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SÁBADO, 10 DE DICIEMBRE DE 2011 abc. es ABC cultural Una escena de Lázaro en cartel hasta el 1 de enero os clásicos son inagotables. Ello propicia que puedan llevarse a cabo infinidad de relecturas. Un ejemplo es una nueva adaptación teatral de la inmortal novela picaresca, de autor anónimo, La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, realizada por Juan Ayala y Miguel Oyarzun, y dirigida por el primero. Es este un proyecto que, señala Ayala, acariciaba desde hacía tiempo, y que comienza en Londres, donde el Instituto Cervantes nos facilita un espacio para ensayos, y donde presentamos una minifunción. Me gusta adelantar públicamente al menos parte de los montajes para contrastar el trabajo con la reacción de los espectadores, máxime cuando me interesa mucho que estos se conviertan en cómplices, tengan un papel activo El método de creación, prosigue Ayala, ha sido colectivo, aunque, finalmente, firmemos la adaptación Miguel y yo. Pero el texto, en el que hemos mantenido el castellano antiguo, se apoya mucho en improvisaciones. Toda la compañía leía la novela y proponía sus aportaciones. Al traspasar la narración al molde teatral, la hemos reescrito prácticamente toda en forma de diálogo L Cinismo y supervivencia Teatro Multirretrato del Lazarillo El madrileño Teatro Español acoge Lázaro versión escénica de la novela picaresca Lazarillo de Tormes a cargo de Miguel Oyarzun y Juan Ayala, quien también dirige el montaje Por Carmen R. Santos El Lazarillo es quizás uno de los personajes más cínicos de la literatura española. Ayala ha conservado ese cinismo, que, considera, es una forma de defensa, de supervivencia. No puedes culparle de que sea deshonesto porque todo el sistema que tiene a su alrededor es deshonesto con él. Se busca la vida cómo puede. Para mí, la obra trata sobre todo de diferentes maneras de engaño, un sentimiento que es parte fundamental de las relaciones humanas. Y también del autoengaño. Y ello en el marco de la miseria, del desarraigo La pieza, claro está, resulta especialmente oportuna en la crisis actual, aunque, como bien apunta Juan Ayala, su vigencia no tiene fecha de caducidad: La corrupción y los fallos del ser humano que se ponen sobre la mesa son, por desgracia, eternos Lo más novedoso de este montaje, que se enriquece con música en directo, es que, explica Ayala, hemos hecho varias interpretaciones del personaje del Lazarillo. Es un multirretrato, por decirlo así. Al Lazarillo lo encarnan dos actores, que se turnan. Cuando uno hace de Lazarillo, el otro hace de un amo. Y cada vez que se lo intercambian, también modifican la versión del Lazarillo. Por momentos, es un gitano, un árabe, un chaval de barrio. Son varias capas que se van sumando. En un principio, pensamos que era arriesgado, que no se comprendería, pero el público lo sigue muy bien y no le supone problema que el Lazarillo altere su aspecto o su acento. Y el resultado de esa superposición potencia el personaje mismo, y su riqueza, quedando la anécdota, la historia, en un segundo plano. Una historia que es muy triste, muy dura, aunque con muchos pasajes divertidos. Es como reírnos de algo que no tiene ninguna gracia, lo que hace también posible la reflexión