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Cine El regreso de Carax Tras doce años sin realizar ningún largometraje, Léos Carax regresa a las pantallas lleno de energía con la singular Holy Motors Por Hilario J. Rodríguez l pensar en Orson Welles, en sus dificultades para financiar muchos de sus proyectos y en la escasa respuesta que obtenía del público, François Truffaut hizo una observación que quizás valga la pena asociar con Léos Carax y con su última película, Holy Motors (2012) Truffaut vino a decir que los espectadores no tenían demasiados problemas para aceptar la prosa bella (como la de John Ford o Howard Hawks) tampoco la prosa poética (como la de Alfred Hitchcock o Roman Polanski) pero que cuando le llegaba el turno a la poesía pura (como la de Orson Welles) entonces la cosa cambiaba. jero austriaco que descubre una puerta secreta en la habitación del hotel donde se hospeda. La puerta atraviesa sinuosos pasadizos hasta desembocar en la Ópera de París durante una representación, a la que el protagonista apenas presta atención, más pendiente del público, en concreto de una mujer de la cual se enamora. Según Carax, la historia se la contó Yekaterina Golubeva, una de las actrices de Pola X (1999) y él enseguida la conectó con una frase de Franz Kafka que siempre le ha estimulado la imaginación: Hay una puerta en mi habitación que nunca antes había visto Con ese punto de partida, visualizó la película sin dificultad aunque luego los diálogos y algunas situaciones dependiesen más del rodaje que de un guión preEn busca de otras tierras vio. Él mismo, utilizando su propio nomCon Léos Carax parece sucebre, interpreta al misterioso HOLY MOTORS personaje que, junto a su peder algo parecido, sobre todo ahora, cuando su regreso al DA LA SENSACIÓN rro (que también lo es en la terreno del largometraje des- DE BUSCAR OTRO vida real) encuentra una copués de casi trece años de nexión entre su cuarto y un PÚBLICO, inactividad ha dividido a la cine donde los espectadores TIEMPOS crítica en dos bandos igualduermen o apenas se fijan en MEJORES PARA mente enfermizos: los detracla pantalla ya desde el coSER APRECIADA tores (cuya idea del cine es tan mienzo de la película que esinspiradora como un buque tán viendo. La película, por varado desde hace años y comido por el óxi- supuesto, es la misma que vamos a ver nodo) y los admiradores (dispuestos siempre sotros. a dar la nota con su facilidad para glorificar cualquier objeto de apariencia trans- Las infinitas posibilidades gresora pero que no resulte demasiado te- Monsieur Óscar (Denis Lavant) se va de dioso o sesudo) Unos y otros reducen su casa por la mañana después de despedirtrabajo a una cuestión de gusto, como si en se de sus hijos, para introducirse acto selugar de estar realizando una tarea media- guido en una limusina que conduce Cénamente reflexiva estuviesen escupiendo line (Edith Scob) y que le va a llevar a una actitud vital. Es cierto, sea dicho de través de las calles de París y a través de paso, que Holy Motors da la sensación de no las veinticuatro horas del día, en un viaestar sometida a esa fuerza de la gravedad je espacial y temporal tan cotidiano como sin la cual una película no da la sensación sorprendente. La mayor de las sorprede estar dirigiéndose a un público concre- sas consiste en las continuas transforto, en busca quizás de otras tierras o de maciones de Óscar, a quien vemos convertiempos mejores para ser apreciada como tido en una vieja mendiga, en un diablo, se merece, algo que emparentaría a su di- en un matón, en su víctima, en un rector con Orson Welles. banquero, y en tantos personajes El argumento de Holy Motors parte de como uno quiera imaginar, porun relato de E. T. A. Hoffmann sobre un via- que al fin y al cabo Holy Motors sólo A EN CONTINUO CAMBIO Arriba, el camaleónico Denis Levant en una de sus múltiples caracterizaciones en esta cinta. Debajo, cartel de la película y su director, Léos Carax quiere insinuarnos las infinitas posibilidades, no pretende abarcarlas todas. Las posibilidades en este caso son las de Denis Lavant, un actor de rostro y físico peculiares, a quien cuesta imaginar en otro tipo de películas además de las que hizo anteriormente con Carax, un poco como le sucedió en su momento a Jean- Pierre Leáud después de sus colaboraciones con François Truffaut. Pero si Chico conoce chica (1984) Mala sangre (1986) o Los amantes de Pont Neuf (1991) ayudaron a construir a Lavant como actor, en Holy Motors podría decirse que es Lavant quien construye la película. Tantos años después Pensando en las sucesivas secuencias de la película, uno podría descubrir una visión muy poco halagüeña del mundo, al menos tan poco halagüeña como la que describe David Cronenberg en Cosmópolis (2012) a partir de la novela de Don De Lillo. En ambas, una limusina se abre camino a través de las calles, convertida en un simbólico ataúd en la propuesta de Cronenberg y en un camerino teatral en la propuesta de Carax. Las referencias de este último, no obstante, no son tan globales y políticas aunque eso no le impide proponer asimismo una visión del mundo a través del recorrido que hace Óscar, desplegando al mismo tiempo las diferentes personalidades que cada uno de nosotros interpreta en un solo día, al abandonar su casa e ir al trabajo, de ahí a la compra y finalmente a conectarse en alguna red social donde pretenderá ser alguien que en realidad no es; y las diferentes potencialidades de un actor (y de un cuer-