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ABC cultural SÁBADO, 25 DE ENERO DE 2014 abc. es cultura- cultural cultural. asp 15 COMPORTAMIENTO AMORAL Dalí (abajo) de cuyo nacimiento se cumplen cien años, es uno de los personajes que más desagradan a Orwell. Reconoce en sus ensayos que es un buen pintor, pero un ser humano repugnante PERSIGUIENDO LA NOTICIA Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas escribió Orwell. Periodista además de escritor, trabajó para The Observer (arriba) y para la revista Tribune (a la izquierda, su acreditación de prensa) tica hacia la Rusia soviética: La BBC celebró el vigesimoquinto aniversario de la creación del Ejército Rojo sin mencionar a Trotski También la prensa inglesa de izquierdas recibe las críticas de Orwell; por ejemplo, en cómo cuenta la Guerra Civil española: Desacreditaba sin mayor miramiento a las facciones del bando republicano que los rusos estaban decididos a aplastar y rehusaba publicar cualquier palabra en su defensa, aunque fuese en forma de carta Orwell, que estuvo de parte del POUM, denunciaba los embustes de la prensa de izquierdas sobre los trotskistas y otras minorías del bando republicano. Ante todo, narrador La intelligentsia inglesa había desarrollado una lealtad nacionalista hacia la URSS: cualquier asomo de duda sobre la sabiduría de Stalin era una especie de blasfemia. Lo que ocurriese en Rusia y lo que ocurriese en otros países se juzgaba con raseros distintos. El autor de 1984, recordando la Areopagítica, de Milton, se refería a la libertad de prensa como la libertad de criticar y oponerse. Y para que esta se llevara a cabo en plenitud, veía muchas dificultades: por un lado, los enemigos teóricos, los apologistas del totalitarismo; y, por otro, sus enemigos más inmediatos, los monopolios y la burocracia. Orwell denuncia la caza del intelectual desatada tanto desde la derecha como desde la izquierda. La prensa de esta última tendencia, en Gran Bretaña, era especialmente aniquiladora con Joyce, Yeats y Eliot. A este último lo machacaban tan rutinariamente como a Kipling. A Orwell le caía mejor Eliot que Kipling. Al primero, un monárquico anglocatólico aficionado a las citas latinas lo respetaba como poeta, aunque no compartía sus ideas políticas. A Kipling, por el contrario, no lo aguantaba. Orwell separa sus juicios sobre la creación literaria de las ideas políticas de cada autor. Una obra literaria era valiosa en sí misma independientemente de que quien la escribiera fuera de derechas o de izquierdas. Nunca se consideró un intelectual sino, sobre todo, un novelista, un narrador. Según él, un hombre podía ser un muy buen narrador sin ser estrictamente un intelectual. Reflexionó mucho y bien sobre la política y la cultura de su época. En Por qué escribo enumera una serie de motivos por los cuales uno se hace escritor: 1) egoísmo puro y duro; 2) entusiasmo estético; 3) impulso histórico; 4) propósito político. En su caso, se resumiría en denunciar las mentiras. Lejos de su mente estaba construir una obra de arte. cosas, por el intento del Estado de controlar la vida emocional del individuo. Y a quienes afirmaban que estos tiempos no eran peores que otras épocas de persecución, en las cuales se habían creado grandes obras de arte o literarias, Orwell les respondía que los férreos controles de antaño, incluso siendo duros, no lo eran tanto como los desarrollados por el nazismo y el comunismo. En los países totalitarios la libertad de pensamiento estaba irremediablemente condenada. Para Orwell, la supervi- vencia de la literatura residía en aquellas naciones en las que el liberalismo había echado raíces más profundas, en los países no militaristas. Orwell, por los mismos motivos, fue un defensor a ultranza de la libertad de expresión y de prensa. Y esta defensa no sólo se refiere a los sistemas totalitarios, sino también a los democráticos. Las injerencias del Estado británico en los periódicos es muy aireada por el escritor, así como la tibieza inicial hacia los totalitarismos de derechas y la admiración acrí- Versos vulgares Un apartado muy importante en estos Ensayos es el dedicado al estudio de Dickens, Henry Miller, Kipling, Joyce, Eliot, Dalí o Koestler, entre otros muchos. De Dickens dice que es un escritor del que todo el mundo quiere apropiarse porque su mensaje es comprensible, razonable, no revolucionario, realizable y moralmente aceptable. En Henry Miller ve a un autor totalmente contrario a él pero que lo fascina. Orwell nunca escribió una obra feliz o para ser feliz; en cambio, Trópico de cáncer es dice el libro de un hombre feliz. Kipling le disgusta como persona y como escritor; le considera un patriotero imperialista, moralmente insensible, estéticamente repugnante y caduco como novelista. Como poeta, califica sus versos de vulgares y vergonzosos. No comparte la estética de Joyce, si bien la valora y respeta. El Ulises es poco inteligible asegura y su autor está obsesionado por la técnica. Pero indaga sobre el otro gran tema de la novela: el sinsentido de la vida moderna después del triunfo de las máquinas y de la desaparición de las creencias religiosas. Dalí es de los personajes que más le desagradan, no por su obra, sino por su manera de ser y actuar. Orwell no está de acuerdo en que el artista deba ser ajeno a las leyes morales que rigen al común de la gente. Dalí, un buen pintor, pero un ser humano repugnante. El texto sobre el autor de El cero y el infinito es toda una apología personal y literaria de Koestler: el primero asegura que vio los males del totalitarismo soviético desde dentro y tuvo la valentía de contarlo y, además, de hacerlo magistralmente. CÉSAR ANTONIO MOLINA ENSAYOS GEORGE ORWELL Varios traductores Debate, 2013 39,90 euros E- book: 24,99 euros