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SÁBADO, 28 DE ENERO DE 2012 abc. es ABC cultural 15 MI DOLOR SOY YO Proust, Pierre Loti y Colette (bajo estas líneas) frecuentaron las veladas literarias de Anna de Noailles (a la izquierda) El primero, además, mantuvo una nutrida correspondencia con ella NO COMPARTO LAS RAZONES DE LA LUZ PEDRO A. CRUZ Huerga Fierro Madrid, 2011 85 páginas, 12 euros después en Jaime Gil de Biedma como el momento más vivo, más hermoso, más tierno está entre nuestros brazos la expresión clandestinos y solos que preludia no pocas similares de la modernidad, o este verso que, casi tal cual, se corresponde con uno de los mejores de Francisco Brines: ¡Qué sencilla y qué breve será la juventud! Los infinitivos descriptivos acercan su pensamiento y su dicción a los de Manuel Machado y Luis Cernuda, a los que tanto nos recuerdan estos de la condesa de Noailles: No escuchar nada, no ver nada, no querer nada... Y estos otros suyos se mueven en una órbita próxima a la de Pedro Salinas: Yo no te quiero para que tu espíritu pueda ser lo que tú no puedes ser o comparto las razones de la luz es el primer libro de poemas publicado por Pedro A. Cruz (Murcia, 1972) aunque seguramente no el primero que ha escrito, pues de entrada hay que señalar que nos encontramos ante un libro complejo y maduro en el que su autor demuestra tener ya un mundo y un estilo propios. Con anterioridad había dado a la imprenta, eso sí, varios ensayos, como La vigilia del cuerpo. Arte y experiencia corporal en la contemporaneidad (2004) La muerte (in) visible. Verdad, ficción y posficción en la imagen contemporánea (2005) y Obscenas. La redefinición política de la imagen (2008) que nos hablan de algunos de sus principales intereses y obsesiones como estudioso y profesor de Historia del Arte y que, de algún modo, están en la base de su poemario. El título de este está tomado del primer verso de uno de los poemas clave del libro, aquel en el que proclama que la luz siempre llega tarde o a destiempo, nunca cuando de verdad se la necesita: Este día absoluto llega demasiado tarde, cuando la plenitud es insuficiente y solo da calor a las miserias. Hay promesas que es mejor que nunca se cumplan a que lo hagan a destiempo. Prefiero lo imposible a lo inoportuno. Ahora ya no me sirve la luz: no cura Estamos ante un libro orgánico y unitario compuesto por sesenta y siete poemas sin título. Estos van encabezados con una cita muy significativa: Lo mejor de mi vida es el dolor extraída del libro de Lepoldo María Panero y Félix J. Caballero La flor en llamas, y se cierran con un verso contundente que hace N juego con ella: Mi dolor no es de nadie más En su conjunto, No comparto las razones de la luz gira, en efecto, en torno a la vivencia del dolor, considerado no como algo propio del cuerpo o de la carne, sino más bien de la conciencia o del yo Se me olvida que el dolor es un concepto, no un cuerpo y, por lo tanto, no como algo ocasional y accidental, sino más bien permanente y estructural. El dolor tiene que ver, desde luego, con la percepción del tiempo Las cosas solo duran en forma de dolor y la imposibilidad de olvidar Padecimiento es que nada cambie no en vano es el origen de todo Lo que nos precede es dolor. Principio impersonal de todas las cosas El dolor es, por otra parte, lo único personal e intransferible, lo que nos diferencia a unos de otros y de verdad nos constituye, lo que nos dota de alma El alma es un invento del dolor y nos da, en fin, una identidad; de ahí que pueda decirse que mi dolor soy yo. Más que un sentimiento, el dolor es una ideología (nunca revolucionaria) Al fin y al cabo, es el conocimiento (la luz, la conciencia, la razón) el principal causante del dolor: Yo, cuerpo, vivo cada pensamiento como una enfermedad. Cuanto me hace inteligente provoca el malestar de la materia. Y no es que la carne sea bruta en sí; es que mi lógica no deja de hacerle daño El resultado es una poesía reflexiva y emocionada, clara y precisa como un bisturí, fría y contenida como un vaso a punto de estallar. LUIS GARCÍA JAMBRINA El alma, un invento Flor en llamas La poesía es como Gerardo Diego dijo un único verso interminable que todos los poetas, cada cual en su tiempo y a su modo, van a intentar enunciar. La condesa de Noailles representa una época en la que la palabra poética no era la de hoy, pero es muy posible que poetas de hoy encuentren algo de hoy en ella, porque la poesía verdadera y la suya lo es no acaba nunca de pasar: es ajena a las modas y está siempre a la espera de un lector que sepa interpretarla. JAIME SILES