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Arte 24 U Las frases n clásico elogio envenenado: decir de un artista que es muy literario Otro: decir de una novela que es cinematográfica Y otro más: decirle a un crítico de arte que es muy poético Incluso hoy, cuando damos por superada la fe en la autonomía de las artes y profesamos interés por la fusión de disciplinas, la idea del contagio da cierto miedo. O pereza, porque es verdad que un artista superficialmente literario no pasa de pedante y relamido; que una novela malamente cinematográfica recuerda demasiado a un storyboard con mucha paja; que una teoría artística esforzadamente poética no pasa del lirismo estomagante. Lo decía Valéry hace cien años en su estudio sobre Degas: Siempre hay que pedir perdón antes de hablar de pintura Como si lenguaje visual y escrito fueran compartimentos estancos, y como si cualquier comunicación resultase inútil o solo sirviera para perjudicar a ambos. Y, sin embargo, el mismo título del ensayo de Valéry bosquejaba el mapa de un territorio intermedio. Degas danza dibujo decía algo imposible. Retorcía el lenguaje para recordar cómo Degas podía servir de ejemplo. No era que Degas pintara bailarinas. Era mucho más. Degas pintaba como baile, traduciendo la danza a expresión plástica. Y más: Valéry viajaba hasta allí con el lenguaje: danza, dibujo y palabra se encontraban así en un espacio intermedio, ambiguo, fértil. Lo recuerda ahora César Aira el escritor más importante ahora en castellano, si atendemos a la audacia y ambición para llevar la escritura a territorios nuevos a base de imposibles formular frases imposibles al hablar de Raymond Roussel y su procedimiento en un ensayo al hilo de la exposición del Museo Reina Sofía. Al intentar despojar la escritura de toda adherencia sentimental, psicológica o histórica, Roussel recarga paradójicamente la literatura del siglo XX y la llena de posibilidades. No solo para otros colegas escritores, sino para otros creadores más capaces de entender la amplitud del propósito. Su escritura vacía fue el empujón necesario para que Duchamp emprendiera un procedimiento parecido para vaciar el lenguaje visual. De ese proceso de vaciado nace el arte del siglo XX. Y también esa literatura como perpetuum mobile, como contrapeso de resortes y causas y efectos, que encontramos en autores como Nicholson Baker, Aira o Echenoz. Por algo Echenoz escribió una biografía de Ravel: su Bolero sería la expresión musical de esa forma de entender la escritura. Abierta, inagotable, ampliable o recortable a voluntad, contenida ya entera en el enunciado de su primera y en el fondo única frase. Desde entonces, una cierta literatura se ha aproximado a la estela duchampiana hasta confundirse con ella. El proceso y la decisión de partida sustituyen a la obra acabada y a la expresión personal como claves del arte del conceptual Procesos de vaciado Hablar de terrenos intermedios entre arte y escritura contemporánea es volver al Roussel de la exposición del Museo Reina Sofía. Es asumir a Marcel Duchamp