Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
SÁBADO, 31 DE DICIEMBRE DE 2011 abc. es ABC cultural 15 precia por igual las metáforas, los símiles y las analogías. Los poemas XXIX y XL dejan bien claro esto. El XLIV coincide en algún punto con el soneto de Lorca a José de Ciria, como el primer verso del XXII lo hace con alguna formulación de Hölderlin. A lo que aspira es a pasar la materia a limpio a comportarse como una buena ama de casa de lo Real que barra los cuartos de la observación y limpie el polvo a las ideas simples Pone todo su empeño en amar las cosas sin ninguna sentimentalidad Lo que le hace caer en la tentación del solipsismo y aproximarse al pensamiento lingüístico de Gustave Guillaume. Reacciona así contra la percepción en exceso: para él, la esencia del pensar no es el ser dicho sino el ser pensado Y propone un neoepicureísmo, horaciano más que lucreciano, en el que la Naturaleza ocupe el centro y el ser humano acepte gustoso y con humildad su deficiencia y su limitación: Cada uno de nosotros es tan solo error de cada uno de nosotros Antibelicista explícito, confía en la ficción porque la recompensa de no existir es estar siempre presente Y eso solo se consigue en el intervalo en que se suspende el yo, o en conciencia abstracta, impersonal, sin forma La poesía de Caeiro es más trágica que filosófica: tematiza las disfunciones de la cultura occidental y contiene buenas dosis de crítica literaria. Muchas de sus afirmaciones se repiten, pero estas recurrencias no le restan solidez ni rotundidad. Caeiro es hoy nuestro Pessoa más necesario. Ha sido un acierto que la cuidada edición de Barja e Inarejos nos lo recuerde. Si como se dice aquí los pastores de Virgilio son Virgilio Caeiro es Pessoa pero también Ulises, pues los tres responden al nombre de Nadie y nadie es la instancia desde la que habla el yo aquí. Las cosas son más reales que los nombres usados para designarlas; Caeiro es más real que Pessoa, que ha hecho que un sujeto inventado como Caeiro lo invente a él y a nosotros también. Pessoa es nihilista en todo menos en esto, pues es en el mágico poder de la ficción en lo único que cree. Y es posible que razón no le falte. JAIME SILES COMO UN BUEN VINO FAROL DE SATURNO ANTONIO MARTÍNEZ SARRIÓN Tusquets. Barcelona, 2011 81 páginas, 10 euros El nombre de Nadie diferencia de lo ocurrido con muchos de sus colegas de generación, la poesía de Antonio Martínez Sarrión (Albacete, 1939) resulta cada vez más sabia e intensa; de hecho, sus últimos libros no solo se encuentran entre los más logrados de su trayectoria, sino que dan más sentido y relieve a los anteriores. En su obra cabe distinguir al menos dos etapas; en la primera, la más generacional, se incluyen Teatro de operaciones (1967) Pautas para conjurados (1970) y el ciclo formado por Ocho elegías con pie en versos antiguos (1972) Una tromba mortal para los balleneros (1975) y Canción triste para una parva de heterodoxos (1976) El titulado El centro inaccesible (1981) constituye el punto de inflexión hacia una expresión más directa de lo íntimo. La segunda está formada por Horizonte desde la rada (1983) De acedía (1986) Ejercicio sobre Rilke (1988) Cantil (1995) Cordura (1999) y Poeta en diwan (2004) Farol nocturno da un paso más en la senda abierta por los dos últimos, caracterizados por la serenidad estoica y la ironía escéptica, así como una dicción más clásica, no exenta de cierta influencia oriental. En él encontramos muchos puntos de contacto con los textos recogidos en la tercera entrega de su dietario, Escaramuzas (2000- 2010) (Alfaguara, 2011) El libro aparece organizado en dos partes complementarias. La primera, Hábitos de los discípulos de Buda está formada por una serie de poemas en los que los versos glosan sus respectivos títulos, cada vez más extensos (el último ocupa seis líneas) y aparentemente presentados como preceptos búdicos. En ellos el yo lírico se mues- A tra muy crítico y desengañado con el mundo actual Por eso ya no salgo de casa sin plantarme mi escafandra de buzo de ahí los ataques, por ejemplo, contra los gregarismos Tengo por acertada y civil la postura de no acudir a grandes turbamultas... las nuevas tecnologías el teléfono móvil de los huevos o algunas modas poéticas poesía del silencio la llamaron, poniéndose la toga y el birrete y ahuecando la voz Frente a ello, se muestra partidario de la fiesta y la felicidad ¿Por qué esperar a que nos den licencia? Bebamos, cantemos, bailemos, seamos felices asimismo, nos recuerda su principal genealogía poética: Manrique, Garcilaso, Juan de Yepes, Fray Luis, Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Luis de Góngora, Rubén, Bécquer, Machado, Juan Ramón, César Vallejo, Federico, Claudio La segunda parte nos remite sobre todo a la infancia, no entendida desde luego como un paraíso, pero sí como un tiempo mítico en el que todo se vive con más intensidad A aquel niño chillando de placer, le parecía tal ducha miserable la sede y cifra de un lujazo asiático, impropios del rigor joseantoniano En sus poemas, nos ofrece la contemplación de algunos escenarios y objetos humildes del mundo rural o natural, como una forma de celebrar la vida y la unidad perdida con el cosmos. En lo expresivo, estamos ante una poesía caracterizada por un lenguaje contenido, llano, sobrio, despojado, elíptico, alusivo... unas veces bronco y mordaz; otras, lírico y emocionado. Un libro sabio, lúcido y reposado como un buen vino de reserva. LUIS GARCÍA JAMBRINA Genealogía poética Influencia oriental una especie de acción directa, porque sus pensamientos son todos sensaciones De ahí que aspire a lo que llama una poesía natural sin rima ni ritmo. La identifica con la prosa de sus versos, que, como indica en Entrevista con Alberto Caeiro se opone tanto a la de Verhaeren y a la de Pascoaes como a la religiosidad de mera cháchara de Guerra Junqueiro y, en general, a la de los místicos que son filósofos enfermos y a la de los simbolistas, porque él descree del imperfecto lenguaje de los hombres y niega el sentido oculto de las cosas, ya que estas no tienen significación sino existencia Por eso des- Mera cháchara En la imagen superior, manuscrito de El guardador de rebaños de Alberto Caeiro, poemario incluido en esta edición. Arriba, Pessoa