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La ópera y el fin del mundo El estreno español de Le Grand Macabre de Ligeti, en el Liceo de Barcelona y en versión de La Fura del Baus, es una de las grandes citas de la temporada operística Por Stefano Russomanno la sensación de avanzar al infinito aunque sea repitiendo de forma perpetua el mismo esquema. En Le Grand Macabre, Ligeti se mueve como entre escombros. Materiales tradicionales y vanguardistas se apiñan en una continua hibridación, dominados por un espíritu grotesco y encarnados por un virtuosismo feroz y sarcástico. El compositor da rienda suelta a un eclecticismo estilístico que alcanza su culminación en la Escena Tercera, suerte de alocado collage donde pueden escucharse en vertiginosa superposición una cita de la Heroica de Beethoven, un ragtime y un chachachá. Como ya ocurría en The Rake s Progress de Stravinsky, Le Grand Macabre es al mismo tiempo una ópera y un resumen de la historia del género. La Passacaglia conclusiva, por ejemplo, lanza un guiño a los grandes finales de las tragedias líricas de Lully y Rameau, y puede verse también como una parodia del fugato final del Falstaff verdiano. En su vertiente más macabra y burlona, Le Grand Macabre no hace sino llevar hasta las más extremas consecuencias el componente necrófilo que desde los orígenes ha caracterizado la ópera, con su interminable estela de muertes y asesinatos. Le Grand Macabre es en sí mismo una gran metáfora de la ópera contemporánea: ni viva ni muerta al igual que sus personajes pero siempre presente a pesar de todo. Hasta el fin del mundo. LIGETI LE GRAND MACABRE Dir. escénica: À. Ollé (La Fura del Baus) Dir. musical: M. Boder. Gran Teatro del Liceo. Barcelona. Del 19 de noviembre al 1 de diciembre SÁBADO, 19 DE NOVIEMBRE DE 2011 abc. es ABC cultural 33 DISCOS LISZT CANCIONES Diana Dam- rau, soprano. Helmuth Deutsch, piano. Virgin Classics (Emi) En su anterior recital dedicado a Richard Strauss, Damrau se había confirmado como una de las mejores intérpretes actuales del lied tanto por sus cualidades vocales como por su temperamento. Ahora, el Año Liszt propicia su encuentro discográfico con las canciones del músico húngaro, y los resultados son igual de notables. Liszt realiza en sus canciones una peculiar pero fascinante combinación entre tradición e innovación, consiguiendo en este apartado un tono original y a veces profético. Damrau domina todas las facetas de esta espléndida producción, con un lirismo que nunca deviene en sentimentalismo. Excelente también el acompañamiento de Helmuth Deutsch en un repertorio que exige mucho al pianista. S. R. HERRMANN MOBY DICK. SINFONIETTA Coro y Orq. Nacional Dane- sa. Dir. M. Schonwandt. Chandos (Harmonia Mundi) l fin del mundo siempre está a la vuelta de la esquina. Cuando en 1977 Ligeti terminaba de componer Le Grand Macabre, la gente vivía bajo la pesadilla del holocausto nuclear. Ahora, cuando Le Grand Macabre llega al Liceo de Barcelona, la economía amenaza con llevarse todo por delante y los más alarmistas ponen incluso fecha de caducidad a la civilización (21 de diciembre de 2012) Poco han cambiado las cosas en las últimas décadas. El morbo apocalíptico nos acompaña y cuida de nosotros: más de uno lo necesita para sentirse vivo. Así lo entiende Ligeti y así lo entendía ya en 1934 Michel de Ghelderode en su pieza teatral La Ballade du grand macabre, sobre la que el músico húngaro construye su ópera. En un país imaginario llamado Breughelland y en una época indefinida, los protagonistas de Le Grand Macabre se ven sorprendidos por la aparición de Nekrotzar, el ángel de la muerte, quien anuncia que a medianoche el mundo llegará a su fin. Entre festines de sexo y alcohol, se aproxima la hora fatal. Pero aquí el Ligeti amante de los bucles (Escher, Moebius) traiciona a Ghelderode. Los personajes regresan al ruinoso cementerio de la escena inicial en una condición de incertidumbre. ¿Han muerto? ¿Siguen vivos? Nadie sabe decirlo. El más allá se parece mucho al más acá que deberían haber abandonado. Tal vez la muerte represente la suprema mistificación y la verdadera existencia se asemeje a uno de esos cánones musicales que producen E A la izquierda y arriba, dos momentos de la impactante puesta en escena que La Fura del Baus ha creado para la ópera de Ligeti (sobre estas líneas) Componente necrófilo Estrenada por Barbirolli, la cantata Moby Dick (1938) es la primera gran obra de concierto compuesta por Bernard Herrmann antes de que su nombre saltara al mundo del cine merced a Ciudadano Kane. Schonwandt ha tomado buena nota de la primitiva grabación dirigida por el compositor a la Filarmónica de Londres (Unicorn, 1967, hoy inencontrable) de la que sólo le separan 28 segundos. Y aunque el impacto dramático de aquella sigue siendo irremplazable, ésta que ahora se edita es una excelente oportunidad para tomar contacto con la faceta no cinematográfica y no menos valiosa del gran músico neoyorquino. El añadido de la Sinfonietta (1936) cuya escritura tendrá ecos en Psicosis, es un atractivo más de este notable registro. J. M. VIANA AMERICAN MUSIC CUARTETOS DE REICH, BARBER Y CRUMB Cuarteto Diotima. Naïve (Diverdi) También el museo de la música va colocando en sus paredes las obras que el tiempo determina imprescindibles. A él acude el Cuarteto Diotima a la hora de publicar un catálogo representativo del sentir americano en el siglo XX. Las ausencias son de bulto (obviamente, el espacio es limitado) pero nadie dudará de que lo ofrecido es indiscutible: Steve Reich y Different trains; Samuel Barber y su Cuarteto op. 11 (con el popular Adagio George Crumb, electrizante, con Black Angels. Con todo, el objeto carecería de autoridad si no fuera revelado de manera tan precisa, sutil y perfilada como hace el Diotima. Cualquiera sabe lo importante que es tener un buen guía que explique los entresijos del arte. A. G. LAPUENTE STEPHEN CUMMISKEY