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SÁBADO, 10 DE DICIEMBRE DE 2011 abc. es ABC cultural Los cambios en Cuba deberían ser más radicales Desde Cuba y sus contradicciones, Leonardo Padura construye su obra. El hombre que amaba a los perros sobre el asesinato de Trotski, supuso su consagración. Recién galardonado con el Premio Roger Caillois, regresa con una nueva novela Por Sergi Doria licía, tenía 36 años, soñaba con ser escritor y... cuando todavía quedaban remanentes visibles de lo que había sido el Barrio Chino de La Habana, que se fundó a finales del XIX. Por eso no es una evolución hacia el futuro del personaje sino un retorno al pasado. La evolución está, quizás, en la manera de escribir, pues la última versión está realizada con la experiencia de otras novelas con las cuales he seguido tratando de aprender algo que nunca se consigue: saber cómo se escribe una novela. Usted fue periodista antes que escritor. ¿Cómo se ejerce la profesión en un régimen de censura? Trabajé como periodista durante quince años, hasta 1995, pero nunca he dejado de serlo. Primero trabajé en una revista cultural, El Caimán Barbudo; luego en un vespertino, Juventud Rebelde; y finalmente, entre 1990 y 1995, fui jefe de Redacción de otra revista cultural, La Gaceta de Cuba. Desde entonces soy colaborador de la agencia de prensa IPS, tanto de su corresponsalía cubana como de su central, que radica en Roma... En esos quince años como periodista ligado a una publicación cubana tuve la suerte de no tener que hacer diarismo, no tener que escribir sobre la realidad social y política, sino sobre la cultural (donde siempre ha habido más espacios de expresión) En la época del vespertino (1984- 1990) hice un periodismo muy libre, de investigación histórica y de escritura muy literaria, que no tocaba ciertos temas que pudieran haber sido candentes. Eso me permitió escribir largos reportajes sobre personajes, lugares, acontecimientos más o menos históricos, y gozar de la libertad de la distancia respecto al presente. Tuve mucha suerte, la verdad, y no sé qué habría sido de mí si hubiera tenido que hacer lo que la mayoría de los periodistas, pues si hay un sector en Cuba donde poco o nada se ha progresado en cuanto a recuperación de espacios de expresión, ese es el periodismo. ¿Algún encontronazo? Es posible que sí, pero no era mi perfil, y en los periódicos se respetan los espacios. De todas maneras, en la década de los ochenta Cuba era un país donde existía un cierto bienestar y las cosas, con tropiezos, marcha- 05 e cumplen dos décadas de Pasado perfecto, el primer caso de Mario Conde, policía de la Cuba castrista que lee a hurtadillas 1984, de Orwell. Desde entonces, Leonardo Padura (La Habana, 1955) ha dado a la imprenta seis novelas de la serie; siete con La cola de la serpiente, que acaba de publicar Tusquets. El Conde disfruta del béisbol y del ron con limón. Cada vez menos policía y más cronista social, escudriña la agrietada revolución cubana y ha acompañado a su creador desde el final de la juventud hasta el principio de la tercera edad, a cuyos bordes me estoy asomando peligrosa e inexorablemente... La cola de la serpiente nace de una historia antigua... Es un meandro en la evolución de Conde y un caso singular: el fruto de tres reescrituras mediados y finales de los noventa y una más reciente que convirtieron un relato en noveleta y luego en novela corta. El Conde de este libro vuelve a 1989, cuando era po- S La serie policiaca protagonizada por Mario Conde, que echó a andar en 1991 con Pasado perfecto llega ahora a su séptimo título, La cola de la serpiente Sobre estas líneas, ambos títulos. A la izquierda, su autor, Leonardo Padura ban bastante bien... Pero desde que colaboro con IPS he tenido la posibilidad de escribir sobre lo que quiero, tanto en temas cercanos a la cultura como a la sociedad, y he tocado muchos asuntos espinosos, sin que hasta ahora, nunca, nadie me haya dicho nada (oficialmente hablando) pero también sin que mis comentarios se publiquen en ningún periódico cubano, pues no estoy en la línea editorial de ninguno de ellos. Hace un año que posee la nacionalidad española. ¿Produce recelos en su país? Es posible, pero que yo sepa, no. Cuba ha cambiado más de lo que se suele pensar... En cualquier caso, la ciudadanía española debe ser asumida como un honor, pues ha sido otorgada por el Consejo de Ministros como reconocimiento a mis méritos artísticos y mi relación intelectual con España. Que tenga la ciudadanía española, por lo demás, no cambia en esencia nada de lo que soy. Ya lo dije en su momento: seguiré siendo un mantillero mi barrio de nacimiento y residencia comedor de frijoles negros y fanático del béisbol. En La cola de la serpiente aparece la inmigración china. ¿Cómo se ha desarrollado la relación interétnica en Cuba? Cuba, salvo algún episodio aislado, siempre fue un país abierto a la emigración y muy amable con los recién llegados. En el siglo XX, cuando ya nos convertimos en república, fueron miles, seguramente millones, los emigrantes que llegaron a Cuba y se fueron integrando, según sus culturas y costumbres, al ajiaco que es la nacionalidad cubana. Por supuesto, siempre hubo también ciertas burlas hacia esos recién llegados, vinieran de donde viniesen, pero nunca de carácter agresivamente xenófobo. En el caso de los chinos, lo más peculiar fue su empecinada conservación de su cultura. Se trató de una migración económica, generalmente de hombres solos, con una cultura muy propia y fuerte, y su integración se produjo más por vía sanguínea que cultural. Pero, sobre todo, el chino emigrado a Cuba trató de reproducir ciertos códigos propios y pulularon las sociedades religiosas, culturales, regionales,