de la guerra vi- sado en balde la literatura posvido indirectamente por unos terior de Ana María Matute por adolescentes, quedaba reduci- el canto que se hace a la imagido a un ámbito realista. Olvida- nación y a la fantasía de los do rey Gudú supuso la salida de cuentos, y en general a las ficese ámbito, para luchar por la ciones, hasta el punto de ser los fantasía como medio liberador. mecanismos liberadores que le Y Paraíso inhabitado podría ser quedan a esa niña encerrada en el precipitado de los dos mun- sí misma, fruto del desamor. dos: el externo se parece a Pri- Ese mundo está además vincumera memoria, al tratar la in- lado a la fuerza con que opera fancia de una niña, pero por sus la imaginación fantaseadora. desarrollos adeuda mucho a lo Las sinécdoques de ella son, por una parte, el unicornio dibujado en un cuadro, al que ella ve escapar; el cine, al que va con su padre una sola vez, y el teatrillo de marionetas, con el que aprende a jugar. Gracias a ellos Adriana va defendiendo su territorio hasta el final, aunque, como dice la última frase: Los unicornios nunca vuelven El gran desgarro Como cuentista, Ana María Matute da lo mejor con El río (1963) que reúne una especie de balance memorístico de su reencuentro con el pueblo de su infancia, Mansilla de la Sierra, al que regresa para verlo inundado por un pantano que ha hecho desaparecer no sólo sus casas: también ese río evocado en el título. Desde su dimensión autobiográfica, es importante para entender algunas claves que han originado el desgarro infantil, que da forma a casi todos los cuentos escritos por Matute, como si la etapa feliz de la infancia hubiese sido truncada, cercenada, inundada por una vida cruelmente distinta. Ana María Matute subrayaba ya en su primer libro, Los niños tontos (1956) que el desamparo, la angustia, las pesadillas, o simplemente la crueldad de los otros niños, pueden rodear al zagal tonto, a la niña solitaria por fea o al hijo de la lavandera, muerto a pedradas en una de las historias más desasosegantes del volumen. Pero no hay tremendismo, porque la autora avanza una tonalidad que muchos años después se llamaría impropiamente realismo mágico, y que tuvo su origen en los cuentos de la abuela, que ella subvierte a su manera. Lo tremendo de una tara o de una miseria lo hace contiguo a lo fantástico, y esa mixtura proporciona a los cuentos casi siempre un trasunto simbólico. J. M. POZUELO YVANCOS