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Arquitectura Ha habido mucho papanatismo Antonio Lamela montó hace sesenta años un estudio arquitectónico pionero. De sus planos, salieron las Torres Colón en los años sesenta y la T 4 en colaboración con Richard Rogers. Ahora la dinastía continúa con su hijo, Carlos, que aquí habla uena parte de la fisonomía de Madrid ha salido del estudio Lamela. De las Torres Colón a la remodelación de la Plaza de Canalejas, que ahora están llevando a cabo. No obstante, también sus trabajos conforman la línea del horizonte de importantes ciudades, de Varsovia a Omán. Un exposición en Roca Madrid Gallery lo ha reflejado. ¿Cómo ve la evolución en estos sesenta años? La evolución del estudio va muy pareja con la de la sociedad y la ciudad. La mitad de ese tiempo lo he vivido como aficionado a la arquitectura, acompañando a mi padre, y los otros 30 años, como profesional. He podido ver cómo la sociedad española se ha modernizado y cómo la arquitectura se ha adaptado. Mi padre fue una persona muy innovadora no solo por los trabajos, sino también por cómo monta el estudio. En los años 60, crea el primer gran estudio que hubo en España con 30 o 40 personas. Por eso sus trabajos tenían un nivel técnico y arquitectónico elevado. Mi padre empezó a viajar desde muy joven, lo que le permitió traer aire fresco a España. ¿Qué piensa él de la evolución de la disciplina? Ha sido optimista y sigue siendo optimista. Yo a veces le he preguntado que si le hubieran asegurado que iba a hacer obras como las de la T 4 se lo habría creído, y él me contesta que no, evidentemente El país ha pegado un cambio radidal que ha permitido un gran desarrollo, por eso su visión es muy positiva. Ahora España está considerada como uno de los países cuyo caldo de cultivo arquitectónico es de los más importantes de Europa. La arquitectura caló. El número de profesionales formados en este tiempo ha hecho trabajos muy importan- B tes. El ritmo ha decrecido con el boom del ladrillo, que ha generado que todo se estandarice. Como heredero y sucesor de una dinastía arquitectónica, ¿qué aporta personalmente a la misma? Yo nunca pensé en otra cosa que ser arquitecto. Fue natural, aunque también me gustaba mucho el dibujo. El mérito del estudio lo tiene mi padre, porque él creó la bicicleta y yo me he limitado a pedalear. Me incorporo en una época de crisis, en los años 80, pero tuve la suerte de creer en la estructura que había montado mi padre. La arquitectura en España no está pensada para estudios grandes, y mantener el nuestro no fue fácil. Pero si crees, apuestas y eres constante, puedes competir en grandes obras a nivel nacional e internacional. ¿Con qué obra de su padre se quedaría? De la época primera, las Torres de Colón, por su importancia estratégica en la ciudad y por la innovación técnica, aunque luego la reforma creo que no fue muy acertada. Es una autocrítica que hay que hacer. ¿Con qué tipo de proyectos se siente menos atado o condicionado un arquitecto? El mercado español no es lo suficientemente grande como para permitir que un arquitecto se especialice. Un estudio grande tiene que hacer de todo, y eso es bueno. En Estados Unidos no se le ocurriría encargarle un aeropuerto a alguien que no hubiera proyectado un aeropuerto antes, pero en España es posible y, a veces, incluso resulta mejor porque aporta frescura. Yo, personalmente, con el trabajo que me he sentido más libre, quizá por la TODO QUEDA EN FAMILIA En la parte superior, las Torres Colón, de Madrid, en obras, innovador proyecto de Antonio Lamela (arriba) en los años sesenta. Bajo estas líneas, su hijo Carlos Lamela, continuador de la firma trascendencia mundial que tiene, ha sido la T 4. Encontramos un cliente muy bueno que quería hacer una cosa excepcional, y con un equipo que remaba en la misma dirección. Una experiencia única e irrepetible. También en la amplición del estadio del Real Madrid tuvimos una gran libertad. Normalmente, cuando un producto sale bien es porque hay un gran cliente. Ahora, tenemos el caso de la Plaza de Canalejas, que es excepcional. ¿Qué entiende por un mal cliente? El que no deja trabajar al arquitecto por desconfianza o porque no le pone los medios. Citaba el proyecto de la Plaza de Canalejas de Madrid, en el que interviene un espacio histórico. ¿Cómo se trabaja en estas condiciones? En este caso concreto, el hecho de mantener las fachadas ayuda mucho porque si se hubiese permitido el derribo completo y la sociedad hubiera estado preparada para tener allí algo nuevo (que no lo está) el compromiso y la labor habrían sido tan difíciles que prefiero conservar las fachadas y rellenar Respetar la Historia es una obligación y debe ser compatible con que la ciudad siga creciendo. Lo que no tiene sentido es respetar la Historia sin permitir el progreso. Eso sería matarla. ¿Qué opina del fenómeno de la arquitectura espectáculo? Todo lo que sea proyectar la arquitectura es bueno, lo que pasa es que en España ha habido una especie de papanatismo pensando que lo de fuera es mejor. No: lo de fuera a veces es mejor y otras veces, no. Pero intercambiar ideas, personas, culturas en principio es bueno. Lo malo es cuando eso se desvirtúa. LAURA REVUELTA