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Libros 14 NUEVOS TIEMPOS, VIEJAS COSTUMBRES EL OTRO JARDÍN Y RELATOS COMPLETOS FRANCIS WYNDHAM Traducción de Jon Bilbao Libros del Silencio Barcelona, 2011 446 páginas, 24 euros MÁS REAL QUE PESSOA LOS POEMAS DE ALBERTO CAEIRO n una de los mejores relatos de Francis Wyndham, una mujer lamenta la espantosa costumbre que ahora impera en todas partes de volver al salón después de comer para tomar allí el café. Hasta las personas de las que menos lo esperarías están adoptando el hábito Al igual que la pequeña y vieja dama del cuento Obsesiones muchos personajes de Lewis están atemorizados y se sienten disminuidos ante el hecho de que las viejas costumbres sean reemplazadas por otras con tanta rapidez, y la forma en que viven los lleva a sucumbir de forma tragicómica ante su incapacidad para adaptarse a unos tiempos que no comprenden. Esto es lo que le sucede a Kay, la desgraciada y sin embargo alegre joven que en El otro jardín (la única novela que Wyndham ha escrito hasta ahora) se mantiene alejada de los convencionalismos y debe pagar esa excentricidad suya con el desprecio de su familia y de los vecinos; Kay acaba marchándose a Londres, pero ni siquiera allí habrá un sitio para ella, enferma, pobre y singularmente optimista. Las vidas de su hermano, el narrador y la propia Kay no solo tienen, como suele decirse, el telón de fondo de la Segunda Guerra Mundial: son resultado de la contienda bélica, que las interrumpe y las frustra pero que, sobre todo, provoca la emergencia de nuevos hábitos. Resultan singulares los modos divergentes en los que Kay y el narrador se enfrentan al reemplazo de las viejas costumbres por otras nuevas: mientras que Kay (con su idealismo y su bondad) se aferra a los viejos valores y muere, el narrador sobrevive E debido a su falta de ambición y a su desinterés por establecer algún tipo de moralidad superior de acuerdo a la cual orientar sus actos; para él, Kay era una mártir cuya vida simbolizara el triunfo de la corrupción sobre la pureza Wyndham escribió El otro jardín en 1987; buena parte de lo que cuenta en su novela es autobiográfico, de la misma forma en que lo son algunos de los hechos narrados en Lejos de la guerra, la colección de relatos que escribió entre 1942 y 1945 (es decir, entre los diecisiete y los veinte años de edad) y que publicó en 1974. Al hacerlo, Wyndham afirma estar interesado en recordar cosas que durante treinta años traté de olvidar ya que las dudas y la inacción son males que uno no quiere recordar, ni siquiera cuando las aristas de la frustración se ven suavizadas por la nostalgia En los cuentos que conforman Lejos de la guerra (pero, cabría agregar, también en los de La señora Henderson, que Libros del Silencio publica en este El otro jardín y relatos completos) no hay ninguna nostalgia (o quizás solo por la música del período de entreguerras) aunque sí el mismo estilo elegante, lírico y contenido, que caracteriza la novela y la misma convicción de que lo pequeño es más fácil de presenciar que lo inmenso Las cafeterías solitarias, los cines sucios, los oscuros restaurantes en estaciones de tren de sus relatos evocan para el autor no solo mi estado de ánimo en aquella época, sino un estado de ánimo mucho más extendido de lo que yo creía también una época trágica que, a pesar de todo, produjo gran literatura. PATRICIO PRON Época trágica FERNANDO PESSOA Edición bilingüe de Juan Barja y Juana Inarejos Prólogo de Juan Barja Epílogo de Miguel Casado Abada. Madrid, 2011 Dos volúmenes 191 y 235 págs. 16 y 17 euros T Ansia de victoria oda la obra de Fernando Pessoa fue pensada, vivida y sentida como un drama em gente compuesto y expresado desde la teoría de los tres estilos, a cada uno de los cuales corresponde cada uno de los distintos heterónimos usados por su autor. Entre ellos, Alberto Caeiro ocupa un lugar central para la configuración de su pensamiento filosófico y de su poética: el influjo combinado de Demócrito, Lucrecio, Rousseau, Schopenhauer y Nietzsche se hace patente aquí, como también la crisis de sujeto, de identidad y de lenguaje característica de la segunda mitad del siglo XIX y del primer cuarto del XX. Pessoa es, pues, hijo de su tiempo. Lo que, más que relativizarla, explica su singularidad. creencias, símbolos y conceptos, y liberarse de todos los anteriores sistemas de representación. Propugna, pues, un radicalismo mental y lingüístico extremo que solo en parte puede asumir, pues el propio medio de expresión empleado se lo impide. Manera de estar solo El ensayo de Juan Barja, que abre esta edición, tiene el mérito de señalar su conexión con Rilke. Y el de Miguel Casado, que lo cierra, advierte que lo que encontramos aquí es, y es solo, un campo único de cuestiones y conflictos, y una gama de actitudes ante ellos, que tienden, de modo muy pronunciado, a converger en una sola línea común Y así es: Caeiro duda tanto de la percepción como del lenguaje para representar las cosas tal cual son. Por eso necesita despojarse de ideas y Campo único Según se dice en el prólogo de Ricardo Reis, la obra de Caeiro representa la reconstrucción integral del paganismo en su esencia absoluta dejando apuntadas también claves fundamentales de lo que puede considerarse su poética: como que toda obra habla por sí misma, con la voz que le es propia y en el lenguaje en el que es pensada y que en ella hay un progreso de las sensaciones o, más bien, de las formas de tenerlas, y una íntima evolución de pensamientos derivados de sus sensaciones progresivas A Caeiro, toda religión y toda metafísica le repugnan Lo que él quiere crear es un Arriba, las firmas de Caeiro y Ricardo Reis, dos de los heterónimos de Pessoa concepto de universo que no contenga meras interpretaciones Por eso se autodefine como el revelador de la Realidad y el Argonauta de las sensaciones verdaderas La poesía es para él su manera de estar solo Y el pensamiento le parece una enfermedad de los ojos. De ahí que varias veces repita que el único sentido íntimo de las cosas es que no tienen sentido íntimo alguno y que ver es nuestra única riqueza La visión de Caeiro es casi griega: su mirada realiza una completa opsis de la realidad sin colores ni formas que puedan disfrazarla o disolverla. Su ver todo con los ojos, y no como páginas leídas es