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Libros 14 NAVEGACIONES Y NAUFRAGIOS SOLO EN MIS POEMAS PUEDO VIVIR. ANTOLOGÍA ESENCIAL JAN JACOB SLAUERHOFF Edición, traducción, selección y notas de Antonio Cruz Romero Huerga Fierro. Madrid, 2012 177 páginas, 16 euros OSCURO SECRETO LA MUJER DE SOMBRA C onocido entre nosotros por los ocho poemas suyos que recoge la Antología de la poesía neerlandesa moderna (1971) de Francisco Carrasquer, hace tiempo que venía siendo necesaria una más amplia aproximación a este poeta- isla que, por su situación cronológica y su difícil ubicación estética, no ha acabado todavía de encontrar su lugar en la poesía, aunque sí lo tiene en la novela por Het verboden rijk. Nacido en 1898 y muerto en 1936, Slauerhoff reúne en su persona algunos de los rasgos del poeta maldito: médico de a bordo en una naviera, surcó todos los mares sin encontrar calma en ninguno de ellos y, asmático, buscó en el opio un paraíso artificial. Casado en 1930 con la bailarina Darja Collin, cuyo desnudo pintó Christian de Moor, su relación con ella fue muy tormentosa, como deja entrever su poema Una pena amarga tengo... po que aparece una visión en lejanía que ya no abandonará. La sensación de fuga se vuelve muy intensa y queda reflejada, más que en los temas, en los motivos. Y la huella de Verlaine resulta muy visible en el título de uno de sus libros Saturnus (1930) y en el de uno de sus poemas, Birds in the night que también Cernuda empleará. Slauerhoff muy admirado por Cees Nooteboom, que ha versionado versos suyos y que suele citarlos en sus relatos publicó en 1928, bajo el seudónimo de John Ravenswood, un libro, Oost- Azië, en el que alternan poemas propios y versiones de poetas chinos. Lo que genera en su escritura un cambio visible, sobre todo, en la yuxtaposición que se convierte en el eje mayor de su sintaxis y que encuentra su continuidad en Yoeng Poe Tsjoeng (1930) donde se incluye uno de sus más logrados textos, Regreso montado, todo él, sobre uno de los tópicos de la poesía japonesa: el de la melodía de las hojas del ciruelo cayendo sobre el agua de un estanque. Especial interés tiene la serie de poemas escritos en Lisboa, en los que se impregna de la musical melancolía de los fados y se sirve de ella para expresar la angustia de un vivir sin amor, deseo ni esperanza. Los últimos poemas forman una composición anular con los primeros, aunque en algunos de ellos hay una mayor presencia de lo onírico los sueños surgen y hacen señas... y, en otros, se produce una muy lograda síntesis de la economía lingüística y la formulación propia de la poesía oriental, como en veo llover en la lejanía: en mis ojos siento las lágrimas JAIME SILES LUISGÉ MARTÍN Anagrama. Barcelona, 2012 228 páginas, 16,90 euros Libro electrónico: 13,9 euros Melancolía del fado Hierba multiplicada Conocedor de la poesía oriental, que emula e imita, y traductor de Ruben Darío y de Rilke, Slauerhoff es autor de una obra poética de compleja clasificación por la variedad formal que difumina la unidad de sus distintas claves, pero cuya tradición que la tiene es la del simbolismo francés y la vertiente del expresionismo que representa Trakl. En sus primeros poemas hay un predominio de lo plástico sobre lo conceptual y una preferencia por las composiciones y los metros breves. En los años treinta su dependencia de lo francés se hace muy clara, tanto en los títulos como en las acumulaciones adjetivas, y empieza a notarse el influjo de Du Fu, cuya expresión hierba multiplicada usa y adopta, al tiem- uisgé Martín forma parte de un grupo de jóvenes escritores españoles que aportan aire nuevo a la narrativa, sin necesidad de plegarse a falsas rupturas, asesinatos de la Historia, el fácil mecanismo de cortar y pegar o el mimetismo de los géneros de internet. La renovación arranca aquí de otra parte. Su autor perfila una historia poderosamente armada cuya principal característica es haber equilibrado la trama externa, una serie de sucesos ocurridos a Eusebio, su protagonista, con otra interna, que camina hacia dentro, hasta llegar a los atroces desvanes de una psicología sexual enferma, que le atraen cada vez más. De manera que la novela discurre como si Eusebio se descubriera a sí mismo, situándose en el quicio de dos caras. L más violentas que he leído en mucho tiempo, pero cuya violencia se da sin golpe alguno: es psicológica. También es deudora de las prácticas sexuales, virtuales o reales, a las que Eusebio se entrega, que contienen escenas de pedofilia y sadomasoquismo y que, por tanto, contribuyen a que el lector se sienta golpeado, removido con desagrado, pero al mismo tiempo reconocido por la mesura con que en el fondo van apareciendo, pese a ser bastante explícitas. El índice que mide mejor la calidad de Luisgé Martín como escritor radica aquí. No hay regodeo, no hay fáciles concesiones a la procacidad. Lo procaz, que abunda, es narrado de un modo bastante aséptico, como si se tratase de indagar psiquiátricamente en un caso de dependencia psicológica respecto a lo oscuro, el arcano Jekyll y Hyde agujero de los secretos. El personaje se va sabiendo Para el logro de esta extravíctima de un personalidad es- ña cualidad, que hace asumicindida, como un doctor Jekyll ble en el lector aquello que le y un Mr. Hyde que no se cono- causa horror, es muy imporcieran y cuya dualidad agónica tante el estilo narrativo. Su la novela destapa a la vez que eficacia radica en la elección el personaje lo hace. En ese del tiempo verbal presente vaivén entre los hechos y la para una narración heterodiéperversión, Eusebio traza los getica, externa, en tercera perpasos de su destino, atrapado sona, que le da un tono de inen la telaraña de forme. También en el acierto de un agujero oscuNOVELA MUY una focalización ro, que sabe peDURA, UNA DE mixta, que comligroso, pero que LAS MÁS bina lo externo y le atrae. VIOLENTAS QUE lo interno, pues La mujer de HE LEÍDO, PERO sombra es una muchas cosas CUYA VIOLENCIA las vamos viennovela muy ES PSICOLÓGICA do desde los ojos dura, una de las Zonas de voyeurismo LUISGÉ MARTÍN (sobre estas líneas) se adentra en su última novela en los rincones del sadomasoquismo, la pedofilia y otras desviaciones sexuales. Otra ración de morbo a cargo del autor de La muerte de Tadzio del personaje; también desde el reflejo que los hechos contados tiene en sus angustias interiores. Quizá el talento de Luisgé Martín radique en haber acompasado muy bien las dos zonas del voyeurismo en que se va resolviendo la atracción de Eusebio por lo escabroso: su ansia por adentrarse en lo que repudia y califica moralmente como un mal objetivo, pero que le atrae por hacerle protagonista de lo desconocido de sí mismo. Este mecanismo se concreta en la poderosa escena con la niña prostituta en Bangkok y va ordenándose