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Arte 28 SÁBADO, 31 DE DICIEMBRE DE 2011 abc. es ABC cultural ALLEGRO MA NON TROPPO LOCUS SOLUS aymond Roussel se suicidó el 13 de julio de 1933 en su habitación del Grande Albergo de Palermo. Lo había intentado ya, sin éxito, once días antes. Tenía 56 años y una considerable fortuna, que aún no había conseguido dilapidar del todo. Fue el más raro de los tantos escritores raros con cuya carga cosaca nace el siglo XX. Escribió libros legendarios que no leyó casi nadie. Autofinanció el estreno de sus obras teatrales, con el monótono resultado de broncas estupendas. Una de ellas dio origen a la anécdota de Robert Desnos que lo conmovería tanto: el público patea, un puñado de surrealistas aplaude a rabiar, alguien grita los de la claque, ya pueden ir animando Desnos replica que ellos serán la claque (la bofetada) pero que el grosero gritón va a ser quien ponga la mejilla. El 20 de enero de 1933, ante notario, Raymond Roussel deja orden de que, a su muerte, sea enviado un ejemplar de todos sus libros y copia de sus manuscritos a Robert Desnos, Tristan Tzara, Paul Éluard, Michel Leiris, René Char, Salvador Dalí, Michel Soupault, Louis Aragon y André Gide. Con la excepción del omnipotente viejo, todos los nombres dibujan el rostro juvenil del surrealismo. En el Reina Sofía de Madrid, Roussel nos es dado en imágenes que la vanguardia plástica del siglo XX pone. Dadá y los surrealistas, en primer lugar. Por encima de todos, el más rousseliano de los pintores surrealistas: Marcel Duchamp, quien deja escrito hasta qué punto el estreno de las Impresiones de África en el Théatre Antoine habría sido decisivo para la forja de las máquinas célibes cuyo monumento alza La mariée, el Gran Vidrio, del cual se expone aquí una reconstrucción convincente. Pensé concluye Duchamp que, en tanto que pintor, mejor me valía la influencia de un escritor que la de otro pintor. Y Roussel me enseñó el camino El que no lleva a ninguna parte, desde luego. El que hace de Locus Solus el más intransigente monumento a la escritura. Y el más hermético. GABRIEL ALBIAC R LA JUVENTUD DE LO CLÁSICO Una nueva generación de los Fernández- Braso abre espacio galerístico en la capital. Pablo Palazuelo es el artista de su primera muestra un conjunto a tener muy en cuenta de artistas de enorme prestigio, de esos que por sí solos arrastran importantes porciones del mercado artístico, y que ahora otros profesionales más jóvenes aspiran a tener la oportunidad de representar. En medio de esta encrucijada, el movimiento estratégico de una familia dedicada al galerismo desde hace cuarenta años como los Fernández- Braso es bien significativo. Casi puerta con puerta de sus otros espacios las galerías Rayuela y Juan Gris inauguran este de cuatrocientos metros cuadrados y enorme personalidad arquitectónica, al frente del cual se sitúa uno de los hijos. El artista escogido para su presentación no podía ser inocente, y su elección resulta toda una declaración de intenciones del papel que quiere jugar en esta nueva etapa: han elegido cuidadosamente un nombre que juega en primera división, susceptible de enlazar con total naturalidad el pasado de la generación que cede el testigo con la joven que lo recoge, y que además cuenta con una obra capaz de sacarle al nuevo espacio todas sus posibilidades: Pablo Palazuelo. En estas nuevas salas, entre lo museístico y lo doméstico, donde el estudio de arquitectura responsable ha apostado por la claridad y amplitud del cubo neutro sin renunciar a la calidez, se acomoda magníficamente la selección llevada a cabo por el comisario de la muestra, Paco de la Torre. La versatilidad en la separación de los volúmenes internos articula paredes de más de veinte metros con pequeños reductos donde combinar la obra pictórica y escultórica de gran tamaño con el gabinete de papel u obra gráfica. El conjunto da cuenta, como si de una pequeña retrospectiva se tratara, de la trayectoria casi completa de este artista imprescindible. Un ciclo cerrado e impecable de creación que se revisa desde una nueva galería: una mezcla clásica; una apuesta sólida para tiempos de incertidumbre. ¡Suerte! ÓSCAR ALONSO MOLINA PABLO PALAZUELO LA LÍNEA QUE SUEÑA Galería Las cartas boca arriba asta hace poco se repetía machaconamente cómo el modelo tradicional de la galería privada había llegado a su fin con esta última crisis, habiéndose de imponer nuevos formatos: mirar solo al mercado internacional y sus ferias; transformarse en agencia de artistas; la galería nómada... Lo cierto es que hoy prácticamente nada ha cambiado, y aquellas pocas iniciativas más marginales imaginativas o fuera de formato se han quedado en agua de borrajas. De hecho, para lo que está cayendo, en Madrid solo han cerrado un número reducido de negocios de referencia, mientras que muchos otros emergentes han abierto sus puertas, casi todos siguiendo el ejemplo más tradicional. Ha habido, eso sí, muchos movimientos, con la intención casi siempre de adaptar el espacio dis- H ponible o mudarse a otro más pequeño, más económico, más llevadero. Para 2012, un puñado de galerías anuncia su definitiva conversión o cierre en algunos casos, sigue siendo determinante el apartado de las subvenciones y las ferias de febrero, ambos por dilucidarse en semanas pero para entender la situación del gremio debemos tener en cuenta otro factor de fondo que está resultando casi tan decisivo como el de la propia ausencia de ventas: el relevo generacional. Una parte significativa en el grupo de cabeza de los galeristas de nuestro país asiste al inevitable agotamiento (o reemplazo interno natural) de su proyecto, una vez completado casi del todo el papel de sus trayectorias profesionales. Con ello se libera Agotados José Antonio Vázquez Martín y Enrique de Santiago (arriba) del Estudio Nómada, se han encargado de la arquitectura del nuevo espacio, que inaugura con Pablo Palazuelo Fernández- Braso. Madrid. C Villanueva, 30. Comisario: Paco de la Torre. Http: www. galeriafernandez- braso. com Hasta febrero de 2012