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Libros 16 AL PASO CLÁSICO IGNACIO RUIZ QUINTANO l candidato del Pri en la política mexicana, un tal Peña Nieto, lo vienen crucificando tan pedantemente porque fue incapaz de dar a los periodistas de Guadalajara los títulos de tres libros leídos: Difícilmente me acuerdo del título de los libros. La Biblia es uno balbució. ¡Tres libros, siquiera clásicos! No más libros, que ya tiene uno fue el comentario de la esposa de un ministro español cuando una comisión de pueblo llamó para ofrecerle un libro a su marido. Yo creo que el título de tres libros no aciertan a darlos hoy ni los periodistas, cuyo trabajo de picoteo cultural no pasa de las solapas. Sin embargo, ¿qué periodista o político se quedaría in albis si le pidieran los nombres de tres futbolistas suplentes del Madrid o del Barcelona, que esta noche juegan el Clásico? El fútbol arrebató a la escritura el poder de la cultura. La Generación Mejor Preparada de la Historia de España sería incapaz de encontrar una oración en la Biblia (Peña Nieto también tiene toda la pinta de pertenecer a la Generación Mejor Preparada de la Historia México) pero sorprendes a sus miembros leyendo el juego del equipo de Guardiola, que es el modelo progre, o el juego del equipo de Mourinho, que es el modelo liberal. El guardiolismo es zapaterismo aplicado al ocio. Guardiola y Zapatero, que empezaron de recogepelotas, comparten posmodernidad y reparten la alfalfa que demandan los borricos de Leviatán. Ante semejante Régimen, el Madrid de Mourinho se presenta como el único asidero contracultural: contra la Uefa, que, como Los Soprano, se cree (y se ve) por encima de la Justicia; contra la ruidajera mediática; contra la dictadura cultural que incluye el estilo de fútbol que te tiene que gustar... Para noches como esta, escribió Ruano: Hasta quienes no tenemos nada que ver con el fútbol, estamos insobornablemente reunidos con el Real Madrid. A MAHFUZ, CIEN AÑOS UN SEÑOR MUY RESPETABLE NAGUIB MAHFUZ Traducción de María Luisa Prieto Martínez Roca Barcelona, 2011 252 páginas, 19,50 euros combatió nunca frontalmente a los integristas, pero se encontraría, de forma muy profunda, herido por la escalada de intolerancia. Siempre involucrado en los problemas de su tiempo, no eludió la controversia. Hombre de paz, fue uno de los pocos intelectuales árabes que no dudó en respaldar los acuerdos de paz entre Egipto e Israel de 1976. Una posición que le valdría el boicot de numerosos países de la zona. Como muchos autores e intelectuales de pensamiento libre de ese mismo mundo, Mahfuz figuró de forma permanente en la lista de los condenados a muerte por los fundamentalistas islámicos. Cuando Jomeini lanzó la fatwa contra Rushdie tras la publicación de Los versos satánicos, dijo: Ninguna blasfemia daña tanto al Islam y a los musulmanes como una petición de asesinato contra un escritor En 1994, un integrista islámico de los Hermanos Musulmanes atentó contra su vida, asestándole una puñalada en el cuello cuando se dirigía a su tertulia semanal en un café de El Cairo. Sobrevivió, pero con graves secuelas y con la mano derecha paralizada, cosa que le impedía escribir más de unos pocos minutos al día. Una de sus mejores novelas, Un señor muy respetable (1975) que ahora se reedita, se inspira en uno de los temas predilectos de Mahfuz: la perdición de un personaje a causa de su obstinada y feroz fascinación por el poder y el cumplimiento de sus ambiciones. Como en esa otra obra espléndida que es El Cairo nuevo, Mahfuz escoge la figura de un brillante joven de origen humilde, un arribista que llega a funcionario, algo impensable en su barrio, donde todos trabajan en oficios manuales. Uzmán Bayyumi se traza desde el inicio de su carrera en el Ministerio un plan minucioso que le hará alcanzar la gloria deseada: ocupar el puesto, y el sillón, de director general, lo más parecido al poder que había que adorar en la Tierra. Profundamente religioso, Uzmán siente que es en la realización de sus aspiraciones, y no en la felicidad, en el amor, en los placeres mundanos o en los ecos callejeros de una revolución que desprecia, su único objetivo, sagrado y profano a la vez. MERCEDES MONMANY Puñalada en el cuello C on treinta y cuatro novelas a sus espaldas, unos trescientos cincuenta cuentos escritos, decenas de guiones cinematográficos firmados y cinco películas dirigidas a lo largo de una carrera de setenta años de actividad ininterrumpida, Naguib Mahfuz (Al- Gamaliyya, El Cairo, 1911- 2006) del que mañana se celebra el centenario, es uno de los mejores y más prolíficos autores del pasado siglo. Primer escritor árabe de todos los tiempos galardonado, en 1988, con el Nobel, y gran renovador de la prosa moderna, su carrera comenzó en 1939 con una primera novela situada en el Egipto de los faraones. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial pasó a otra serie de obras de tono más realista: El Cairo nuevo (1945) El callejón de los milagros (1947) y la magnífica trilogía (1956- 1957) compuesta por Entre dos palacios, Palacio del deseo y La azucarera, donde analizaba la evolución de una familia cairota en el periodo de entreguerras. Funcionario hasta su jubilación, en 1971, la fama y también el escándalo, ya que la obra fue prohibida por los ulemas religiosos, garantes de la ortodoxia islámica le llegó con Hijos de nuestro barrio (1959) Bajo la apariencia de un ingenuo relato sobre la historia de una barriada de El Cairo a finales del siglo XIX, planteaba, con el incisivo sentido crítico que siempre le caracterizó, el gran problema cotidiano, nunca resuelto, de la jerarquización social. Influido por el sufismo, la mística del Islam, Mahfuz no Y llegó el escándalo Aunque los personajes de Mahfuz (arriba) tienen nombre y apellido, el verdadero protagonista de sus libros es El Cairo (en la imagen superior)