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Libros 10 J. K. ROWLING ESPÍA POR EL OJO DE LA CERRADURA UNA VACANTE IMPREVISTA FAMILIA MONSTER SIEMPRE HEMOS VIVIDO EN EL CASTILLO J. K. ROWLING Traducción de Gemma Rovira Ortega y Patricia Antón de Vez Salamandra Barcelona, 2012 603 páginas, 23 euros Libro electrónico: 15,99 euros l típico pueblecito inglés de postal, eso es Pagford: calles adoquinadas y ni una tienda abierta pasadas las seis de la tarde. Cuánta paz se respira allí. La vida comunitaria gira alrededor de la iglesia y muchas veces lo único que se oye es el canto de los pájaros. Pero como en cualquier otro lugar, bajo la aparente calma laten odios y rencillas que ponen los pelos de punta. La repentina muerte de Barry Fairbrother, de poco más de cuarenta años, avivará el fuego sobre el que alguien se ha dejado olvidada esta olla a presión. E En el peor momento Pobre Barry, mira que ir a morirse justo el día de su decimonoveno aniversario de boda. Tan atareado y sociable, tan alegre y popular, qué maravilloso era, qué bien lo hacía todo, qué comprometido estaba con la comunidad, pensarán sus vecinos, espantados por la noticia. Aunque no todos, claro. Y sería interesante conocer la opinión de su viuda: Barry era una de esas personas que se desviven por cualquiera menos por quienes tienen más cerca. El momento no puede ser peor: hay que revisar los límites territoriales que permitirían deshacerse de la barriada marginal de los Prados y cerrar la clínica Bellchapel para toxicómanos, las dos únicas cosas que, según los guardianes de las esencias, afean Pagford. Barry y sus amigos se oponen a ello. Pero Barry ya no está. ¿Quién ocupará el puesto vacante? se pregunta la facción enemiga, preocupada por elegir a un sustituto que sea de su cuerda. Los ejércitos maniobran y toman posiciones. Bienvenidos a la guerra. Bienvenidos a Pagford, un pueblo como tantos, en el que cada vecino ignora qué infierno se oculta tras la puerta de al lado. Quizá en la casa contigua un hijo planee vengarse de ese pa- dre hosco y agresivo en cuyos labios las palabras Te voy a despellejar vivo son algo más que una amenaza. Quizá una adolescente acosada por sus compañeros de clase acaricie la idea del suicidio pero no se atreva, razón por la cual, cuando nadie la vea, busque consuelo en la cuchilla con la que se corta una y otra vez los brazos sin que la sangre salpique su camisón o manche la alfombra. Quizá una madre aproveche las largas horas de aburrimiento aprendiéndose de memoria el DVD del grupo musical favorito de una de sus hijas y, entre copa de vino y copa de vino, tenga fantasías sexuales con el solista, un jovencito de dientes blanquísimos y cuerpo de escándalo. O quizá una drogadicta recuerde su infancia, los días que pasó ingresada después de que su padre le arrojara encima una sartén con aceite hirviendo. ¿Y si aquellas semanas en el hospital fueron las más felices de su vida, lejos de un hombre que por las noches se colaba en su habitación? SHIRLEY JACKSON Traducción de Paula Kuffer Epílogo de Joyce Carol Oates Minúscula. Barcelona, 2012 224 páginas, 18,50 euros ty, Herman Melville, Francis Scott Fitzgerald, Willa Cather, William Faulkner, Saul Bellow, Edith Wharton, Philip Roth, etc. Siempre hemos vivido en el castillo es, junto a La maldición de Hill House, su novela más conocida y celebrada. Ambas recurren a una de las claves de la obra jacksoniana, el lugar cerrado y encerrado, y funcionan como hermanas gemelas pero diferentes. Mientras la segunda reformula el tópico de la casa embrujada, la primera opta por un realismo irreal. Lo que es sobrenatural en Hill House, en la mansión Blackwood es natural pero monstruoso. Gran parte del escalofrío proviene de la magistral y poco fiable voz de la adolescente Mary Katherine Merricat Blackwood desgranando el espanto de amarse tanto en familia (junto a su temerosa hermana mayor, la frágil Constance, y su inválido y memorioso tío Julian) y de estar aislados y asediados por todo un pueblo de Nueva Inglaterra que los considera poco menos que monstruos. Mujer lobo La idea de una disfuncionalmente funcional familia muy normal que no lo es tanto encuentran en Jackson a una médium perfecta para amueblar su plano lleno de rincones oscuros. Merricatt como la Frankie de Carson McCullers, la Scout de Harper Lee o la Mattie de Charles Portis es alguien de quien nos hacemos amigos desde las primeras líneas sabiendo que, detrás de su gracia al confesarnos que le gustaría haber nacido mujer lobo, aletea la desgracia del deseo concedido de manera retorcida y, sorpresa, el más bestial y triste final feliz. Así, Mattie como bruja autodidacta cuyo hechizo es poderoso y cuyo influjo resulta más que visible hoy en autores como Stephen King, A. M. Homes, Stephen Millhauser, Joyce Carol Oates, Richard Matheson o Kelly Link. Y cuya discusión sobre venenos y pócimas anticipa el final de una hechicera mayor. El de su creadora, que murió a los cuarenta y ocho años, alcohólica y adicta a las anfetaminas, obesa mórbida y, en los últimos meses, agorafóbica y encerrada en la pequeña habitación del castillo de sus pesadillas, que también en lo poco que tardamos en leer este pequeño gran libro son y serán las nuestras. RODRIGO FRESÁN De principio a fin Hay demasiados secretos en Pagford, y J. K. Rowling, superada la saga de Harry Potter, los va mostrando con la habilidad de un mago a medida que retuerce los hilos de la intriga, acelerándonos el corazón mientras nos permite satisfacer ese deseo tan humano que es espiar por el ojo de la cerradura; en este caso, de un puñado de vecinos cuyas vidas trastoca la muerte de Barry. Aunque, pese a caer desplomado en la primera página en la tercera, para no mentir lo cierto es que Barry no deja de estar presente de principio a fin, protagonista absoluto de Una vacante imprevista. Quién sabe: a lo mejor todos esos secretos inconfesables son los que su fantasma empieza a sacar a la luz en la web del concejo. ANTONIO FONTANA sto es leyenda y es, también, verdad: el 26 de junio de 1948 la entonces para toda la familia The New Yorker publica esa cumbre del relato macabro que es La lotería Reacción instantánea: cientos de lectores horrorizados cancelan su suscripción al semanario, miles de cartas expresando furia y casi como en el cuento en cuestión demandando el linchamiento en público de la autora. Una tal Shirley Jackson (San Francisco, 1916- 1965) Desde entonces ha sido considerada reina del espanto doméstico y, a partir de 2010, está inscrita en el glorioso catálogo de The Library of America junto a Mark Twain, Eudora Wel- E El universo tenebroso de Shirley Jackson ha sido adaptado al cine. Arriba, fotograma y cartel de La casa encantada filme de 1963 basado en su novela La maldición de Hill House