Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Libros 10 LA VIDA SIN ROSE MI HERMANA VIVE SOBRE LA REPISA DE LA CHIMENEA ANNABEL PITCHER Traducción de Lola Díez Siruela. Madrid, 2011 236 páginas, 16,95 euros DOS DE LA TALLA XL ¿C ómo puede caber su hermana Rose en la urna que descansa sobre la repisa de la chimenea? se pregunta James. Porque allí vive Rose ahora; al menos, una parte de ella: Tres de sus dedos, su codo derecho y su rótula están enterrados en una tumba en Londres Curiosamente, nadie dice que Rose haya muerto: Mamá lo que dice es Se nos fue. La frase de papá es Está en un lugar mejor Del cuerpo de Rose quedaron diez trozos que sus padres se repartieron tras una discusión: Mamá puso los suyos en un bonito ataúd, bajo una bonita lápida que dice Mi ángel. Papá incineró una clavícula, dos costillas, un fragmento del cráneo y un dedo pequeño del pie, y puso las cenizas en una urna dorada Luego, papá se refugió en el alcohol y mamá en los brazos de un tipo del grupo de apoyo. murieron. Nadie sabía quién lo había hecho hasta que un grupo de musulmanes escribió en internet que lo habían hecho en el nombre de Alá, que es como los musulmanes llaman a Dios y rima con una cosa que yo decía un montón cuando tenía siete años y medio y quería ser mago. Voilà. Triple batalla LOS NOMBRES TALLO DE HIERRO Abandonados por su madre, Jamie y el resto de la familia su padre, su hermana Jas, gemela de Rose, y Roger, el gato se han trasladado a Ambleside. Atrás queda Londres. Van a Empezar Desde Cero, en un lugar donde, según el niño, hay poca gente. No, no es que haya poca gente: es que no hay musulmanes, le corrige su padre sonriendo con alivio. Cuando ocurrió lo de Rose James era muy pequeño. Por eso no guarda memoria de nada; por eso no llora. Hoy, a sus diez años, nos cuenta que Rose salió volando por los aires Más tarde descubrieron que había sido un atentado terrorista. Las bombas estaban escondidas en quince papeleras en varias partes de Londres Solo explotaron doce papeleras, pero eso fue suficiente para matar a sesenta y dos personas. Rose era la más joven de los que Papeleras de Londres Despegadamente, así habla Jamie. Como si las cosas no le afectaran o le hubieran sucedido a otro. Como si perder a una hermana en un atentado fuera lo más normal del mundo. Y el lector sabe que lo que viene a continuación es más terrible aún que lo anterior, porque Jamie es capaz de relatar las mayores ferocidades sin inmutarse: Rose iba en el asiento delantero. Papá hasta le puso el cinturón de seguridad a la urna pero se le olvidó decirme a mí que me pusiera el mío Despedirse del fantasma de Rose será una de las batallas que debe librar el niño aunque quizá esa sea la batalla de sus padres Otra, comprender qué es la muerte. Y por último o en primer lugar, quién sabe conjurar el odio, el rencor y los prejuicios que respira en casa. Ay, si su padre descubriese que Sunya, la compañera de pupitre de Jamie, es musulmana... Inspirándose en los atentados islamistas de 2005 en Londres, Annabel Pitcher ha escrito un libro que, a pesar de lo terrible de su historia, no cae en el ternurismo ni en el tremendismo. Su novela, por si fuera poco, logra dibujarnos en los labios una sonrisa de esas que se te cuelgan de las orejas como las hamacas de las palmeras Y uno cierra Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea conmovido y con ganas de abrazar a alguien. A Jamie, a ser posible. ANTONIO FONTANA DON DELILLO Traducción de Gian Castelli Gair Seix Baral. Barcelona, 2011 444 páginas, 19 euros WILLIAM KENNEDY Traducción y prólogo de Jordi Fibla Asteroide. Barcelona, 2011 284 páginas, 19,95 euros oca cosa encoje más rápido que la llamada Gran Novela Norteamericana. No hay temporada en que no aparezcan una, dos o veinte; pero, se sabe, por cada Gran Gatsby hay mucho Pequeño Gran Hombre. De ahí que resulte tan interesante como encomiable el rescate de Los nombres, de Don DeLillo (Nueva York, 1936) y Tallo de hierro, de William Kennedy (Albany, 1928) involucra a su Albany natal y a las familias Phelan y Quinn, ciclo que, por fortuna para sus seguidores, aún no ha cerrado. Y ambas tienen en su centro a dos grande héroes alucinatorios y perdidos que merecen ser reencontrados. En Los nombres, el analista de riesgo James Axton (profesión típicamente DeLillo) vaga, a finales de los años setenta, por las turbulencias del Mediterráneo y del Medio Oriente para descubrir, en una isla del Egeo, una suerte de conjura lingüística. Lo que Conjura lingüística resulta en algo así como el esLa primera de ellas, de 1982, labón perdido entre Graham resultó el punto de partida Greene y William Gibson con de una racha formidable un toque por situación geoque continuaría con Ruido gráfica y distorsiones mende fondo, Libra, Mao II y Sub- tales de El mago, de John mundo. La segunda, de 1983, Fowles. Una exótica especie fue la consagración con es- de thriller internacional donpaldarazo de Saul Bellow y de nada es lo que parece y se premios Pulitzer y National preanuncian las obsesiones Books Critics Circle de un del autor, que estallarían con autor no muy fuerza en Mao conocido en LOS NOMBRES II para postutonces pero ya DE DON DELILLO, lar al terrorista con tres exce- FUE EL PUNTO DE como nueva y lentes novelas PARTIDA DE UNA letal forma de a sus espaldas narrador fin de RACHA DE y metido a fonmilenio. NOVELAS do en un ciclo En Tallo de FORMIDABLES narrativo que hierro, el triun- P fal perdedor Francis Phelan arrastra los pies por las calles de aquella otra Depresión. Algo terrible hizo sin querer hacerlo más de veinte años atrás y ahora regresa al hogar, agrio hogar, en busca de redención o, al menos, de perdón. William Kennedy invoca aquí a Faulkner y anticipa a McCarthy; pero acaso lo más interesante desde joven estuvo relacionado profesional y sentimentalmente con lo latino: suya fue la firma en una excelente crónica en la que camina junto a García Márquez por las Ramblas de Barcelona sea su flirteo con Realismo mágico